10 bandas sonoras ‘alternativas’ que deberías conocer
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10 bandas sonoras ‘alternativas’ que deberías conocer

Pelayo de las Heras — 01-06-2020
Fotógrafo — Archivo

Durante los últimos años hemos visto como infinidad de artistas del mundo de la música alternativa –entendida en toda su amplitud– se iban sumando al mundo de las bandas sonoras. Gracias a muchos de esos nombres la música de películas nos ha brindado grandes obras maestras que merecen ser destacadas y rescatadas, en muchos casos, de un cierto anonimato que suele acompañar a los trabajos para series y películas. No están todas las que son, pero sí son todas las que están. Lean y escuchen.

 

1.- “Good Time” – Daniel Lopatin aka Oneohtrix Point Never (2017)

Al igual que ocurre en la propia película de los hermanos Safdie, la música de Lopatin nos traslada a un descenso anfetamínico por las cloacas callejeras de la ciudad. Es difícil no rendirse ante esta música electrónica –de estilo casi rococó–, que apenas deja un respiro al espectador: ni puede, ni quiere. Daniel Lopatin, conocido artísticamente como Oneohtrix Point Never, desata aquí todo su potencial, con un universo lisérgico compuesto tan solo de sintetizadores e incluso, en ocasiones, citas del propio filme. Tan solo él, sin más ayuda que la de los ingenieros de sonido, creó una banda sonora que, según Josh y Benny Safdie, debía destacar como otro personaje más de “Good Time”. Es por ello por lo que, según el propio compositor, los espectadores debían sorprenderse cuando la música desapareciese. Es difícil olvidar, también, el tema compuesto junto con Iggy Pop, una dura balada realizada para lamerse las heridas tras la llegada de los créditos: no es casualidad que “The Pure And The Damned” sea la canción que cierra la banda sonora.
Como ya hizo posteriormente con “Uncut Gems”, Lopatin vuelve a unir, de manera inseparable, el desarrollo psicológico del protagonista a lo largo de todo el metraje. Es, posiblemente, la composición que más se asemeja a sus trabajos artísticos personales, como ocurre con el álbum “Drawn And Quartered”. Quizás, por eso mismo, es la mejor hasta la fecha.

 

2.- “It Follows” – Disasterpeace (2014)

Es imposible olvidar la terrorífica inmersión sonora a la que nos sometió Richard Vreeland, de nombre artístico Disasterpeace, hace un lustro. Con una intención revival de la década de los ochenta, el músico componía una banda sonora perfecta para este slasher de neones y adolescentes aterrorizados. La película, al igual que la propia música, es un reflejo de la mejor época de John Carpenter: tanto los sintetizadores como la percusión surgen, sin lugar a dudas, de películas como “Halloween” o “Escape From New York”. Disasterpeace se centra, en “It Follows”, en las pulsaciones de la propia película: las persecuciones del antagonista, el pánico que provoca o la búsqueda incesante de la forma de poder resolver el misterio. Todo ello se condensa, sobre todo, en las pieza llamadas “Title” y “Detroit”, que encierran en sí mismas un breve resumen a modo de introducción-desarrollo-desenlace.
Es posible que la música de “It Follows”, sin embargo, no existiese exactamente como este crisol de luces de neón y sangre si su autor no hubiera compuesto música, antes, en la industria de los videojuegos, muchos de ellos de claro aspecto Arcade (y de pura esencia indie). Al igual que Oneohtrix Point Never y los hermanos Safdie, la dupla entre Disasterpeace y Robert Mitchell volvería a repetirse en el futuro, esta vez bajo las imágenes de “Under The Silver Lake”.

