Los europeos
Cine - Series / Víctor García León

Los europeos

7 / 10
Rubén Romero Santos — 29-08-2020
Empresa — Orange TV
Fotógrafo — Archivo

“La cosa es bien sencilla: o Moriles o Montilla”. Esta es la disyuntiva vinícola que le plantea el frívolo pijazo Juan Diego Botto al baturro Raúl Arévalo en “Los europeos”. De elecciones va esta película, adaptación de la novela de Rafael Azcona, cuya carrera como novelista ha sido claramente infravalorada ante los méritos de su labor como guionista de Marco Ferreri o Luis García Berlanga. Víctor García León ha demostrado de sobras su pericia en plasmar las dificultades de las relaciones personales (“Vete de mí”, 07) y la sátira política (“Selfie”, 17), los dos vértices sobre los que giraba la obra de Azcona, retrato de un verano ibicenco en la España franquista. Aquí, el director y sus guionistas (Marta Castillo y Bernardo Sánchez), optan por la primera opción. La película es, por encima de todo, la dolorosa crónica de un primer amor. Tratada con un punto de nostalgia que recuerda más al Jaime Chávarri de “Besos para todos” y “Las bicicletas son para el verano” que a los gamberros Ferreri y Berlanga, la adaptación toma carácter de relato iniciático.

Es la lectura de sus creadores y como tal debe ser respetada y, en este caso, alabada, pues ya sabemos que hay tantas lecturas como lectores y en el caso de García León sale de su apuesta con soltura y elegancia. Muy estimables son, por ejemplo, los planos de interiores en los que se refleja la tensión emocional de la pareja formada por Miguel y su novia francesa, Odette. A un servidor, sin embargo, hasta dónde le alcanza la memoria de lecturas pretéritas, lo que más le agradó de la novela fue, precisamente, su habilidad para convertir a los personajes en productos de un opresivo contexto histórico. Si García León convierte a Antonio y Miguel en dos tipos desagradables y mezquinos, la novela los presentaba como dos pardillos de tomo y lomo. De alguna manera, trazaba una analogía entre esos españolitos que creían que por ir a Ibiza a ligotear eran modernos y un país que convencido de que por ver a ¡las suecas! en la playa ya era una democracia europea. Antonio y Miguel eran unos párvulos en el amor igual que los españoles eran unos niños en la política, y por eso su ingenuidad les hacía acabar como acababan: eran un símbolo de aquello que no se podía decir so pena de acabar censurado (o censurado y en la cárcel). Víctor García León, lo sabe, y no rehuye la crítica política, pero su película escora claramente hacia la historia de amor. Hay mucho colorido, mucho color pastel y menos recovecos lúgubres de ese periodo en blanco y negro de los que retrataba Azcona. Ha elegido entre Montilla y Moriles y dirá que es de sabios y buenos enólogos no mezclar bebidas.

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