Abrázame hasta que esta vida deje de dar puto asco
Comics / Juarma

Abrázame hasta que esta vida deje de dar puto asco

8 / 10
Raúl Julián — 15-07-2021
Empresa — Autsaider Cómics

¿Cuánta mala leche se puede concentrar en un tomo poco mayor que una baraja de cartas? Pues ciertamente mucha, tal y como demuestra Juan Manuel López, Juarma, en “Abrázame hasta que esta vida deje de dar puto asco “, un cómic compacto pero que, sin duda, cunde exponencialmente gracias a la inventiva desesperanzada de su autor. Unas preferencias que el autor maneja con incisivo humor negro y concreta en dibujos tan ásperos y afeados como coloridos y bastante más detallados de lo que un primer vistazo podría sugerir. Personajes llenos de tiritas y cicatrices (consecuencia de aquellas heridas coleccionadas en vida), con rostros desencajados y ojos inyectados en sangre que sugieren toda esa ira (liberada o a punto de hacer su aparición en escena) motivada por la misma existencia.

Cada viñeta (una por página) acoge sin tapujos y desde esa óptica hastiada, depresiva y malentonada pero también divertida, cínica y afilada, motivos tales como religión, redes sociales, tauromaquia, pandemia, violencia y puñaladas varias, capitalismo, insomnio, patriotismo en sus diferentes representaciones, depresión y, por supuesto, la tan ansiada muerte. Además de cameos de personajes con nombre propio como los de Puigdemont, Gloria Fuertes, Jay Reatard, Manzanita… o el gato de Los Suaves. Todo regado con ciertas pinceladas psicodelicas y animado por la afición al alcohol (esas infinitas botellas de J&B…) y las drogas de los lugareños. Protagonistas al límite, en definitiva (con esas gotas de sudor que sugieren la inminente explosión), debatidos entre egoísmo, furia, dejadez, egocentrismo y un romanticismo de lo más morboso. “Abrázame hasta que esta vida deje de dar puto asco” es, efectivamente, el azote de Mr. Wonderful (quien cuenta con su propia aparición), pero esta es, ante todo, una referencia de contenido inteligente y con frecuencia descacharrante.

Un retrato ácido, solazado y despojado de adornos acerca de una sociedad enferma que llevada al extremo agota física y mentalmente, en un aprieto agravado (en el caso de algunos personajes) por la crisis de la mediana edad. Un mundo quizás más realista de lo que nos gustaría reconocer, tras retratar costumbres malcaradas tirando de esa ironía asilvestrada y desgarradora derivada en un humor acidísimo, tan corrosivo y a la vez purificador como la misma lejía. Porque cada uno de los cromos presentados es un bofetón a mano abierta de filosofía urbana, sin cortar y en estado puro. Y es que, al final, el eslogan que adorna uno de los dibujos bien podría resumirlo todo: “Vivir es una putada, pero es gracioso”.

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