Aspirina
Comics / Joann Sfar

Aspirina

8 / 10
Octavio Botana — 24-02-2021
Empresa — Fulgencio Pimentel
Fotógrafo — Archivo

Pocos personajes femeninos del noveno arte derrochan más personalidad que la vampira adolescente Aspirina. Spin-off de dos entregas anteriores del genio galo Joann Sfar, “Vampir” y “L’Amour” (“Amor sin amor”) –en los que el vampiro Fernand vaga sin rumbo buscando su amor y su destino– “Aspirina” se centra exclusivamente en ella, la chupasangres endemoniadamente bella y maldita. Como bien decía Michel de Montaigne en sus célebres ensayos, aprender a morir es filosofar, o viceversa. Y no es otra cosa lo que hace Aspirina mientras alza su vuelo por las noches parisinas y sus misterios, filosofar por encima de sus posibilidades como cualquier adolescente comme il faut. Porque Aspirina tiene la edad malditísima de diecisiete años, pero de una manera más maldita que cualquiera de nosotros.

Ella tiene diecisiete años eternamente y desde hace tres siglos. ¿Imaginas eso? ¿Ese spleen prolongado en el tiempo, esa desazón, tristeza, cabreo y ciclotimia galopantes? Yo tampoco, pero Sfar sí, y de qué manera. “Aquí vamos a cantarlas claras”, suelta Aspirina a tres energúmenos que pretenden violarla sin saber que quien los va a violar y machacar y dejar en los huesos es ella. Porque Aspirina es así, dice lo que piensa y piensa lo que dice dado que ya lo ha visto todo demasiadas veces y su comportamiento es una reminiscencia platónica de lo que ya ejecutó ella misma tantas y tantas veces en el pasado. Por eso mismo anda cansada, hastiada, ávida de sangre nueva y nuevos retos, amigos o lo que surja.

Y en ese deambular errático aparece Yigdor –absurdo pero pertinente nombre– el eterno emo-kid enganchado a Warhammer y sus universos paralelos, para convertirse en el esclavo involuntario-necesario de Aspirina, en su escudero, en su Sancho Panza de banlieue. Sus destinos se cruzan para alegrarnos la existencia y avivar el fuego adolescente de ambos en su devenir de rol venido a menos que va a más, sobre todo cuando descubren unos anillos mágicos que proporcionan un poder inimaginable y transforman el físico de gordo-gótico-freak de Yigdor en un ser digno de sus jueguecitos de runas y dados raros. Aspi y Yigdor protagonizan un baño de sangre zalamero y muy slasher donde Josamicina, la hermana mayor de Aspi, también tiene cabida, pero hasta aquí podemos leer porque queremos que lo leas y lo goces cosa fina. Este material, smells like blood spirit inflamable, viene traducido por el inconmensurable Rubén Lardín (googleen y verán), quien ha soltado lastre y verborrea para acometer semejante maravilla de texto. Parece que Lardín haya chupado algo de sangre de Sfar y la haya mezclado con su imaginario, dotado de mil referencias y un humor que –Gila, Tono, Ibáñez, Gainsbourg y Chiquito mediante– ya quisieran muchos.

Si entendemos el vampirismo como el mito adolescente por antonomasia, he aquí un mito fabuloso y burbujeante presentado en una edición integral (se incluyen los dos volúmenes publicados entre 2018 y 2019, “Aspirine” y “Un vrai bain de sang”) bellísima, ligera como la brisa pero demoledora como el beso de la muerte. Aspirina ha de aspirar –ripio absolutamente voluntario, mea culpa– a dejar de ser un objeto de culto para fans de Sfar y dejarse ver en las estanterías de medio mundo como el cómic más irreverente, profundo, cachondo y hermoso de esta sangrienta y vírica década que termina o comienza. Tanto monta, monta tanto. Delicioso. ¡Slurp!

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