Corredores aéreos
Comics / Davodeau/Hermenier/Joub

Corredores aéreos

7 / 10
Joan S. Luna — 25-01-2021
Empresa — Ediciones La Cúpula

La mire desde el ángulo que la mire, Étienne Davodeau siempre tiene una mano diestra para reflejar la realidad que nos ha tocado vivir. En ocasiones se trata de una realidad muy francesa y muy social que no guarda necesariamente relación con su propia vida, como bien sabrá cualquier aficionado o aficionada a la obra del francés. Ahora bien, eso no significa que Davodeau vaya a desligarse emocionalmente de lo que nos está contando. Una vez dicho esto, el caso de “Corredores aéreos” sí tiene muchísimo que ver con la vida del autor y dibujante de “Ha muerto un hombre”. Porque el embrión de estas poco más de cien páginas está en un acontecimiento vivido en propias carnes. Y ese acontecimiento es tan terrenal y tan cotidiano como la fiesta de cincuenta aniversario de uno de sus amigos, una fiesta a la que acudieron también Christophe Hermenier y Joub (quien se encarga del color), ambos colaboradores en el guion de “Corredores aéreos”. A partir de ahí, Davodeau decidió crear con ellos un cómic en el que se desvelasen sus dudas personales, sus inquietudes al entrar en una edad tan complicada como la del protagonista, Yvan.

Yvan es, por tanto, una suerte de alter ego de Davodeau y sus dos amigos. Un hombre que aprenderá a entender a los demás y a si mismo. En apenas unos meses ha perdido su trabajo, a sus padres y prácticamente a su pareja (a causa de cuestiones laborales, que acaban intoxicándolo todo, claro está). Por todo ello, decide abandonar la gran ciudad y darse un tiempo en la casa rural de otros amigos. Allí aprenderá el verdadero significado de vivir. Nada es perfecto, nadie lo es, pero aprendemos a sacar lo mejor que llevamos dentro cuando el mundo nos aprieta sin ahogar.

Davodeau y sus compinches se lo harán pasar mal al protagonista, pero también le enseñarán a apreciar de nuevo la vida, a encontrarle un sentido a cada momento, a ser mejor amigo de sus amigos, a amar de modos distintos y sobre todo a aprender que está en nuestras manos y en nuestra mente transformar la decepción en fuerza motriz para volver a levantar cabeza. Más que nada porque no hay vuelta atrás y porque cada día feliz es un regalo.

De este modo, Davodeau, Hermenier y Joub personifican sus respectivas crisis de los cincuenta (especialmente la de Hermenier, cuyo caso es muy parecido al de Yvan) en un personaje que casi se diría de carne y hueso. Sin padres, sin mujer, con sus hijos fuera ya del nido, sin esperanzas, pero con esa capacidad tan humana de sobreponerse y seguir adelante. Para ello le envían a una casa lejos del mundanal ruido, rodeado de nieve, pero también cerca de buenos amigos. Unos amigos cuyas personalidades en el cómic son tanto o incluso más realistas que el propio Yvan.

En resumen, Davodeau, Hermenier y Joub crean juntos una historia simple, que resuelve dudas profundas sin buscar lágrimas fáciles, un cómic muy humano y sobre todo teñido de un realismo que le siente muy, pero que muy bien.

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