Hace casi un cuarto de siglo que Björk rompió la gran baraja del pop. Tras el cierre a The Sugarcubes, sus dotes como solista y productora necesitaban arribar a tierras desconocidas. Y ahí llegó “Debut” (One Little Indian, 93), un disco que este año (en julio para ser exactos) cumple veinticinco años y un eslabón ensamblado para siempre en la gran cadena evolutiva del pop. Cada una de sus once canciones es un hallazgo, así que vamos a analizarlas una por una.

Human Behaviour
El arranque del álbum es toda una declaración de intenciones. Un crepitar ceremonioso pero de ritmo magnético marca las coordenadas de un baile de estilos que fluctúa de la música disco al dance. Del sonido tribal de la naturaleza a un groove conectado al pálpito humano. Desde una guitarra funk a lo Carlos Alomar a una sucesión de calambres techno, Björk desliza palabras con un fin: observar el comportamiento terrestre desde su posición alienígena. Todo cobra mayor sentido a través del vídeo realizado por Michel Gondry para la ocasión.

Crying
La siguiente parada no fue single únicamente porque los cinco ya escogidos -incluyendo “Play Dead”, que no forma parte del álbum original- son, literalmente, insustituibles. Con “Crying” proseguimos la gincana de géneros maleados por Björk y su mano derecha para la ocasión, Nellee Hooper. De hecho, este es uno de los cinco cortes en los que el cerebro en la sombra de Soul II Soul ayuda en tareas compositivas, lo cual queda refrendado en esa entrada de jazz ciberdélico marca de la casa. Más allá del “toque Hooper”, la materia house y el tacto pop se hermanan en una gustosa degustación del buen gourmet. La simbiosis resulta ideal para que Björk se exprese bajo términos recurrentes de confusión. Llorar de amor en la pista baile.

Venus As A Boy
Tras haber dado un golpe de estado en plena era britpop con “Human Behaviour”, la expansión contra las huestes del revival prosiguen su curso con una nueva diana. Porque “Venus As A Boy” no hace prisioneros; te arresta bajo su burbujeante encanto exótico. No es casualidad la presencia de Talvin Singh a la tabla, ni el eco a las películas de Bollywood. Desde la otra punta, vuelve a florecer una cosecha de ritmos naturalistas que dotan de ingravidez a una Björk que bordea los límites del sexo bajo los ojos de una niña traviesa. De nuevo, un vídeo que hereda la función que tenían los clips en los ochenta: relatar una mini-película en apenas cuatro minutos.

There’s More To Life Than This
Como despertar de un sueño de golpe, esta pieza nos recuerda la reconversión dance que vivió Björk a comienzos de los noventa cuando descubrió a 808 State. “Sólo por el hambre de buscar buen material, comencé a ir a clubes cuando estaba en el Reino Unido, porque los conciertos de rock eran una porquería”, recuerda Björk. “Muy rápidamente, me enamoré de 808 State porque eran rítmicamente muy complejos”.
La influencia de la banda house por antonomasia de Manchester fue crucial para Björk, que plantó la semilla de su estilo en “Ooops” y “Qmart”, dos cortes pertenecientes a “Ex:el”, el tercer álbum de 808 State, en los que Björk integra su voz entre una jungla psicodélica de beats venusianos. Su contacto con el comandante del grupo, Graham Massey, en aquel mismo 1991, llegó al punto de forjar demos como “Army Of Me” y “The Modern Things”, las cuales fueron recuperadas en 1995 para “Post”.

Like Someone In Love
El juego de contrastes prosigue con brío inalterable. Partiendo de la compañía de un harpa, Björk versiona este clásico de Jimmy Van Hausen datado en 1944. La delicadeza cobra tintes de austeridad majestuosa, anticipando la sensibilidad que una década después comenzará a hacer suya una tal Joanna Newsom.
Ni que decir tiene que incluir una pieza tan divergente es la mejor forma de entender la vasta visión de una artista sin medidas temporales en su perspectiva. Haciendo del pop un juego, sólo ella puede salir indemne de albergar el futuro del pop, al mismo tiempo que se adentra en los ancestros de la canción popular americana.

