“La cara norte” se publica el próximo martes, 10 de septiembre

“La cara norte” es el primer LP de Tiger And Milk, la banda madrileña que forman Iago López, Javi Ruiz, Roberto García, Alex Ferraro, Pilar Sanz y Nacho Serrano. Además, en el disco colaboran Noelia Cabezas (Capitán Sunrise), Frank
Santiuste
(Le Parody), Yerik Núñez y Adrián Rosado, al
violín y la tuba, respectivamente.

Editado en colaboración con Discos de la Bahía, la producción corre a cargo de Luis Verne y los propios Tiger And Milk. Sólo se han fabricado 200 ejemplares en CD y encuadernados en edición limitada, aunque estará en formato digital en las diferentes plataformas, y en el Bandcamp del grupo a precio voluntario. El disco se presentará en sociedad el próximo sábado, 21 de septiembre, en la sala Moby Dick, en Madrid, junto a Laplanck (grupo invitado). Las entradas anticipadas, a 7 euros, se pueden adquirir en ticketea.

Escúchalo a continuación mientras disfrutas de los comentarios canción a canción del mismo…

Hola. Somos Tiger and Milk y os presentamos “La cara norte”, nuestro primer largo tras la autoedición de varios singles y EP’s desde 2009. A pesar de ser nuestro primer álbum,  es breve (apenas 32 minutos), dura aproximadamente lo que tardamos en ir a diario de casa al trabajo y del trabajo a casa, y se puede escuchar casi en un suspiro.

“La cara norte” lleva un año fraguándose y se grabó en maratonianas sesiones de fin de semana entre febrero y abril de 2013 en el estudio Margarita, en Madrid. La producción corre de nuestra parte y, sobre todo, de la de Luis Verne, capitán del barco de Discos de la Bahía, quien es culpable de casi todas las cosas bonitas que se pueden escuchar en el disco.
Pero además, nada sonaría igual sin las aportaciones de varios músicos encargados de añadir trompetas, tubas, coros y violines a este sueño intangible. Son Noelia, Adrián, Yerik y Frank que, junto a las ilustraciones de Mike Kent y las manualidades de Silvia, Sergio y Sonia, han puesto en pie lo que el grupo había garabateado en servilletas de cafetería: “Gracias por su visita”.

“La Cara Norte” trata de temas, como casi siempre, universales. El amor, el sexo y el dinero (no necesariamente en este orden) mueven los anhelos de las personas y en este disco hay mucho amor, algo de sexo y poco dinero. También amistad, imaginación, rabia, venganza, circo, nostalgia y expectación. Sólo queríamos hacer un disco honesto, que sonase a lo que suenan nuestras vidas.

Nos cuesta mucho explicar nuestra música, así que hemos pedido a algunas personas que escriban acerca de las canciones: una idea, un detalle, un comentario. Y este es el resultado. Les damos las gracias y les pedimos disculpas por la encerrona. No son fans ni críticos musicales, son mucho más que todo eso, buenos amigos por los que merece la pena subirse a un escenario.
Así suena el más difícil de los ascensos a la cumbre…




1. “Bajas de combate”

Quizá por el comienzo de un ukelele minucioso, quizá por sorprenderme entre compases con una trompeta de las que me fascinan. Sin duda por ser una amante de los temas ascendentes y los finales apoteósicos, y sobre todo porque me ha hecho recordar que puede haber canciones preciosas que no hablen de amor. “Bajas de combate” fue mi debilidad en la primera escucha, y lo sigue siendo, como esas canciones que repites al despertarte, como aquellas que escuchas un día tras otro al acostarte. Como la buena música que hace que recordemos los temas más agrios y que todavía nos apetezca seguir escuchando. Y tanto. Hasta que se convierte en esa banda sonora que te acompaña en muchos pequeños momentos.
María


2. “Tenemos que hablar”

Me llamo Pedro y “Tenemos que hablar” es una amable retrospectiva de mi historia de desamor con mi jefa. Tras tres años de tormentosa relación, el punto y final para mí lo ponen Tiger And Milk con esta visión formalmente irónica y suave de algo con un trasfondo muy áspero. El aire coral y armonioso, que sobrevuela sobre lo traumático, recuerda que la vida sigue y que las duras lecciones aprendidas se digieren y ya está… porque en la vida unas veces se gana y otras se aprende. Y Tiger And Milk nos recuerdan que este proceso se puede y debe vivir levantando la cabeza, con optimismo… y a otra cosa.
Pedro