 

3.- “The Leftovers” – Max Richter (2015)

A través de una inteligente –y particular– mezcla entre la música clásica y sonidos electrónicos, Max Richter consiguió crear, durante las tres temporadas de la serie, la que fuera una de las más destacadas bandas sonoras de la televisión. La intensidad dramática de la serie de Damon Lindelof resuena en cada una de las notas del experimentado compositor germano-británico, para quien la complejidad y angustia de cada uno de los personajes no guarda misterio alguno: en cada arista guarda, sutil, distintos fragmentos dedicados a específicos detalles y emociones. Arpa, piano, celesta [especie de piano vertical] o sintetizador, cualquier instrumento le basta para convertir el ecosistema musical de “The Leftovers” en un gran homenaje sentimental a la condición humana y, en gran parte, al amor. De manera alegórica, incluso el propio silencio es importante en la serie, tal como él mismo recalca en una entrevista: “[…] en cierto sentido, el silencio evoca al Más Allá [refiriéndose, aquí, a aquellos desaparecidos en la serie]”. Razón, esta, por la cual en última instancia las notas musicales nunca se sostienen en el tiempo; desaparecen, tal como lo ocurre durante la serie.
La banda sonora de la tercera temporada, donde más tonos electrónicos podemos encontrar, nos muestra también una referencia ineludible, con los títulos de las canciones basados en versos extraídos de poemas de T.S. Eliot. Más que un guiño es, sin embargo, una declaración de intenciones: no tenía reparos, el poeta británico, en hablar sobre la amplitud de la belleza y la oscuridad.

 

4.- “Sex Education” – Ezra Furman (2020)

“No cuesta mucho trabajo volver a conectar con tu yo adolescente, principalmente porque la angustia adolescente nunca desaparece”, comentaba Ezra Furman hace semanas a Rolling Stone. Con su música, rebosante de su habitual e indomable espíritu punk queer, se ha formado la banda sonora de la segunda temporada de “Sex Education”. Compuesta con algunos temas ya conocidos, como “Restless Year” o “The Queen Of Hearts”, la música acompaña a los protagonistas de la serie en pleno desarrollo pubescente de su sexualidad. Aparecen, incluso, versiones realizadas por el propio Furman, como “I Can Change”, una interpretación acústica de la canción de LCD Soundsystem que ya habíamos podido escuchar en “Songs By Others”. El músico norteamericano, sin embargo, también ha creado piezas originales para una banda sonora que, ante todo, recoge el espíritu fílmico de la obra. Ejemplo de ello es “Every Feeling”, escrita durante uno de sus múltiples “días de depresión”, según relataba en una entrevista. “La escribí en tres minutos, mientras iba de camino hacia la puerta [de casa]. Creo que funciona precisamente porque estaba exhausto. Quiero decir, ya he sentido todos estos sentimientos tan intensos varias veces, estoy cansado de ellos. Ojalá pudiera coger toda esta negatividad y no tener que volver a tratar con ella de nuevo”.
Su sencilla capacidad para alternar entre enérgicos tonos punk rock y desgarradores sonidos melancólicos ha hecho de Ezra Furman la mejor elección posible para la producción de Netflix: representa, por completo, el laberíntico desarrollo adolescente.

 

5.- “Wind River” – Nick Cave & Warren Ellis (2017)

A pesar de haber pasado desapercibida en España, “Wind River” se postuló, en 2017, como una firme candidata a convertirse en uno de los mejores thrillers de los últimos años. La banda sonora, compuesta por Nick Cave y Warren Ellis, captura a la perfección el inconmensurable paisaje del territorio norteamericano, a veces aún tan desolador como lo era siglos atrás. La película, centrada en el asesinato de una mujer dentro de una reserva india, conserva ecos de los años más negros de la historia estadounidense. Tanto Cave como Ellis, ambos compañeros en The Bad Seeds y Grinderman, encajan a la perfección en este esquema, de estrechas relaciones con la muerte. Los sonidos, crudos, de profundas pulsaciones, se juntan con un ligero uso de sintetizadores: tan solo una utilización necesaria, junto con una -aparentemente- serie de lejanas voces, sirve para crear una atmósfera envuelta de misterio. Resulta imposible escapar del lamento de los violines, que convierten tanto el paisaje como la música en un personaje más. “Skeleton Tree” provoca, en las veintitrés piezas, una evidente influencia (como vemos en canciones del álbum como “Magneto”) que ya no es solo sonora, sino también de actitud. La música de “Wind River” es, desde “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, su mejor obra en este campo. Nick Cave y Warren Ellis han demostrado ser dos de los mejores compositores del panorama fílmico actual, con películas como “Comanchería” (cuyo guionista es, a su vez, el director de la obra que nos ocupa) a sus espaldas. Son, quizás, quienes mejor pueden representar el salvaje espíritu norteamericano.

