¿Hay vida después de “Agaetis Byrjun” (Pias/Edel, 00), tercer disco de Sigur Rós? No. En todo caso, habrá resurrección. La suya. Pero por el momento conformémonos con la resaca que aún perdura del disco de rock más importante de los últimos años.

El Nuevo Testamento

Muy de vez en cuando, se diría que en contadas ocasiones, se nos aparece Dios en forma de música, en forma de sonido identificable, de melodías al acecho, cercanas, próximas. Sucede con tan poca frecuencia que en el momento en que sentimos la presencia de ese aliento divino, de ese remor de fuerza no terrenal, uno aprende a no olvidar ese instante para el resto su existencia. En la vida suceden algunas cosas importantes: “Agaetis Byrjun”, tercer disco de los islandeses Sigur Rós, ya es una de ellas. Se ha hablado mucho, aunque nunca nos parezca suficiente, de este disco, de los arrebatadores trazos musicales que lo moldean, de su inigualable belleza. Y los adjetivos no mienten. Pero está claro que con este álbum hay que mirar por encima del hombro al acontecimiento estrictamente musical. Esto es algo más que un compendio de notas y melodías. Tiene que serlo. Porque la profunda, casi arquitectónica, transparencia de su discurso permite imaginar, sin miedo a la página en blanco, una sucesión inacabable de telones de fondo tras cada escucha, tras cada paseo por los rincones más increíbles que nos ha dado la música en mucho, muchísimo tiempo. Encajar, aquí y ahora, términos, referencias, miserables etiquetas en su enjambre sonoro sería imperdonable. Es tan ridículo hablar de new-age como hablar de out-rock; tan miserable acudir al sinfonismo como al post-rock. En todo caso, sólo vale resaltar que “Agaetis Byrjun” tiene más elementos en común con Arvo Pärt, John Tavener o Johan Sebastian Bach que con cualquier banda de nuestra actualidad. La espiritualidad sólo está en manos de unos pocos elegidos, y Sigur Rós, pese a quien pese, se encuentran dentro de ese círculo privilegiado. Su música transmite fascinación y misterio, melancolía y proteccionismo, preciosismo y tranquilidad… y muchas cosas más. La verdad es que se hace complicado explicar qué representa para algunos la música de Sigur Rós. ¿Es el milagro que nos prometieron algún día y que al fin ha llegado? Ya podemos mirar al cielo… y sonreír.

“Siempre he pensado que la melancolía es el mejor estado mental para expresar cosas”

Aunque el sonido Sigur Rós deambula, como también sucede con Godspeed You Black Emperor! y algunas otras excepciones, muy por encima de la comparación estilística, es fácil contabilizar una serie de referencias musicales que, de una manera u otra, han dejado huella en “Agaetis Byrjun”. La sombras alargadas de My Bloody Valentine, Slowdive, Cocteau Twins, This Mortal Coil, Michael Nyman, Arvo Pärt o Górecki se pasean por las latitudes, por cada uno de los rincones, aún inexploradas por completo a día de hoy, del disco. La constante: la sensación de irrealidad de unas canciones emparentadas con la magia de lo desconocido. Algunos prefieren llamarlo belleza. Y sí, hablamos de belleza, de la belleza que nunca muere: la eternidad. “Agaetis Byrjun” es una de las obras más hermosas jamás grabadas porque se trata de un artefacto inmortal; de un ejercicio lírico incapaz de sucumbir al poder de las buhardillas habilitadas en nuestra memoria; de un plástico absolutamente impermeable al polvo, las grietas y la naftalina. “Creo que ese es el objetivo principal de nuestra música: encontrar la belleza. Y, en general, creo que el arte necesita de la belleza para transmitir cosas, para emocionar. Estoy de acuerdo contigo en el hecho de que nuestra música es melancólica. Siempre he pensado que la melancolía es el mejor estado mental para expresar cosas. Cuando te sientes melancólico tus sentidos se agudizan en mayor medida y eso te capacita para ver y pensar de forma distinta. Pero nuestra música parte de una melancolía esperanzada, trata de aprovechar el aspecto positivo que hay en esas emociones. Por eso intento dejar claro que “Agaetis Byrjun” no es un disco triste, sino melancólico”. La inexistencia terrenal de este álbum estriba en un hecho fundamental: Sigur Rós han creado un monumento que, literalmente, flota por encima de nuestro día a día. Lo hace porque en su contenido, en ese volcán en constante estado de alerta, subyace la misma pasión, la misma intensidad afectiva por las músicas religiosas del pasado que por los acontecimientos sonoros de factura reciente: la grandeza inagotable de Bach, la polifonía triste y subyugante de Arvo Pärt, la ralentización rítmica de Slowdive, las voces etéreas de Cocteau Twins, los ecos minimalistas de Nyman o la ordenación del ruido de My Bloody Valentine. Es esa inigualable unión entre pasado lejano y actualidad el elemento, siempre facturado con una precisión sobrecogedora, que determina la grandeza de la banda. Su discurso traspasa las barreras del tiempo. “Mucha gente ha escrito los nombres de Arvo Pärt, My Bloody Valentine y tantos otros nombres. Y yo, por ejemplo, he descubierto la música de Arvo Pärt desde hace relativamente poco. Y aunque es muy halagador que nos comparen con este tipo de referencias, creo que no han sido una influencia directa en nuestra música. Estamos más influidos por los paisajes que nos envuelven que por determinada banda o compositor. En cierto sentido, nuestra influencia surge de nosotros mismos, de nuestro interior. Surge como una reacción a aquello que nos envuelve o nos sucede en nuestra vida diaria. El hecho de que nos pueda gustar un disco u otro es circunstancial”.

