Repasamos el clásico olvidado de Pulp "We Love Life" en su 20º aniversario
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Repasamos el clásico olvidado de Pulp "We Love Life" en su 20º aniversario

Marcos Gendre — 27-10-2021
Empresa — Island / Universal
Fotógrafo — Archivo

Tras la defunción del britpop, orquestada por la publicación de This Is Hardcore (1998), el fallecimiento de Lady Di, la princesa del pueblo, y la tristeza implícita en ese testamento Generación x que fue el OK Computer (1997) de Radiohead, Pulp decidieron dar un giro de ciento ochenta grados y postularse en un elegante retiro campestre, más espiritual y ambicioso de lo que puede parecer a primera vista.

El resultado fue el infravalorado We Love Life, un trabajo conceptual, en lo musical y narrativo, que, desde la prensa y la mayor parte de sus seguidores, fue enfocado desde una equivocada reconversión “adulta” de Cocker y sus drugos de los convencionalismos pop.

Pero pongámonos en antecedentes, tras haber sufrido el desplome en ventas del sublime y oscuro This Is Hardcore (1998), Pulp se encontraron con la posibilidad de lanzarse a la aventura de trabajar sin presión. En este sentido, el peligro se cernía como una sombra acomodaticia, que los podría haber convertido en petulantes losers de monólogo humorístico, como Luke Haines. Sin embargo, el alma populista de Jarvis Cocker inflamó otras inquietudes en su caldo de las ideas. El autor de “Common People”, himno nacional pop del pueblo, necesitaba renovados cauces de expresión que comenzaron desde la misma elección del productor encargado de guiarles hacia una nueva versión de sí mismos. Y ese no fue otro que el crooner pop más intenso que se recuerda, el gran Scott Walker.

Bad cover version

La simbiosis del grupo con Walker se adivina total y absoluta, a lo largo de todo el disco. En todo momento, se palpa la huella del genio de Ohio. Las canciones adquieren una dimensión melódica astral, donde la batería suena más elegíaca que nunca, siempre guiando desde el eje rítmico del medio tiempo, con el resto de pistas emergiendo a su alrededor como un árbol inmenso, de copa alta y lustrosa.

“Este disco trata de cosas fundamentales. De alguna manera, supongo que es bastante infantil".

Si en “Different Class”, el apoyo externo corrió a cargo de Chris Thomas, productor en discos de Beatles, Elton John o Badfinger, ahora las pretensiones sonoras evidenciaban un giro drástico, con la presencia de un Walker que representaba la otra cara de la alquimia fascinante entre esplendor pop en cinemascope y desorbitantes resultados comerciales, además de, en cierto modo, exudar el aura loser que, quiera o no, siempre anidó en la personalidad de un Cocker que nunca supo, ni quiso, embutirse en el frac de la aceptación masiva del pop star. En este sentido, Cocker y Walker estaban condenados a entenderse.

Tal como comentaba el propio líder de Pulp a Crud Magazine unos días antes de la publicación del álbum: “Scott nos hizo sentir realmente cómodos”. En esta misma entrevista, Jarvis habla del momento en el que le explicó a Walker el ADN de “Bad Cover Version”, uno de los singles extraídos del álbum, inspirado por la segunda cara de “Til The Band Comes In” (1970), sexto LP en estudio de Walker, cuya segunda cara, de versiones, está en las antípodas artísticas de la primera. O, al menos, esa era la percepción de Cocker: “La escribimos antes de ir con Scott, y temía decírselo. Así que al final entré y se lo solté, y él se rio. Lo que pasa con ese álbum es que la primera cara es realmente buena, pero la segunda cara son solo versiones y, en todo momento, te estás imaginando que vas a escuchar el sonido de una toalla al tirarla al suelo”'.

De pop barroco y vanguardista

De las guitarras semi acústicas estilo Felt al barroquismo inducido por Walker, pasando por las reminiscencias a la melancolía pastoral de Wyatt y la poesía de fregadero del bardo punk John Cooper Clarke, los engranajes sonoros de “We Love Life” reforestan los contornos lluviosos de un jardín sonoro british empañado de evocaciones instrumentales que buscan su genoma en los bosques de la memoria adulta. Infancia y vejez encadenados en un único sentimiento de reposo desde una posición reflexiva, ajena a la endorfina pop que tantos otros grupos han condicionado desde una aburrida perspectiva de madurez apática, como los siempre sobrevalorados The National, por ejemplo.

Dicha amalgama de sensaciones transita por una guía instrumental donde pop progresivo, kosmische alemana y funk barroco van fluyendo entre los ríos de spoken-word armados en la crepuscular “Wickerman”, pero también desde la tracción kraut, dibujada en el ostinato acuoso que guía las pulsaciones de “Weeds II (The Origin of the Species)". Dicho binomio conforma el corazón conceptual de un álbum donde su exuberante primer single, “The Trees”, abre claros nublosos a través de sus solemnes cuerdas de fragor otoñal.