 

6.- “El hilo invisible” – Jonny Greenwood (2017)

A pesar de su ubicación temporal, “El hilo invisible” apenas tiene música extraída de manera directa de la década de 1950. La banda sonora es ya la cuarta colaboración del músico británico con Paul Thomas Anderson, a quienes ya pudimos ver –y escuchar– en películas como “Pozos de ambición”. El guitarrista de Radiohead refleja, en esta ocasión, la enrevesada psicología del personaje protagonista, un diseñador de moda de vanguardia con una fuerte condición neurótica (así como, a su vez, sus tormentosas relaciones con su hermana y su amante, con quien mantiene una amorosa –y excéntrica– relación freudiana). De hecho, es difícil ignorar la pátina romántica que subyace en prácticamente todo tema de la composición, ya que su extraña concepción del amor, plagada de un fuerte síndrome de Edipo y giros autodestructivos, es en gran medida el tema central de la película. Por ello, tal como afirma Greenwood, “[…] le vendí la idea a Paul [Thomas Anderson] de que Reynolds Woodcock [el personaje protagonista] escucharía intensamente a Glenn Gould […], fue una buena excusa para trabajar en un piano con el estilo de un Bach ligeramente neurótico”. También el propio Paul Thomas Anderson, así como Daniel Day-Lewis, influyeron en cierta medida a la hora de la composición. En una entrevista al diario The New York Times, Greenwood confirmó ciertas sugerencias e influencias provenientes de ambos, tras una exhaustiva búsqueda musical de producciones realizadas en durante los años cincuenta. Entre ellas, de hecho, la de Benjamin Britten, sin el cual la banda sonora, probablemente, no tendría el oscuro halo que finalmente tuvo. El tema titulado “The Tailor Of Fitzrovia” es fiel ejemplo de ello. Quizás sea solo “House Of Woodcock” la pieza que verdaderamente se acerca al vaporoso carácter de la época.

 

7.- “Watchmen [HBO]” Trent Reznor y Atticus Ross (2019)

Con tan solo una temporada y tres volúmenes musicales distintos para la serie, Trent Reznor y Atticus Ross recuperan, en la obra de Damon Lindelof, su sonido más industrial, consiguiendo lo que podría ser, sencillamente, un álbum triple de Nine Inch Nails. Distanciándose de otras obras anteriores, como la realizada para David Fincher en “The Social Network” (y que les valió, en 2011, un Oscar a la mejor banda sonora), ambos músicos se adentran por completo en el sórdido ecosistema en el que nació su identidad más reconocible. Los sintetizadores controlan, en todo momento, los tonos bajos y lóbregos que representan esta fantasía distópica, provocando a menudo una sensación de asfixia. También tienen presencia los propios diálogos de la serie, insertados eficazmente a modo de pesadilla. Es difícil, sin embargo, identificar de forma monolítica la obra de ambos músicos que, ante todo, presenta diversas vertientes: hay hueco, de hecho, para muchos otros tonos y sensaciones, como música de tintes sci-fi y versiones dreamy verdaderamente hipnóticas, como la de “Life On Mars?” de David Bowie. “Watchmen Vol. 1-3” es, ante todo, un gran álbum en sí mismo.