3. “Saltos de trampolín”

Una lección de vida empaquetada en una canción que parece que quiere (y no puede) pasar silenciosa, como de puntillas… A mí, “Saltos de trampolín”
me habla de ese momento en el que lo que piensen los demás te deja de importar y empiezas a vivir tu propia vida en vez de la que te marcaban otros, cuando te conviertes en el prota de tu historia. De primeras puede resultar una canción pesimista, sobre gente triste que se queda a escuchar música en su coche, pero a mí me parece que está llena de esperanza, como un jarro de agua fría para que despiertes de un trágico hechizo. Supongo que de ahí el título, porque al final es como atreverte a saltar de un trampolín sin saber muy bien si hay agua debajo… Me encanta eso de “no son tan oscuros los caminos que conducen al desastre, viene todos indicados”. Además, la melodía me parece brutal y la trompeta le sienta de maravilla.
Vanessa

4. “Verbena 2000”

Sin dejar atrás su sonido característico, Tiger and Milk nos sorprende con un salto adelante en su forma de componer, con un magnífico sonido y ejecución que nos devuelve al universo pop de principios de los 80. Recordar sonidos para volver a soñar con el pop.
Juan

5. “Sinfonía de bolsillo”

(Javi y Sonia)Tiger And Milk se ponen con las manos en la masa y logran hacer buñuelos de viento a fuego lento… ¡en forma de música! Grandes ingredientes para una gran canción.
Javi y Sonia

6. “Diablu y abogáu”

“Diablu y Abogáu” cuenta un viaje hacia el abismo guiado por el mal. Es un tema desgarrador, con una cadencia que te va arrastrando hacia una espiral de oscuridad, igual que el diablo lleva a su víctima, y te estremece a golpe de guitarra. Una letra en bable y su cierto ritmo folk visten la historia de antigua leyenda cuando, tristemente, bien podría ser actual. Porque Tiger And Milk nos recuerda, con su canción más tenebrosa, que el diablo nunca duerme. Noelia

7. “Cariño a fin de mes”

Con ritmos circenses, el desamor o el amor gastado se mezclan en esta canción con ciertos toques de melancolía, como queriendo retroceder a lo que fue pero ya no es. A pesar de contar un final que está a punto de materializarse, la canción deja entrever un poco de luz a través de sus notas animadas, emanando una ambivalencia que uno siente de golpe desde la primera nota. Es una canción al más puro estilo Tiger And Milk, jugando con sus dos voces, con su sonido tan peculiar e íntimo, y con sus cuidadas y metafóricas letras con las que seguro que más de uno nos hemos sentido identificados. Pepa

8. “Vienes tú”

Siempre es un placer escuchar la voz de Pilar, dulce y sugerente, y en este tema podemos resarcirnos. Un corte suave, de cuidados arreglos (con referencias claras a Belle And Sebastian o Sambassadeur), cuya melodía nos envuelve de nostalgia en movimiento, como si los juegos de feria fuesen trasladados a la vida real y la apuesta no pudiese ser otra que dejarte llevar. “Vienes tú” te reconforta, te invita a convertir los finales en nuevos principios.
(Cris y Mónica)

9. “El hombre del saco”

Era por la noche, una sala pequeña en Madrid, próxima a la Gran Vía. Un tipo con un rabo de tigre colgándole por la parte trasera del pantalón tocaba en el escenario. La vio bailando a un par de metros de éste, estaba sola. Llevaba el pelo corto y revuelto, y los labios pintados de un color oscuro. Vestía unos vaqueros desgastados y una camiseta igual a la de Kim Gordon, cuyo mensaje dejaba claro que fueron ellas quienes inventaron el punk rock. Estaba ensimismada, bailaba con la cabeza gacha y moviéndola de un lado a otro, los ojos cerrados y los brazos pegados al cuerpo. Él bebía leche apoyado en la barra, en la otra punta de la habitación. La observaba tras su antifaz de arpillera, tranquilo. Había más chicas en la sala, pero era ella la que acaparaba su atención. Estaba convencido de que podía hacerla feliz. Dejó el vaso sobre la barra, se ajustó su antifaz y caminó hacia ella. Según andaba, el tipo con rabo de tigre chasqueaba los dedos desde el escenario, al ritmo que marcaba el bajo. Después se sumó una guitarra y al instante la batería. Poco después sonarían las trompetas. Estaba a su lado cuando la canción llegó a su fin. Era por la noche, una sala pequeña en Madrid, próxima a la Gran Vía.