Poder ver compartir escenario a dos de las bandas más británicas más personales, fascinantes y esquivas de los últimos años y hacerlo además al lado de casa es algo que no hubiéramos imaginado ni en el más disparatado de nuestros sueños. Si a eso le unes dos bandas locales no menos personales, esquivas y fascinantes y lo rematas con una auténtica leyenda de la improvisación y la experimentación sonora el tema toma visos de auténtico delirio. Pero es cierto y real, y va a suceder aquí al lado, en Galdakao, en la III edición del Kaiola Fest que se celebra este Sábado, 26 de Mayo con Volcano The Bear, Vibracathedral Orchestra, Borrokan, InorenEroNi y Otomo Yoshihide/Chris Pitsiokos… ¡casi nada!

Hablamos con Aritza Landaluze, organizador del fantástico evento, para que nos cuente qué tipo de conjunción astral ha hecho esto posible..
Aritza: El proceso realmente puede parecer complicado, pero cerrar a los grupos para que vengan a tocar no lo ha sido tanto. Todo tiene su trabajo pero no ha sido una locura, aunque sean grupos underground o que no estén en escenas de ningún tipo. En este caso fue plantearles la idea y les gustó a todos. Ninguno de ellos sabía con quién más venía a tocar, así que eso en este caso no ha influido para nada. Son gente humilde y buscan otras cosas.

Mondo Sonoro: Este tipo de propuestas no son muy habituales en nuestro entorno y entiendo que Kaiola trata de cubrir ese hueco pero, en cualquier caso ¿Quién está detrás de Kaiola? ¿De dónde surge y cuál es la verdadera razón que pone en marcha este festival hace dos años?
A: En lo que respecta al concepto artístico y demás me encargo yo mismo desde que comenzamos hace 2 años. Luego intercambio ideas y puntos de vista con Ainhoa Agirregoikoa que es la concejala de cultura. Antes vivía del fútbol, pero siempre he tenido una gran inquietud por la música gracias a mi tío. Cuando jugaba también organizaba conciertos cuando podía o me interesaba algún grupo. Eran otras épocas, no existían redes sociales, solo emails y el intercambio de cartas escritas a bolígrafo bic.
La idea la tenía en la cabeza desde hace mucho tiempo. Siempre he querido organizar un festival de música diferente y le pasé un boceto a Ainhoa. Le gustó el proyecto, empezamos a trabajar juntos y hasta hoy.

MS: En una reciente entrevista insistías en la idea de que el festival ofrece “algo más” que el simple hecho de presentar una serie de bandas en directo. Hay una intención de intercambio cultural, de compartir experiencias y conocimientos que me parece sumamente interesante. ¿Cómo se desarrolla este aspecto? Entiendo que es algo que además se hace ver a los artistas antes de asistir y es parte del “atractivo” del mismo. ¿Lo ves así?
A: Queremos dejar de mirar tanto a nuestro ombligo para ver el montón de músicos increíbles que hay por el mundo. Intercambiar unos días experiencias con ellos y contarles cosas de nuestra cultura, idioma, gastronomía y demás, me parece algo muy interesante. Encuentro genial poder intercambiar opiniones de tradiciones o de cosas de las que podamos hablar.
Los artistas llegan con la idea que vienen a un sitio diferente que no conocen y se sienten atraídos por el gran misterio que rodea a todo ello.

