10 bandas sonoras ‘alternativas’ MÁS que deberías conocer (2ª parte)
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10 bandas sonoras ‘alternativas’ MÁS que deberías conocer (2ª parte)

Pelayo de las Heras Álvarez — 22-06-2020
Fotógrafo — Archivo

Durante los últimos años hemos visto como infinidad de artistas del mundo de la música alternativa –entendida en toda su amplitud– se iban sumando al mundo de las bandas sonoras. Gracias a muchos de esos nombres la música de películas nos ha brindado grandes obras maestras que merecen ser destacadas y rescatadas, en muchos casos, de un cierto anonimato que suele acompañar a los trabajos para series y películas.

Hace unos días destacábamos 10 bandas sonoras ‘alternativas’ que todo aficionado debería conocer en una primera tanda que ahora ampliamos con 10 más que nos parecen igual de atractivas e influyentes.

No están todas las que son, pero sí son todas las que están. Lean y escuchen.

“Midsommar” – Bobby Krlic (The Haxan Cloak) (2019)

Con una siniestra obra electrónica personal, The Haxan Cloak (cuyo nombre real es Bobby Krlic) se adentró oficialmente en el universo del género de terror en el año 2019, con la banda sonora de “Midsommar”, la segunda película de Ari Aster. Acostumbrado a tratar temas de fuerte existencialismo, como la mortalidad y la propia posterioridad a la muerte, su trabajo encajaba a la perfección en el esquema del nuevo trabajo del director y guionista americano. El propio Aster, de hecho, llegó a escuchar algunas de las canciones de The Haxan Cloak mientras construía el argumento, algo nada extraño si tenemos en cuenta el dark ambient que caracteriza al músico británico. “Midsommar”, sin embargo, se mueve en un terreno tanto místico como mítico: el de una pequeña y antiquísima secta aislada en los bosques suecos. Siempre desde la perspectiva de la protagonista, los ecos realizados con texturas electrónicas y una orquesta de dieciséis piezas (entre las cuales se encuentran violonchelos, violas y violines) nos terminan ofreciendo la evolución de la trama, así como también el desarrollo de la relación con su pareja, su ambigua perspectiva y la fuerza del propio culto. Los sonidos, muchas veces de carácter profundamente arcaico, provienen en parte de la influencia que Krlic sufrió, para esta obra, a causa de su investigación dentro del universo musical tradicional escandinavo e islandés. Mucho del mismo, como ocurre en la película, posee raíces en la antigua música folk sueca (o, lo que es lo mismo, antigua música pagana). “Midsommar” es, ante todo, la banda sonora de una lúcida pesadilla estival de tintes folk.

“La llegada (Arrival)” – Jóhann Jóhannsson (2016)

El compositor islandés se decidió tempranamente por el uso de voces como una de sus herramientas principales en la banda sonora de “Arrival”, su tercera colaboración con Denis Villeneuve. Su producción, a través de grabadoras analógicas, se basó principalmente en la manipulación de velocidades de sonidos tan dispares como trompetas, violonchelos y, de nuevo, voces humanas, a los que convirtió en loops. Según el propio Jóhann Jóhannsson, este sería el verdadero esqueleto musical de la película. Es un bombo creado a través de un sintetizador modular, sin embargo, lo que crea el tenso ritmo de la película, mientras el resto se ve envuelto en una constante arritmia, incluyendo aquí toda la percusión, realizada con piezas de madera extraída de diferentes tipos de árboles. La intención, según confirmó a Vulture, fue la de dar una sensación total de discontinuidad, así como de impredecibilidad: “una nube de staccatos”. El filme, un soplo de aire fresco en el género de ciencia-ficción, ofreció al islandés la oportunidad de aprovechar la identidad sonora por la que es conocido: la hábil mezcla de música clásica y música electrónica. A causa de su temprano fallecimiento en 2018, esta sería una de las últimas obras compuestas por Jóhann Jóhannsson para el cine.

“La isla mínima” – Julio de la Rosa (2014)

Plenamente consciente del carácter subordinado de la música en las películas, Julio de la Rosa siempre habla de este tipo de composiciones como la realización de una obra que, paradójicamente, te obliga a ser generoso. “A borrarte un poco”, relataba por entonces en sus entrevistas. “La isla mínima”, uno de los mayores éxitos de la cinematografía nacional en los últimos años, fue la cuarta colaboración entre el director, Alberto Rodríguez, y el músico gaditano. Conocido también por su música pop-rock al frente de El Hombre Burbuja o en solitario con los discos bajo su propio nombre, Julio de la Rosa consigue transmitir una sutil y frágil sonoridad que evoca la calurosa claustrofobia de un pequeño pueblo situado en las marismas del Guadalquivir. Con el objetivo de representar que el mal está presente también detrás de los aspectos más cotidianos, se han utilizado una gran variedad de instrumentos ajenos a una composición de carácter más sinfónica. Entre ellos, por ejemplo, encontramos incluso un ukelele. La música, de hecho, se confunde en ocasiones con el propio sonido de la película, algo realizado a propósito: de nuevo, es la propia esencia de las marismas andaluzas, la esencia de una España en plena transición, aquello que pretende colarse dentro de nuestros oídos.

