Los más Extraños, los más Raros…
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Los más Extraños, los más Raros…

Javier Corral "Jerry" — 27-01-2021
Fotógrafo — Archivo (Aphonnic)

Hay que atravesar varias estaciones por los túneles del tiempo y trasladarse a la segunda mitad de la agitada y variable década de los 80 para situar la historia y trayectoria de los Extraños/Los Raros (1985-1989).

El rock apenas suma tres décadas de biografía, bastante bien delimitada hasta entonces por lustros, donde por un lado se evoluciona hacia nuevas formas y sonidos, mientras a la par se asienta un sentimiento por recuparar las (aún no tan) viejas esencias. Asoma la cabecita del noise y su paradòjica revolución silente (si nos atenemos a su repercusión y trascendencia artística posterior), quizá porque la atronadora fractura del punk aún resultaba demasiado categórica y cercana, pero a la vez subyace una sensibilidad pujante de retorno a sus propiedades primitivas, que de la misma forma le acercaban a las resonancias del garage, el proto punk, el rythm’n’blues o la primera psicodelia. Es una época muy atractiva (hay alguna que no lo sea para sus mentores?) que pilló a casi todos los popes clásicos con el pie cambiado, mientras por otro lado el rock de estadio, el éxito de las efeemés, y los festivales benéficos tipo Live Aid otorgaban al rock una exposición mediática tan grandilocuente como adulterada, tan amañada como impostora y que, por desgracia, alimenta el dictamen mainstream que perdura en el imaginario colectivo hasta nuestros días. Pero de la misma forma, estamos en el momento en que se consolidan los primeros sellos independientes, la apuesta de las radios universitarias, los fanzines cada vez más especializados y el afianzamiento de un rock abierto a nuevas sensaciones, a nuevos atrevimientos y riesgos. Motores jóvenes y vigorosos que suponen una alternativa refrigerante a toda esa gran época seminal (y contracultural) que abarcó, innovó y marcó los años 60 y buena parte de los 70.

Y ahí se encuentra en buena medida el pulso, el núcleo y las entrañas de Jon Zamarripa, con quien tuve la suerte de compartir los primeros sueños adolescentes y la complicidad de un cambio generacional que derivaba primero a Television, Wire o los Clash, y luego a Sonic Youth, Galaxie 500 o el rock australiano, con Velvet Underground, los Stooges o los Sonics como señeras rampas de salida. El y el bajista Felix Senderos, que quizá equilibraba el balance por sus gustos más tradicionalistas, sientan los pilares de los Extraños, bien acompañados por Alberto Cardiel en la batería y poco después las oscuras teclas post punk de inspiración electrónica de Jorge De la Herrán. Desgraciadamente Jon y Felix ya no están entre nosotros, (fallecieron en 2008 y 2018 con 47 y 56 años respectivamente), pero sí Jorge y el siguiente batería Carlos Martínez, para rescatar esas maketas, rarezas, descartes y directos que forman ahora el disco “Yo confieso”, publicado en CD y vinilo por el nuevo sello “Decadencia Corporal” que inicia con ganas de buen aficionado Iñaki Gallardo.

Si volvermos a la historia y a ese pasado, no podemos olvidar el contexto social y geográfico de Bilbao, Euskal Herria y si se quiere todo el Estado. En nuestro ámbito local son tiempos de punk y ska, y de proclamas regurgitadas a su ritmo directo, festivo y peleón. Aquello que vino en denominarse Rock Radikal Vasco, que indudablemente acaparó la terca realidad de una mayoría que optaba, como de costumbre, por el atajo más corto. También coincide con la extensión del pop alrededor del tecno y la new wave o incluso el nuevo rock americano, por no citar los omnipresentes heavy metal, rock de barrio y otros ritmos vestidos y revestidos con traje de género. Conclusión: Los Extraños eran los más extraños, los más raros… Por cierto, un cambio de nombre que nunca debió producirse ya que partió de un infundado miedo por parte de “Discos Suicidas” (todo era tierno y amateur) al existir un grupo levantino que atendía al nombre de Extraños En El Paraíso. Pero nuestros Extraños eran únicos en este pedacito terrícola. Casi un oasis en medio de todo y en el centro de ellos mismos. Lo más extraños y los más adelantados, un poco en ese mismo limbo que habitan los pioneros que optan por la emergencia del momento y no por el perezoso decalaje o el reciclaje de ocasión.