Del pálpito byrd que rige las pulsacione de “Birds in your Garden” a “Roadkill”, el disco se abre en un tercio final más reconocible, plagado de estribillos gloriosos, gestados a partir de muelles épicos con curvatura dramática. En este póquer de canciones insuperable, la fogosa nebulosa lírica alcanzada en “Bob Lind (The Only Way Is Down)” solo es superada por la atmósfera, prácticamente, navideña con la que trazan las líneas maestras de “Bad Cover Version”, avivadas en un estribillo in crescendo ondeante, sublime, de condición absolutamente walkeriana, y que no tiene nada que envidiar a los precipicios mercuriales que Walker edificó en “Scott 3” (1969), su cúspide barroca.

De todos modos, tampoco nos engañemos, en ningún momento Pulp intenta recrear la epatante densidad orquestal de los discos de Walker. Eso sí, tal como queda reflejado en virguerías como “Wickerman”, Cocker ha ampliado los niveles de ambición para igualar el alcance armónico del visionario productor estadounidense.

Outsiders de chaqué

Semejante traje instrumental sirve para para amoldarse al cambio de rol narrativo formalizado en un trabajo donde, a diferencia de su diálogo directo con los outsiders del mundo, pregonado en “Different Class”, ahora se presentan como esos mismos inadaptados, juzgados por el entorno que contempló su incapacidad de integración en la flor y nata de la realeza pop.

Desde esta nueva posición, nada más arrancar el LP, sacan a flote “Weeds”, reescritura de “Mis-Shapes”, que ejemplifica la transformación instrumental y metafórica por medio de una canción en la que, tal como definía el periodista Simon Reynolds en su análisis de “We Love Life”: “Reemplazando el tropo de la primera canción (“inadaptados como las galletas rotas rechazadas en la fábrica”) con esas plantas renegadas que todos los jardineros temen, Cocker usa la idea de las malas hierbas para simbolizar a la clase baja, ese enemigo dentro de la verde y agradable tierra de Albion. Colocada sobre unas guitarras majestuosas que recuerdan levemente al “Kashmir” de Led Zeppelin, la canción presagia vagamente algún tipo de venganza para este proletariado vegetal”.

Plantas de interior 

Resulta altamente estimulante la reconversión de Pulp en plantas de interior del circo pop, parte de un decorado que contemplan desde la distancia estática y de velocidades del reino vegetal, al cual parecen emular en la dimensión en slow-motion con la que observan y paladean cada matiz o detalle instrumental y lírico de este LP. Perversión desde el recogimiento, que, desde el primer momento, chocó con la ansiedad populista y periodística por reencontrarse con los Pulp glamurosos, directos y excitantes de “Different Class”. Sin embargo, lo que nos sirvió Cocker fue una ración majestuosa de decadencia crepuscular, lo que él mismo explicaba para Crud Magazine: “Este disco trata de cosas fundamentales. De alguna manera, supongo que es bastante infantil. Nos despojamos de todas las cosas y al final nos quedamos con la tierra desnuda, los árboles y la naturaleza. ‘'This Is Hardcore’ fue un disco sobre la desilusión. La desilusión puede ser algo bueno, porque si has crecido aspirando a ser un mito del rock and roll y luego llegas a este lugar, también puedes decidir que, después de todo, tal vez no sea un lugar tan bueno. Como niveles de salas VIP en una fiesta, donde terminas atrapado en una habitación con cinco ego-maníacos. Así que el disco se convirtió en una purga necesaria. Fue como estar en un túnel largo y oscuro, y al final tuvimos que hacer algo bastante desagradable. Pero esta vez decidimos cavar hacia la luz. No puedes cambiar el pasado, así que tienes que encontrar un camino o dejar que no se envenene el futuro”.

Trabajo crepuscular y barroco. El más atemporal de todos los suyos, “We Love Life” muere con “Sunrise”, amanecer a la orilla del mar que funciona como cierre milimétrico a la progresiva metamorfosis de un grupo que, de “His N’ Hers” (1994) a “We Love Life”, gestó una tetralogía mutante, imponente en su capacidad de jugar con ingredientes glam, contornos neopsicodélicos, espíritu kraut, spoken-word de alta costura y toda clase de herramientas estilísticas, siempre cosidas dentro de un enfoque mayor, en pos de la construcción súper pop, excelsa en estribillos y en su concepción antitética con la oscura e irónica mirada del bípedus british, analizado desde el humor negrísimo de “His N’ Hers”, hasta su progresiva transformación taciturna y distante de quien se ha retirado a un mundo menos contaminado, construido desde la placidez de un cuadro de sentimientos coloreados desde la penumbra del estrellato.

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