“Dolor y gloria” – Alberto Iglesias (2019)

Tras su undécima victoria este año en los Goya, el compositor donostiarra batió de nuevo su propio récord: el del mayor ganador de estatuillas nacionales (también posee, además, el mayor número de nominaciones a los Goya de la historia del cine español, así como también algunas a los Oscar). Iglesias, de hecho, ha participado en once de las películas de Almodóvar, destacando sobre todo con su música para “La piel que habito”. Para “Dolor y gloria”, sin embargo, Alberto Iglesias se ha hecho cargo de gran parte del enfoque intimista del director manchego. “El sonido de la película”, relataba el compositor hace semanas, “nace de un sexteto de cuerda combinado con piano y clarinete, que nos daba la posibilidad de situar la música muy cercana al protagonista […] y evocar sus momentos de incertidumbre y dolor”. Es la banda sonora la que nos acerca, también, a las distintas capas narrativas de la película, así como a la propia amargura que producen sus diversos momentos de introspección. “Usé la electrónica dando otra perspectiva de su actitud y sus emociones […], aparece cuando la situación es demasiado dura. Está conectada con su sufrimiento [el del personaje protagonista]”. Son, al fin y al cabo, casi treinta canciones que nos acercan a la intimidad de Pedro Almodóvar y sus perspectivas sobre la memoria, las relaciones personales y el paso del tiempo.

“Isla de perros (Isle Of Dogs)” – Alexandre Desplat (2018)

Fue principalmente con taikos [un tipo de tambores japoneses], saxofones, balalaikas [laúd ruso], címbalos húngaros, bajos y coros como se construyó la cuarta colaboración entre Wes Anderson y el músico francés. Sin limitarse al folklore japonés, la intención de Desplat fue crear una simbiosis orgánica entre imagen y sonido: que una no se entendiese sin la otra, que fueran un solo elemento. Estamos, sin embargo, ante una banda sonora de distintos motivos: los saxofones y los bajos –en ocasiones, con fuertes reminiscencias jazz– recuerdan a las décadas de 1950 y 1960, mientras que el coro, tan solo masculino, se asemeja completamente a lo que él mismo denominó un coro de monjes (con el uso silábico, en el canto, de “Yoko Ono”, según confesó en una entrevista a Deadline). Dejando atrás la composición como simple creación sinfónica, Alexandre Desplat logra crear una banda sonora mucho más atrevida y especial que aquella que le valió el Oscar en 2018 por “La forma del agua”. Esto es, quizás, a causa de la dupla que forma con el propio Wes Anderson, en cuyas películas la música juega un papel determinante a la hora de proporcionar una identidad: es el caso, por ejemplo, de “Fantastic Mr. Fox” o “Moonrise Kingdom”. Es, en fin, el desarrollo a su imagen y semejanza de un universo en el que, según ha relatado el propio director norteamericano en más de una ocasión, controla hasta el más mínimo detalle.

“A Ghost Story” – Daniel Hart (2017)

Caracterizada, entre otras cosas, por su escasez de diálogos, la película de David Lowery se expresa en gran medida a través de la música confeccionada por Daniel Hart. Fue gracias al tema electro-pop “I Get Overwhelmed” cuando Hart, a través de su alter ego Dark Rooms, vio la oportunidad de desarrollar una banda sonora con el necesario carácter reflexivo y meditabundo que exigía la película. El músico, habitual participante en tours y grabaciones de artistas como St. Vincent, escribió la canción durante una personal crisis existencial nocturna. “¿Qué estoy haciendo, por qué tomo las decisiones que estoy tomando? No podía encontrarle ningún sentido”, relataba Hart hace tres años. La banda sonora, de hecho, gira literalmente en torno “I Get Overwhelmed”: “tomé las distintas partes [de la canción] y las modifiqué con un programa llamado “PaulStretch”, específicamente diseñado para coger música y volverla increíblemente lenta. Así que cogí distintas partes de la canción y las separé, como los instrumentos de cuerda, la guitarra o mi propia voz, y las convertí en parte de este paisaje sonoro constantemente presente en la banda sonora”. La composición también cuenta con dolorosas piezas musicales, como la apertura con violonchelo que nos golpea en “Whatever Hour You Woke”, así como pasajes con letras en latín extraídas de antiquísimos textos relacionados con espíritus y otras supersticiones. Llegamos a encontrar, incluso, fragmentos del “Bardo Thödol” (o Libro tibetano de los muertos). Daniel Hart firmó, en “A Ghost Story”, una de las bandas sonoras más delicadas de los últimos años.