 

8.- “Monos” – Mica Levi (2019)

Tras sus primeros pasos en el pop experimental con Micachu (su propio nombre artístico) & The Shapes, Mica Levi saltó a la composición musical cinematográfica con “Under The Skin”, la polémica película de Jonathan Glazer. Tres años después de su celebrado trabajo para Pablo Larraín en “Jackie”, la artista británica vuelve ahora a ambientar “Monos”, una película acerca de ocho niños guerrilleros en Colombia. A causa de la propia premisa de la película, Levi establece aquí los ritmos de la paranoia y el peligro, con fuertes componentes de percusión y contrastes tonales que hacen sentir, ante todo, la mixtura emocional en la que se ve envuelta la convivencia de los propios guerrilleros y su rehén, una mujer norteamericana. Todo ello es causado, en parte, por su intensa forma de producir música, según relató a IndieWire, necesitando siempre una inmersión lo más completa posible: en imágenes, color, paisaje y espíritu. Tanto Alejandro Landes, director de la película, como Levi, buscaron un acercamiento que, a priori, podría parecer un oxímoron: “[…] monumental y, a la vez, mínimo”. La propia compositora creía que el filme funcionaría perfectamente sin música, razón por la cual la banda sonora ha terminado siendo una producción de lo más especial, con matices únicos derivados de fuentes tan dispares como sintetizadores digitales, timbales, sonidos ambientales o el silbido a través de una botella de cristal. Tal y como afirma el propio Landes: “la película tiene sonidos que tienen cierta esencia de spaghetti western, pero a su vez también tiene algunos tonos sintéticos que podrían salir perfectamente de un club nocturno berlinés”.

 

9.- “The Witch” – Mark Korven (2016)

Versado en la atracción ejercida por el género de terror, Mark Korven deslumbró con la sombría banda sonora compuesta para “The Witch”, el debut en la dirección de Robert Eggers. Para Korven, es el horror un nicho donde experimentar e innovar: según relató aquí, en MondoSonoro, su facilidad reside en el desafío a los numerosos clichés que residen en el género (como, por ejemplo, la música supeditada al jump scare). Instintivamente, buscando “accidentes sonoros”, el músico canadiense bordea siempre los esquemas experimentales (como ocurrió en su debut para “Cube”). En “The Witch” (y más tarde en “The Lighthouse”), sin embargo, se encontró también con las ideas y reglas del propio director, con cuya fortísima visión creativa buscaba, ante todo, una disonancia constante: “[…] creo que llegó a decir que quería una banda sonora que fuera como un monstruo que se sienta sobre tu pecho durante dos horas”. Los sonidos, sin ningún estilo armónico y melódico tradicional, hacen una evidente referencia tanto a la época como a la ubicación, tratándose en este caso de los virginales bosques de Nueva Inglaterra, en el siglo XVII. Música, al fin y al cabo, de carácter místico y arcaico, una alquimia sonora conseguida gracias, entre otros, a instrumentos como la nyckelharpa [especie de violín sueco cuyo registro más antiguo data del siglo XIV] o el waterphone [un instrumento experimental del siglo XX].

 

10.- “Euphoria” – Labrinth (2019)

Ahondando en la capacidad dramática de la serie de HBO, la música original realizada por Labrinth (y que cuenta, a su vez, con una canción interpretada por Zendaya) consigue alcanzar numerosos registros a lo largo de las más de veinte piezas que componen la banda sonora. “Euphoria”, que sigue los pasos de adolescentes enfrascados en su propio desarrollo y las dificultades que ello puede llegar a conllevar (entre otras, las problemáticas relaciones sexuales y las drogas), ve simbolizada esta angustia también a través de la música. Esta viaje emocional, lleno de altibajos, fue desde el principio el objetivo de su autor: “[…] cuando miras atrás a tus días de adolescencia, se siente como algo semi-mágico, pero también casi como una locura, como algo semi-psicótico”. Es este caos, probablemente, el que nos ofrece canciones salidas del hip-hop, el soul, el dance o la más pura electrónica, adaptándose así al espectro en el que habitan los personajes. La música consigue reflejar el joven universo de la generación Z (o de los millenials tardíos) a través, en gran medida, de ritmos crepusculares, similares a los brillos púrpuras característicos de la serie. El sentimiento etéreo de algunos de los temas es, posiblemente, el reflejo de lo que Labrinth denomina, hablando de la adolescencia, “una época semi-mágica”.

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