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Empecemos diciendo que Marcelo D’Salete es uno de los dibujantes de cómic más importantes de Brasil, pero nunca antes había leído ningún trabajo suyo. Que “Angola Janga” trata sobre un tiempo y unos acontecimientos que marcaron el futuro de los descendientes de los esclavos negros que llegaron a Brasil hace muchos siglos, pero que jamás había leído ninguna otra obra que se centrase en ello. Posiblemente por esos motivos, como lector, “Angola Janga” ha supuesto una sorpresa al margen de los premios que acumulase o de que D’Salete tenga incluso un Eisner en su poder.

El subtítulo de portada de “Angola Janga”, editada por la editorial Flow Press, cuyos responsables no dejan de arriesgar con sus primeros títulos publicados, reza “La historia real de los esclavos huidos y el reino que crearon en el Brasil del siglo XVI”. Esa frase explicativa lo resume todo, con rotundidad y concreción, pero para que podamos entender realmente lo que supuso aquello deberemos aventurarnos en las más de cuatrocientas páginas dibujadas y guionizadas por D’Salete. Tendremos que enfrentarnos a su dibujo rasposo y nos encontraremos con un amplio abanico de personajes que vienen y van, que sobreviven o mueren conforme van pasando las páginas, que luchan o huyen, que traicionan o se mantienen firmes en sus convicciones. Conoceremos a líderes tribales, a portugueses que les desprecian, a buscavidas interesados únicamente en si mismos, a racistas y a blancos que intentan echar una mano, a mujeres que son lo bastante independientes para no dar su brazo a torcer. Todos ellos giran alrededor de un momento y un lugar, Palmares, en el que los indígenas crearon una sociedad más allá de los conquistadores, los esclavistas y el gobierno colonial. Por el camino, nosotros descubrimos lo que aconteció y por qué se trata de uno de los momentos más recordados de la antigua historia de Brasil.

Marcelo D’Salete solamente falla a la hora de dotar de mayor personalidad propia a los diseños de sus personajes. En ocasiones, uno se siente algo perdido durante algunas viñetas intentando descubrir cuál de los personajes las está protagonizando, algo que supone un problema en una obra coral de las amplitud y de las ambiciones de este “Angola Janga”. Aunque también es de recibo apuntar que, una vez degustadas las páginas de la obra, a uno se le olvida fácilmente los contras y prefiere subrayar sus pros, que son bastantes.

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