MS: Por otro lado, y dentro de ese mimo que mostráis para elaborar vuestra propuesta a todos los niveles (visual, musical y diría que filosófico) las condiciones técnicas y de entorno en el que se desarrollan los conciertos son de gran importancia. Entiendo que buscáis la manera de ofrecer una experiencia única tanto a público como a artistas ¿Lo definirías así? ¿Cuál es en todo caso el feedback que habéis recibido en ediciones anteriores?
A: Tratamos de darle al músico todo lo que necesita en la medida de nuestras posibilidades para que se sienta cómodo al tocar. Intentamos que traigan todos sus propios equipos, aunque a veces es complicado porque no se pueden facturar cosas de gran peso en los vuelos. La Kultur Etxea tiene una acústica genial, tenemos un equipo de sonido profesional y potente. Queremos que los conciertos suenen como los músicos desean y a la vez crear un entorno sonoro que les conecte fuera de su zona de confort. Nos gusta que sea todo intenso, que tenga un punto visual y físico sin llegar a límites dañinos para la salud, pero que todo suene lo mejor posible. El año pasado recibimos un feedback muy positivo por parte del público asistente. Vino mucha gente de Gipuzkoa, Iparralde, Gasteiz, Bilbo y eso se agradece una pasada. Lo cierto es que nos gustaría que viniese mas gente de Galdakao y en eso seguimos trabajando.
Asi que estamos encantados con la gente que viene, aunque a lo mejor nuestro público no está realmente aquí, todo puede ser. Volviendo al año pasado y hablando del sonido y feedback con la gente, recuerdo como todos esperaban con ansiedad a que tocasen Akauzazte, que fueron los últimos. Fue como un akelarre, no solo porque ellos sonaban como lo hacen siempre, sino porque la gente estaba en un absoluto trance. El público salía después del concierto con las caras exhaustas y eso ya te dice todo.

MS: En aquella misma entrevista, comentabas también que pese a que hay una serie de artistas con un largo recorrido en este campo, no existe realmente una escena ni una tradición de música experimental en Euskadi. A decir verdad, salvo pequeñas excepciones (se me ocurren ERTZ, artoartian, audiolab, larraskito, el MEM… hay cosas, pero muy minoritarias y dispersas realmente) estoy totalmente de acuerdo. Pero, ¿crees que es posible construirla a partir de festivales como Kaiola? Y si es así, ¿ves otras iniciativas afines con las que colaborar?
A: Sí que hay artistas con un largo recorrido, y Akauzazte son un gran ejemplo de ello, pero no hay muchos como ellos. Son únicos y están aquí al lado, eso es lo más.
De todas formas no lo sé. No es algo en lo que haya pensado. No nos interesa ir de nada, no estamos ofreciendo nada nuevo, este tipo de músicas se hacían hace 50 ó 60 años. Solo intentamos dar nuestro humilde punto de vista sobre ellas y hacer nuestro cocktail sonoro. No creemos mucho en las escenas y menos en el postureo. Buscamos ir al grano y eso lo tenemos muy claro. No nos gustan las cosas enlatadas y por ahora estamos centrados en seguir construyendo nuestro propio camino.

MS: Hablas con admiración de la escena de Gaztetxes de los años 80 y de la imposibilidad de reproducir aquella ética y actitud, y sobre todo (diría yo) aquella repercusión, en nuestros tiempos. En esto también estoy de acuerdo, es cierto que la música no tiene la trascendencia que tenía en aquellos tiempos y que incluso las propuestas más extremas acaban fagocitadas por la industria y por esta “ultra-comercialización” de la cultura para convertirla en mero entretenimiento que sufrimos. Esto realmente da para una tesis doctoral y no es este el foro para profundizar tanto, obviamente, pero creo que pueden existir alternativas para hacer las cosas “de otra manera”. ¿Hasta qué punto es Kaiola una reacción ante esa comercialización y una manera de plantear una alternativa? ¿Es algo que has tenido en mente al idear el festival?
A: En aquella época, aunque me pillo muy joven, todo era mas auténtico. Todo tenía un sentido y una personalidad, no existían tantas barreras estéticas a la hora de crear. La gente, pese a tener pocas nociones técnicas, hacía discos con una rabia y un amor increíble por la música. Los grupos se movían mucho para publicar sus maquetas en cinta y poder a llegar a publicar un vinilo que era algo como sagrado. El CD ni siquiera existía, la gente llamaba desde las cabinas telefónicas, se carteaban entre grupos, gaztetxes, squats, fanzines y lo que fuese y la verdad que lo admiro profundamente. Aquella gente, de la que mucha desgraciadamente se quedó por el camino, no es consciente de lo que creó. Fue una gran patada al sistema establecido. Un órdago a todo. Lo veo como muy nihilista y a veces realmente sí que me identifico con todo aquello. Ahora todo es muy artificial, la gente te mira raro si no tienes spotify o estás en todas las redes sociales posibles.
De todas formas volviendo a lo de antes un festival en los 80 era una fiesta loca con un equipo de sonido que sonaba a sótano húmedo y 4 grupos que tocaban por unas cervezas.