“The Childhood Of A Leader” – Scott Walker (2016)

Dirigida por Brady Corbet, “The Childhood Of A Leader” nos sitúa en la Europa de los albores del fascismo, a comienzos del siglo XX. Como si se tratara de un filme de terror, Scott Walker nos sitúa en medio de una angustiosa y claustrofóbica banda sonora (la cual, a causa de su muerte en 2019, terminaría por ser su penúltimo trabajo). Las guitarras distorsionadas y la percusión, junto con ciertos tonos industriales y electrónicos, nos ofrecen un acercamiento a la atmósfera militarista del viejo continente, con sonidos tan cortantes como el ruido de los sables. Es la disonancia, como ocurre con tantas otras obras de suspense, la que sazona definitivamente la obra de Walker, a quien no es difícil encontrar resonancias del referencial Bernard Herrmann. Construida con temas que habitualmente no superan los noventa segundos, Walker también deja abiertos varios resquicios a la esperanza, como ocurre con la canción final, “New Dawn”, un cierre definitivamente optimista realizado a través de una serie de sintetizadores. A pesar de no contar aquí con su honda voz, es posible encontrar en “The Childhood Of A Leader” fuertes influencias del camino artístico tomado con su último –y contundente– álbum de estudio, Bish Bosch (parte de la arriesgada trilogía conformada, a su vez, por “Tilt” y The Drift).

“XY Chelsea” – Jehnny Beth & Johnny Hostile (2019)

Conocidos por su trabajo en John & Jehn, ambos músicos dan forma a la banda sonora del documental acerca de la figura de Chelsea Manning, ex-analista de inteligencia del ejército de los Estados Unidos cuya fuerte notoriedad surgió tras la filtración de miles de documentos clasificados a WikiLeaks. A pesar de que el director, Tim Hawkins, contactó con ambos en parte a causa de su admiración por Savages (cuya vocalista es Jehnny Beth), el resultado final de la composición terminó acercándose más a una suave música synth pop influenciada, entre otros, por artistas como Alva Noto. “Let It Out” es, probablemente, la canción que más se acerca al estilo al que ambos músicos nos tienen acostumbrados. La banda sonora se mueve, en “XY Chelsea”, entre la ansiedad y la soledad de la propia Manning, envuelta en un constante conflicto judicial. Es por ello que encontramos fuertes contrastes en una obra en la que, a lo largo de más de veinte canciones, se bascula de un lado a otro de la balanza. “Pensamos que era una gran película porque mostraba a Chelsea Manning como a un ser humano, desvelando las luchas y conflictos a los que se ve sometida”, relataba Jehnny Beth el pasado mes de julio. Es de nuevo la música quien pasa, aquí, a convertirse en el verdadero catalizador de las emociones creadas por la propia película.

“Home” – Johnny Jewel (2016)

Compuesta por Johnny Jewel, la banda sonora creada para “Home” recoge la celebrada (y reconocible) identidad sonora del artista norteamericano. Como si de una cruda orquesta de sintetizadores se tratara, la película dirigida por Fien Troch recoge la música con que Jewel ya iluminara en parte, a través de neones, el neo-noir de Winding Refn, “Drive” (más tarde, de hecho, también produciría la música para el debut direccional de Ryan Gosling, “Lost River”). Sin embargo, y a pesar de momentos que son evidentemente enérgicos, gran parte de la banda sonora (que también cuenta con temas inéditos de dos bandas que él mismo lidera, Chromatics y Symmetry) entra prácticamente dentro del género ambient, ambientando el viciado aire de este drama adolescente. A veces, incluso, con tal sutileza que cuesta desligarlo del propio sonido de “Home”.
Su sensibilidad, casi nostálgica, con la manipulación de sonidos que parecen manufacturados en la década de los ochenta, nos ofrece todo tipo de registros: desde música diseñada para ensoñaciones propias de la pubertad a agresivos temas construidos en torno al espinoso paso de la adolescencia al mundo adulto, así como todo lo que le rodea. La falta de comunicación humana, casi un leit motiv en el filme belga, se ve sustituida aquí por el synth pop y la electrónica que, finalmente, le valdría a su autor un premio Georges Deleure.

“El renacido (The Revenant)” – Ryuichi Sakamoto (2015)

“El alma de la música de Ryuichi Sakamoto ha impregnado ‘El renacido‘ y ahora la película respira entre sus notas, los sonidos naturales y los silencios” relataba el propio director, Alejandro Iñárritu, en las notas de la banda sonora. Junto con otros artistas de renombre, como es el caso de Alva Noto (alter ego de Carsten Nicolai) y Bryce Desnner, uno de los compositores de The National, es esta peculiar mezcla artística en la que se funden la música clásica, la electrónica, el rock y la música experimental, lo que llevó al entusiasmado Iñárritu a calificar la banda sonora como “el guacamole más original, loco y delicioso que nunca podría haber soñado”.
La composición, condicionada por los escasos diálogos de la película, se convierte casi en el corazón de la misma, con pulsaciones constantes y sonidos que muestran, casi al completo, el alma del propio protagonista. Gracias a este melting pot musical encontramos, también, los impulsos de implacable venganza que, representados de diversas formas, dan estructura al film. Una película que muestra el ‘regreso’ desde la muerte con un compositor que a su vez, por entonces, había sido diagnosticado con cáncer de garganta: tal como Sakamoto contaba a IndieWire hace dos años, “solo hay una línea muy fina [entre la vida y la muerte]”.

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