“El agente secreto” de Kleber Mendonça Filho, el excelente director brasileño al que muchos conocimos por “Bacurau”, una de las películas más impactantes que han pasado en los últimos años por el Festival de Sitges, se ha convertido, sin lugar a dudas, en una de las favoritas de la crítica internacional de los últimos meses. Y en la competencia directa, para los próximos Oscars, de “Un simple accidente”, “Valor sentimental” o “Sirāt”. Asimismo, ha terminado de consagrar, si aún era necesario, a su protagonista, un maravilloso Wagner Moura, el camaleónico actor que fue Pablo Escobar en “Narcos”, un aguerrido oficial de las fuerzas especiales de la policía de Río en la bilogía “Tropa de élite” o un fotoperiodista en “Civil War” de Alex Garland.
Nos encontramos en los años 70, cuando Brasil llevaba ya más de una década bajo una dictadura militar. De hecho, salvando el color local y los escenarios, la trama sería fácil de adaptar a la España de los últimos años del Franquismo. Un hombre solo se dirige a la ciudad de Recife, al norte del país. Se hace llamar Marcelo. Muy pronto averiguamos que se trata de un fugitivo, de alguien que se oculta bajo una identidad falsa. No es, sin embargo, ni un activista ni un disidente, y ni mucho menos un espía, como parece desvelar su título: se trata sólo de un hombre común que ha cometido el error de ser justo y honrado cuando tuvo que hacer frente a los poderosos. Está allí para hacerse cargo de su hijo, un niño con el que quiere escapar al extranjero. Poco a poco, sabremos por qué huye y de quién huye. La ciudad que le recibe se encuentra sumergida en las festividades del Carnaval, pero ni siquiera esa ocasión, tan importante en la cultura brasileña, oculta la presencia de una policía represiva y archicorrupta.
Durante su estancia en la ciudad, suceden algunas cosas extrañas. Por ejemplo, se localiza una pierna humana cercenada dentro del estómago de un tiburón. Este hecho coincide con el estreno en Brasil de la película sobre un escualo letal de Spielberg, que obsesiona al hijo de Marcelo, aunque aún no tiene edad para verla. Conoce a personajes un tanto pintorescos, como un refugiado judío que llegó a Brasil tras la Segunda Guerra Mundial al que interpreta el gran Udo Kier, en el que tal vez fue su último papel en la gran pantalla, o a los miembros de un pequeño círculo de la resistencia frente a la dictadura. Y mientras que esto ocurre, sin que Marcelo lo sepa, un par de sicarios arriban a Recife con la intención de matarlo. Todo esto se nos narra con una estructura muy libre y audaz, que no teme a confundir en ocasiones al espectador con sus saltos en el tiempo; y con un ritmo pausado, en el que el cineasta deja espacio y minutos a varias subtramas paralelas. Nos hallamos ante una cinta que no resulta demasiado apta para espectadores impacientes, pero que compensa a los que se dejan atrapar por ella. Kleber Mendonça Filho demuestra, como ya lo hizo en “Bacurau”, que estaba llena de homenajes a John Carpenter, que es un apasionado cinéfilo, y en este caso, además de, obviamente, a Spielberg, hace guiños a Brian de Palma o Tarantino.
Pero si hay una película a la que, salvando las distancias, nos recuerda “El agente secreto” es a “Érase una vez en América”, la obra maestra de Sergio Leone. Como en aquella, el marco de thriller, la majestuosa fotografía y la estupenda banda sonora de música de la época, están al servicio de una reflexión sobre la memoria. Y también, como en la épica gangsteril de Leone, tiene la capacidad de pasar de un realismo cruel y punzante a momentos oníricos o de pura fantasía. De hecho, merecería con creces haberse titulado: “Érase una vez en Brasil”.

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