Hasta qué punto, nos preguntamos entonces y nos seguimos preguntando ahora, los Extraños fueron el puente entre los Primitivos y Cancer Moon? La respuesta quizá esté en la base de la propia pregunta, y no en el sobresalto de una contestación acaso accesoria. El puente puede ser tan venturoso como las propias riberas, y sobre todo inevitable trenzar su itinerario. En medio de las muchas contradicciones de la época, se presentaron a concursos, aparecieron en una televisión que aún no había descubierto su dimensión ultrachabacana como formato inherente (y barato), o tocaron en los sitios más insospechados a falta de un circuito proporcional, y con los más inesperados partenaires (de La Unión a Eddie & The Hot Rods), y algún que otro insólito teloneo fallido de última hora (la Tina Turner apaciguada de los 80). La ceremonia de la confusión de un momento que creaba y casi criaba y estimulaba demasiadas falsas perspectivas, incluso en el underground del underground. Finalmente si te recreas en observar el abismo, lo deductivo es que este, cuando menos, te devuelva la mirada.

“Yo confieso” es el título genérico, a tono con una primera canción que juega con los títulos del maestro del suspense cinematográfico en una letra de Ana Mari Serón, compañera entonces de Félix. Pertenece a su reveladora primera maketa, irónicamente titulada “Sus peores grabaciones” (1986), y de la que también se rescata “Palabras”. Es el arranque a un surtido de doce cortes inéditos porque los Extraños nunca publicaron in situ. Luego vino “Seguimos sin beber alcohol” (1987), una segunda demo de la que se recupera “Escucha el silencio- Engrudo”. Además de esas dos maketas, los Extraños aparecieron en los recopilatorios “Hemendik” (1987), editado por Radio Euskadi y EITB, donde también salen Jugos de Otros de Josetxo Anitua, y “Musikusi” (1987), editado por RNE, con una versión de la velvetiana “What goes on”, además del más reciente “Euskodemos” (2015), del que se han incorporado ese par de temas iniciales, con el permiso de “Subterfuge”. Poco después del cambio de nombre a los Raros en 1988, publicaron el álbum “No es un buen plan” con los singles “Irreal/Errores” y “Mao/Go Go Go”. La grabación del disco no resultó nada fácil, con un primer aborto en los estudios “Pan-Pot” de Bilbao bajo la producción del prematuramente desparacido Iñaki Bilbao, para acabar finalmente en IZ de Donostia con Kaki Arzkarazo, entonces en M-ak y ya productor de Kortatu en una larga carrera que iniciaba entonces. Precisamente en “Yo confieso” se rescata una toma descartada de la canción “Sex appeal”, cantada por Jorge. El resto son grabaciones de directo en los pueblos de Zaramillo y Bergara, entresacadas de un montón de cassettes. El final de la banda, un sinsentido para Jorge de la Herrán como veremos en la entrevista, sólo se explica desde el flechazo de su líder Jon Zamarripa con su alma gemela, el eibarrés Josetxo Anitua, y la inmediata fundación de Cancer Moon (1988-1995), sin duda el paso definitivo para el underground más lúcido de este país. Aún así ambos grupos convivieron durante aproximadamente un año hasta que Jon se decantara por la luna de cáncer y dejara desvanecer el proyecto previo, a pesar de contar con un contrato para grabar tres discos más.

Son ahora el teclista Jorge de la Herrán y el batería Carlos Martínez, quienes están al mando de este rescate en toda regla, como supervivientes de aquello. Partidarios de continuar como Los Raros, vieron en su día que sin Zamarripa era demasiado complejo (y poco natural) cualquier intento. Jorge participó después en dos formaciones bien dispares, Skalope y Bela Lugosi, abandonando la música en los 90, pero estos útimos acontecimientos le han removido un nuevo interés por volver a dar guerra. Por su parte, Carlos enlazó después con el grupo de Irala Rabia con los que grabó varios discos, y en la actualidad imparte formación de iniciación a la batería. Nos ponemos en contacto con ellos para recoger sus impresiones más de tres décadas después de la obra y milagros de un grupo fundamental y fundacional del rock alternativo en un momento tan esperanzador como yermo.