Big Time Sensuality
Un nuevo hit para la colección. House juguetón a la par que fantasioso. Los sonidos parecen haberse escapado de un caleidoscopio de músicas libérrimas. De nuevo, las apariencias engañan. Bajo un título con tantas luces, se esconde su versión más confesional. “No es erótico o sensual, incluso si puede sonar así. [A lo largo de la vida] creas relaciones de amor muy profundas y completas con tus amigos. Mucho de lo que hablo [en este corte] también trata de mí. Puedo ser una cobarde la mayor parte del tiempo, pero también llegar un momento en el que escribo una canción cuando me siento valiente. En el fondo, la consecuencia se basa en tratar conmigo misma en lugar de atacar a otras personas”.

One Day
Jazz y espíritu raver. Cosmos y sudor bajo las luces de neón. La bruma ambient que inunda cada poro de esta nueva mutación refleja el carácter místico de una música que bebe de herederos del Miles Davis oceánico como Weather Report, sin dejar de apuntar hacia las formas más esotéricas de LFO. Como un tercer vértice imaginario, ella no sólo condensa sino que vampiriza ambas fórmulas en un mejunje de altos vuelos.
Así como en “Crying” se palpaba la mano de Hooper en tareas compositivas, aquí ocurre en términos de producción. Su gusto por insuflar de sangre jazz a los beats refuerza la sensación afro-futurística de un corte que parece invocar el espíritu de Sun Ra bajo formas inimaginables de trazo pop.

Aeroplane
Después del aterrizaje al término de “One Day”, volvemos a pisar una nueva isla musical. Como si se tratara de una versión pop del Tom Waits de “Bone Machine”, este nuevo avistamiento en tierra enfatiza lo imposible de clasificar el sentimiento final reproducido en esta monumental matrioska. Una cosa reluce por sí sola: la islandesa ha perfilado una excursión hacia parajes que ni ella misma podría haberse imaginado antes de emprender su vuelo en solitario. Llámalo DIY o autodescubrimiento, da igual. Lo único que queda en claro es que, a través de ejemplos como éste, se afianza la sensación de estar ante un renacimiento total de la ortodoxia pop. Mentalidad post-punk, lo solían llamar.

Come To Me
Vuelta otra vez al espacio. El balance continuo entre raíces y evasión marciana marca una senda en la que apego humano y escapatoria extraterrestre conviven en una arcadia sin conflicto posible. La pirueta es doble y mortal, pero siempre es reconducida gracias a la misma excelencia de tan generoso buffet libre de sabores extraños.
Al igual que en “One Day”, la disposición instrumental va más allá de su gusto por Cocteau Twins, desafiando la misma esencia del dream-pop bajo una dimensión cósmica. De sexualidad planetaria, astral, Björk prefiere traducir sentimientos abocados a la experiencia del primer amor, el primer roce, bajo formas musicales. La descripción lírica no es un recurso viable; sería como objetivar la ambigüedad de una cascada de sensaciones indomesticables.

Violently Happy
De house selvático y cadencia matemática, Björk introduce el concepto del sonido piramidal en ambas direcciones. Arriba y abajo. Los beats se superponen para luego desaparecer. Y vuelta otra vez. El cromatismo reinante preconiza los juegos de texturas aplicados por Isolee en su vibrante receta microhouse. La euforia y el éxtasis se apoderan de cada molécula con la que está forjada esta oda al ritmo imparable. Björk funde “violencia” y “felicidad” en un trip peligroso a través del que suena de forma atrevidamente literal. De hecho, nunca más lo volverá a hacer con tal rotundidad en posteriores esfuerzos.

The Anchor Song
Para cerrar el trayecto, la dualidad entre futurismo y ornamentación clásica tan presente en su obra esta vez cae hacia la segunda vía. Como en “Like Someone In Love”, se impone el minimalismo instrumental. Así, Gary Barnacle se encarga de cimentar vientos con sabor al sello ECM. La sencillez planeadora de su soplido resuena como la respiración de Björk entre verso y verso. Un sonido solitario perdido entre vastas extensiones, como ése océano citado en este canto de hermosura subyugante.