Pasaba Por Aquí
Cine - Series / Babak Anvari

Pasaba Por Aquí

6 / 10
Fran González — 17-09-2022
Empresa — Netflix
Fotógrafo — Cartel de la serie

Cuando el dicho de que “no todo es oro lo que reluce” se lleva a un extremo del todo angustioso y perturbador, es posible caer en lo predecible o en lo tópico. Pero incluso dentro de ese tipo de premisas tan básicas, podemos llegar a toparnos con suculentos relatos que nos atrapan a pesar de cualquier letra pequeña o pero. Es el caso de "Pasaba Por Aquí", el último trabajo del cineasta británico-iraní Babak Anvari para Netflix, donde en un intento por darle un cierto giro a lo Jordan Peele a su filmografía, decide aventurarse en un ejercicio narrativo repleto de denuncia racial, ataque a las élites y mucha tensión argumental.

Con un planteamiento a priori facilón (que permite, eso sí, una fácil conducción de su desarrollo), Anvari nos presenta la historia de dos jóvenes londinenses (Toby y Jay), convertidos en una suerte de libertadores del grafiti con donaires a lo Banksy, dispuestos a aleccionar a la alta cuna británica y a incordiar a la misma con su característica marca de agua sobre los muros de sus lujosas viviendas. Pero no por sencillo, el abordaje de la cinta se libra de tener sus impredecibles giros de guion, propios de cualquier thriller de bien que se precie, pues este juego de justicieros juveniles se tornará muy inquietante e imprudente cuando uno de los miembros de esta dupla de Robin Hoods abra la caja de los truenos y destape algo que nadie en su sano juicio querría descubrir.

"Pasaba Por Aquí" es también la excusa perfecta de muchos nostálgicos para reencontrarse con Kelly MacDonald (¿quién no se enamoró de ella en Trainspotting?), metida en esta ocasión en la piel de una psicóloga y madre soltera, sobrepasada por la vida y que paulatinamente comenzará a entender mejor a su hijo post-adolescente a partir del trabajo que desarrolla con uno de sus pacientes, logrando con ello que poco a poco su peso en la trama gane en relevancia y carácter y alcance así su versión final en formato “madre coraje”. Pero si alguien salva los muebles desde el punto de vista actoral es sin duda el legendario Hugh Bonneville, encarnando a un hombre del saco contemporáneo, con mucho poder del que hacer abuso y entregando un rol vomitivo y despiadado que sale de mil atolladeros gracias a sabérselas todas y conocer la justicia de buena mano (aunque sea incapaz de disimular su verdadera esencia, airada y espeluznante, en un relato macabro al ritmo del segundo acto de El Cascanueces).

Si hablamos de la música que enmarca este turbio y sombrío relato, la genial mano de Isobel Waller-Bridge (en efecto, la hermana de la buena de Phoebe), tomará partido de forma especial en las secuencias más agitadas del film- a excepción del impecable uso del “Everybody Wants To Rule The World” de Tears For Fears-. Por su parte, Anvari comete el ligero desliz de querer abrir demasiados melones en muy poco tiempo - el trato de la salud mental, la precariedad laboral juvenil, las presiones paternas sobre el devenir de los hijos, las crisis migratorias, o el tráfico de influencias- quedándose muchos de ellos finalmente como simples pinceladas en el contexto general de la historia. Respetable intento, sin embargo, por abrirse hueco dentro de esta ávida colección de cintas que en los últimos años hacen su correspondiente papel como toque de atención pertinente a la conciencia del sistema.

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