Un largo proceso y un final sinsentido

-¿Tiene algo que ver publicar este disco ahora con la recuperación reciente del Ep de Los Primitivos?
La verdad es que no tiene nada que ver con el tema de Primitivos porque es previo a todo esto. Las primeras ideas de este proyecto nacen hace más de 4 años en conversaciones de Iñaki Gallardo con Ana Mari Serón (viuda de Félix Senderos – Bajista), luego Iñaki estuvo con Jon Zamarripa que estaba de acuerdo con llevar adelante la idea, más tarde Iñaki se puso en contacto con el resto del grupo (Carlos, Jorge y Alberto) y tras varias reuniones empezó a fraguarse toda la aventura. El viaje ha sido muy largo, con algunas paradas y estaciones, con complicaciones, pero lo importante es que hoy estamos aquí y estamos seguros de que Jon y Félix estarán encantados con el producto final de esta aventura.

-¿Qué proceso han seguido las grabaciones de directo para convertirse ahora en disco?
El proceso ha sido largo y complejo, primero hemos tenido que escuchar y escuchar multitud de casettes, luego, intentar seleccionar un grupo amplio de canciones, después, ponernos de acuerdo entre nosotros, no buscando consenso porque ha sido imposible sino intentando encontrar puntos de encuentro. Y por último, ver si esto se podía dibujar como historia con un filtro técnico adecuado. A partir de ahí Iñaki como productor del sello “Decadencia Corporal” ha trabajado con Johnny Liverpool en la parte de sonido para poder convertir esto en un producto editable. La guinda ha llegado con todo el trabajo de grafismo que aporta Niko Vázquez.

-¿Quién contaba con esas grabaciones y en qué formato y condiciones se encontraban?
Hemos encontrado un poco de todo rebuscando en trasteros y ganbaras, cada uno ha aportado lo que ha encontrado y luego ha venido la parte más compleja que ha sido realizar la selección de temas donde hemos intentado equilibrar el corazón y la emoción con el aspecto racional de la calidad del sonido.

-¿Os queda algún recuerdo especial de alguno de esos directos?
Podemos escribir folios con todas las anécdotas de aquellos maravillosos años, desde lo peor a lo mejor. Los directos siempre han sido la esencia de cualquier grupo.  Recordamos el mal rollo que hubo cuando tocamos con la La Unión en Balmaseda donde no nos dejaron su equipo de música y nos obligaron a tocar con la mitad de watios que tenían ellos. Debían de tener miedo de nuestra caña. O cuando no nos dejaron telonear a Tina Turner con toda la plaza de toros de Bilbao con lleno hasta la bandera por problemas con la SGAE. Además, hemos vivido momentos mágicos como nuestros conciertos en el “Agapo” y en “King Creole” en Madrid en el barrio de Malasaña de la mano de Kike Turmix… O la gira por Barcelona con un público mod muy entregado. En Bilbao lo más entrañable nuestros dos bolos en el “Gaueko” como Los Extraños y como Los Raros; y qué decir de tocar con Paul Collins Beat, Eddie and the Hot Rods o Los Enemigos.

-Jorge, Tú llegaste con tu Farfisa y tu inspiración electrónica, ¿cómo encajaste en el conjunto?
Bueno, al principio reconozco que me costó integrarme en un tipo de música que no había escuchado. Ellos querían un Farfisa y yo tuve que programar mi sintetizador DX7 para que sonara en modo flashback. Lo conseguí gracias a Félix, él me pasaba casettes de Question Mark and the Misteryans, The Lyres, La Velvet, Los Sonics y yo, poco a poco, me fui adentrando en el mundo de Bauhaus, The Cure y todo el After Punk de la época. Pasé de escuchar Esplendor Geométrico y SPK a encontrar un hueco que me permitía ser yo mismo dentro de la banda.