Fluyan Mis Lágrimas

“Su sonido es el de las lágrimas de Dios”, escribió un crítico británico. Las más importantes publicaciones inglesas gastaron portadas y elogios. En España, su disco ocupó los primeros puestos en las listas del 2000 confeccionadas por Mondo Sonoro, Go BCN y aB. ¿Quién es esta banda que tiene a toda la prensa europea arrodillada ante su altar?¿Por qué Sigur Rós han conseguido atraer la atención unánime del círculo musical más inquieto? “Hay críticas exageradas… sin duda alguna, estamos sorprendidos por la acogida que ha tenido el disco fuera de nuestro país. Es algo que nos hace felices porque es una recompensa a nuestro trabajo. Que nos cataloguen de una forma u otra ya es algo secundario que nos interesa menos. Nosotros somos una banda de rock que trata de plantear las cosas de manera distinta y personal”. Y es que las etiquetas no cuajan cuando toca afrontar los parámetros discursivos de la banda islandesa. Out-rock, post-rock e incluso new-age han merodeado por nuestras redes periodísticas. ¿A quién creer? “Bueno, si alguien afirma que nuestro disco es new-age, entonces no ha entendido absolutamente nada del disco. En realidad, es ridículo (risas). Repasemos, pues, los acontecimientos. El primer punteo cabe buscarlo en “Von”, un debut marcado por su perfil ambient que auspicia en su recorrido algunos momentos relevantes. Tras un álbum de remezclas interesante aunque desigual, “Von Brigdi”, y un maxi-single que incluía dos canciones a su vez presentes en “Englar Alheimsins”, una banda sonora realizada por Hilmar Öm Hilmarsson, el tercer disco “Agaetis Byrjun” se plantó ante nosotros con todos los síntomas reconocibles de la obra ebria de verdad, lirismo y emoción. El signo de una formación que, además, supo agradecer sus orígenes, sus raíces -tanto musicales como personales-, cantando o, mejor dicho, acompañando la música en islandés. Bueno, sería más correcto afirmar que su idioma es una mezcla de islandés y lenguaje inventado. Sigur Rós han creado un lenguaje propio (Hopelandish) donde prima, como también sucedía con el idioma propio de Elizabeth Fraser en Cocteau Twins, la forma sobre el fondo, donde importa más entablar poesía musical que poesía textual. “Bueno,
esa web de la que hablas no era oficial. En las traducciones que
hicieron había algunos errores y les pedimos que la retiraran porque
nosotros al final haremos una traducción al inglés de los textos para
evitar confusiones. Ocurre que en islandés una palabra puede significar
distintas cosas, y depende mucho de cómo la pronuncies para que tenga un
significado u otro. Nuestras letras están hechas en islandés, aunque
hay palabras que nosotros hemos inventado, que no existen, y palabras
que pronunciamos de una forma determinada, aunque el significado de
éstas no se corresponda con el original, porque hay ocasiones en las que
un simple tarareo tiene más sentido que una frase. Para evitar
confusiones, hemos decidido, como te decía, hacer la traducción oficial
de los textos”
. Georg Holm, uno de los cuatro miembros oficiales del
grupo (los otros tres son Jon Por Birgisson, Kjartan Sveinsson y Orri
Pall Dyrasson), y el único que habla inglés con un poco de soltura (y
resalto lo de ´un poco´), se prestó al juego, inútil en el caso de Sigur
Rós, de la pregunta-respuesta. El hecho de cantar en un idioma tan
minoritario como el islandés, ayudado por la circunstancia de que la
única traducción que existía de sus letras, vía internet, fue retirada
por petición expresa de la banda, imposibilita la comprensión de sus
textos. Factor, sin duda alguna, que potencia la poética del sonido, la
profundidad del pentagrama. “Para nosotros la música es primordial,
esencial. No se trata de que le demos menos importancia a nuestras
letras, sino que simplemente consideramos esos textos como un
complemento de la música, como algo adicional, algo que va unido al
sonido. Y tampoco es nuestra intención renunciar a nuestra lengua
natural”
. A partir de ahí, Sigur Rós dejan de ser promesa para
convertirse en leyenda. Un disco ha bastado para conseguir la
beatificación. Ahora es cuando empieza su presente. Esa es la pista que
deja sobre la mesa este ´buen comienzo´ (la traducción de “Agaetis
Byrjun”): la huella imperturbable del genio en fase de derroche. “Bueno,
nuestro próximo proyecto consistirá en realizar una banda sonora para
un documental sobre paisajes y vistas de Islandia. Es un proyecto que
nos interesa porque nos permitirá realizar algo que deseábamos hacer:
una banda sonora. Y los parajes de Islandia nos inspiran muchísimas
cosas”
. Inspiración, misterio, magia, melancolía, belleza, grandeza,
esperanza, lágrimas, providencia, gracia, eternidad, adoración,
súplica, sacrificio, omnipresencia, salvación, búsqueda, emoción,
sentimiento… en efecto: Dios existe… y tiene forma de embrión.