MS: Centrándonos en el cartel de este año y en los músicos en concreto, cuál dirías que es el rasgo particular en cada caso que les lleva a ser parte del cartel? Existe un criterio de elección o es tu gusto personal? Quizá pueda definirse también como un rasgo común en todos ellos y que comparten con la visión y la filosofía del Festival?
A: Sí, algo en común tienen que tener para que entren dentro de nuestra propuesta. Cada grupo realmente es un mundo. Por ejemplo, hablando de Borrokan e Inoren ero Ni les he visto tocar juntos y hacen un binomio increíble en directo. Tienen una personalidad muy marcada, son muy especiales y conseguir eso es increíble.
Respecto a Vibracathedral Orchestra y Volcano The Bear, ambos provienen del Reino Unido y son grupos muy particulares, con una trayectoria muy larga y con una discografía muy extensa. Sus directos son realmente excitantes en muchos sentidos. Volcano The Bear, a veces parece que están en medio de una performance a la vez que tocan, es todo muy curioso. Vibracathedral en cambio, se concentran en una pieza larga que va fluyendo por distintos caminos hasta llegar a una especie de celebración ritual entre todo ese montón de aparatos, instrumentos y percusiones. Me contaron una anécdota: En uno de sus conciertos, creo que fue en Brighton a finales de los 90, estaba en una esquina viéndoles Mark E. Smith, líder de The Fall recientemente fallecido. Resulta que era fan de la música de ambos grupos. Todos ellos admiran mucho a The Fall y les sorprendió gratamente ver lo humilde que era Mark.
Para acabar ¿qué puedo decir de Otomo Yoshihide? Llevo muchos años escuchando sus discos y siguiendo sus proyectos, aunque no es nada fácil. Es uno de los músicos más importantes que ha salido de la escena underground Japonesa. Es admirable que a su edad siga tocando como si tuviese 20 años. En el festival utilizará los platos y la guitarra, será salvaje verle cómo va construyendo sonidos desde la deformación de los vinilos. Chris es muy joven, no tiene ni 30 años y toca el saxo de una forma muy radical así que el concierto será toda una experiencia. En general creo que hay un buen equilibrio entre las propuestas. A ver qué tal sale todo…

MS: De todas formas, sospecho que en el fondo promovéis la sorpresa, y tratáis de dar ese aire de acontecimiento impredecible en el que hay que estar atento y preparado para cualquier cosa. ¿lo ves así tú también?
A: Estoy seguro que todas las actuaciones serán intensas porque los grupos lo son. Son gente que transmite y eso ya es muy importante. Lógicamente sé cosas que van a pasar o utilizar que nadie espera ver. En cuanto a si habrá alguna sorpresa, podría decir que en Kaiola siempre pasa algo curioso. El mismo día de la actuación puede cambiar algo. Así que no podemos decir mucho más porque para nosotros también será inesperado, como para el resto el publico. Esperamos que la gente se sienta a gusto y exista un feedback con los grupos.

MS: Y de cara a futuro, ¿continuaréis como evento anual? O hay idea de aumentar la frecuencia? ¿Otr@s artist@s que tengáis en mente para futuras ediciones?
A: La idea es seguir con el festival anual, cosa que requiere su tiempo. El año pasado organizamos una exposición de artistas locales y vinieron a tocar 2 músicos alemanes. La respuesta fue muy buena. Hay ideas para hacer cosas distintas pero ya veremos con el tiempo.
Claro que hay muchos artistas en mente para el futuro. Con algunos ya está hablado para que toquen el año que viene, pero luego pueden surgir imprevistos.
Hay mucha gente haciendo cosas increíbles. Empezamos trabajando con una gran lista y luego hay que ir reduciéndola. Sería un sueño poder alargar algún día el festival a 2-3 días de duración como otros que se celebran en el extranjero y tener una actividad más potente. Todo llegará.