-¿Qué sensación os queda ahora de toda aquella etapa?
Recordamos una autenticidad sin moldes y la obsesión por divertirnos transmitiendo emoción en nuestra versión en directo; Ahí era donde se cumplían todos los objetivos. Sin duda, una época donde el público buscaba sobre todo divertirse y nosotros intentábamos hacer un buen trabajo ensayando a diario y trabajando mucho el directo para conseguirlo.

-¿Cómo resultó el final del grupo?
Un sinsentido, habíamos conquistado a los críticos más potentes, al público madrileño y al de Barcelona, teníamos un espacio definido, empezábamos a vernos dentro de la historia de la música de la península y teníamos un contrato para grabar 3 LPs. Un sinsentido.

-¿Cómo vivisteis entonces la despedida de Jon para formar Cancer Moon?
Lo peor de todo es que no hubo despedida, la llama se apagó y ahí acabó todo en un sinsentido como decíamos antes.

-¿Qué es lo que más recordáis de vuestra relación con Jon y cómo era vuestra convivencia?
Siempre ha habido una buena relación, pero cada uno veíamos el mundo de una forma distinta, pocas veces discutimos, aunque muchas veces discrepábamos de forma abierta. Las giras hicieron que esa relación se tensara un poco, pero esas diferencias y tensión entre nosotros era la gasolina que hacía de este proyecto algo diferente y único.

-¿Qué grupos escuchabais en aquel momento, había unanimidad en vuestros gustos más allá de las referencias dispares de Jon y Félix?
Los Extraños éramos cuatro componentes y cuatro formas de entender la música. Creo que había muchos grupos en común que para nosotros eran incuestionables pero nos podíamos mover desde la Velvet hasta Joy Division sin que nadie cuestionara nada. Eso hacía que las canciones y el grupo madurara hasta alcanzar el nivel de calidad de canciones como las que vamos a poder escuchar en este disco. Algunas son las que tenían que haber formado parte del segundo L.P. Una mezcla de psicodelia, garaje, after-punk… Una extraña forma de entender la música.

-La grabación y la edición del disco de los Raros fue bastante polémica, ¿qué fue lo que pasó?
Pasó un poco de todo. Empezamos grabando en Pan-Pot pero poco a poco nos fuimos desesperando, cuando empezamos las mezclas veíamos que el sonido que queríamos no llegaba y no sabíamos si era un problema nuestro o de la grabación de las pistas, al final nos invitaron a abandonar el estudio (con un poquito de mal rollo). Así acabamos en los estudios IZ producidos por Kaki Arkarazo. “Discos Suicidas” siempre nos apoyó en todo momento.

-¿Las grabaciones de Pan Pot son las originales de la primera grabación de “No es un buen plan”?
Sólo hemos rescatado la versión descartada de “Sex Appeal” del primer disco que, como rareza, la canta Jorge en lugar de Jon. Una larga historia.

-¿Os sentisteis muy desplazados por el RRV de la época?
Más que desplazados nos sentíamos complementarios, a los críticos que apoyaban el RRV también les gustaba nuestra música. Alguno de los miembros de los Extraños incluso participó de forma paralela en algún disco de esa onda ska-punk. (Jorge – Skalope).

-¿Con qué otros grupos congeniabais en aquel momento?
Nosotros siempre hemos tenido muy buen rollo con todos los grupos de esa época, incluso la amistad sigue como con Niko (MCD) que nos ha hecho un trabajo muy especial y con mucho cariño en la parte de grafismo.

-¿Creéis que podrías volver a tocar estos temas sin Jon y Félix?
Si todo va bien y podemos preparar algo especial, nos encantaría poder tocar ambos las canciones de este LP en directo, si hay un bolo interesante como el que se hizo de homenaje a Jon Zamarripa ahí estaremos otra vez en la tarima. Invitamos, además de a nuestros fans, a todas esas personas que no vivieron esa época mágica de finales de los 80 a escuchar este disco auténtico.

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