Michael Gira al otro lado del teléfono. Responde a las preguntas desde el local de ensayo del grupo, una cabaña situada en las montañas al norte de New York. Allí Swans ultiman la presentación en directo de “The Glowing Man”, decimocuarto álbum de la banda, cuarto desde que Mr. Gira reclutara para la causa a Christoph Hahn, Phil Puleo, Thor Harris, Christopher Pravdica y Norman Westberg (el único que había formado parte de anteriores encarnaciones) y tercero de esa suerte de trilogía esotérica que conforma junto a los también discos dobles “The Seer” (2012) y “To Be Kind (2014). “The Glowing Man” es además, para el que esto escribe, el álbum que cerrando un arco permite a Gira hacer las paces con su convulso pasado. En el disco, entre extáticas progresiones que se van por encima de los veinte minutos y que ya habían caracterizado a sus predecesores, se cuelan canciones como “People Like Us” o “When Will I Return” (interpretada por la esposa de Michael, Jennifer Gira) que remiten a aquellos Swans co-liderados por Jarboe que durante la década de los noventa exploraron las posibilidades del folk gótico. Es, por último, un punto y final, la despedida de un grupo dejará de existir tal y como lo conocíamos cuando termine la gira de presentación de “The Glowing Man”. Michael Gira asegura que continuará colaborando con otros músicos y publicando discos como Swans, al margen ya de las exigencias de una banda. Pero, más allá de lo que depare el futuro, su actividad en el periodo que va de 2010 a 2016 (y más concretamente estos inabarcables tres discos) se ha convertido por derecho propio en pura mitología rock. No sólo por las cotas que han alcanzado en estas seis horas largas de música, sino por las cumbres que a lo largo de todo el proceso han aspirado a conquistar.


Hola Mr. Gira. Voy a hacerle unas preguntas cara al artículo de portada de nuestro número de julio, ¿de acuerdo?
Perfecto. Muchas gracias por vuestro apoyo.

Lo primero que quería preguntarle es en qué momento en concreto es consciente de que este disco va a tener más matices y una producción más detallista que “The Seer” y “To Be Kind”, tal y como usted mismo explica en la nota del disco.
Simplemente es algo que ocurrió, intentando hacerlo lo mejor posible. No había una decisión estratégica previa. Pero al mismo tiempo también debo decir que era plenamente consciente mientras grabábamos el disco de que era el último de esta versión de Swans, y en ese sentido nos esforzamos muy especialmente en que tuviera la mejor producción posible.

En mi opinión “The Glowing Man” es también el álbum de esta suerte de trilogía que mejor conecta con el pasado de la banda. No sólo porque recupera las letras de “The World Looks Red”, sino también porque es aquel en el que aparecen de manera más obvias los ecos de la etapa Jarboe en canciones como “When Will I Return” o “People Like Us”. ¿Está de acuerdo?
Bueno, efectivamente durante los años noventa Swans tuvimos discos con un sonido más acústico, pero yo no pienso de esa manera, creo que ese es un análisis más habitual de quienes os dedicáis a la crítica. En nuestro caso simplemente nos enfrentamos a las canciones dándoles una forma concreta, de tal manera que podamos guiar a quien nos escucha a un mundo especial dentro del cual podrían vivir.

No parece usted una persona nostálgica, ¿me equivoco?
No, para nada, no lo soy.

¿Por qué recupera la letra de “The World Looks Red”, el tema que interpretaban Sonic Youth en “Confussion Is Sex”?
En realidad la respuesta a eso es muy simple. Tenía la línea de guitarra que es la base de la canción pero no la letra, y recitaba frases un poco al azar, como cuando Paul McCartney cantaba “scrambled eggs” para lo que luego terminó convirtiéndose en “Yesterday”. En ese contexto me vino a la cabeza “The World Looks Red” y empecé a cantarla. No había un motivo concreto, simplemente empecé a utilizarla y, pasado un tiempo, pensé que por qué no recuperarla. Así que lo hice.

¿Hay algo incómodo en enfrentarse a los pensamientos, palabras y a las obsesiones de uno mismo treinta años más tarde?
Sí, es como si lo hubiera escrito una persona totalmente diferente. Tal vez eso es precisamente lo que lo hacía atractivo. No tenía ningún tipo de conexión emocional con esa letra, me parecía un retrato muy poderoso de la más absoluta paranoia, lo que por otra parte describe bastante bien el estado de mi cabeza en aquellos días. Vivía en la 63 Avenue D., que era un barrio muy peligroso en aquel momento. Además, por aquella época también estaba tomando ciertas substancias y mi mente se estaba devorando a sí misma, básicamente. Y esa letra refleja ese estado mental de manera muy efectiva.

En una entrevista en 2007, rememorando los primeros años de la banda, usted decía: “No tenía nada que ver con una cuestión intelectual de sentarse y pensar en cómo crear un ritual con el que llegar a trascender, lo único que quería era tener la experiencia más poderosa posible, casi religiosa”. ¿Se ajusta esta idea todavía a lo que Swans son a día de hoy? ¿Es esencialmente esa la diferencia entre el material que ha grabado con Swans y su otra faceta como The Angels Of Light?
Bueno, creo que es la responsabilidad de cualquiera que componga música hacerla lo más atractiva e impactante posible. He descubierto en estos casi siete años de girar con la banda que la música cuenta con la propiedad de transportarnos a un estado de autoinmolación, que es un buen lugar en el que habitar, y por eso intentamos conducir el directo hacia allí. En los discos obviamente es diferente: no existe esa experiencia de estar viviendo un momento único, y en nuestro caso además esa experiencia está condicionada por determinados elementos como el volumen. Todo eso hace que subirme al escenario a interpretar estas composiciones sea lo más cercano que personalmente he estado de vivir una experiencia religiosa. Y no me gustaría sonar pretencioso, pero cuando tenemos un buen día (que no siempre lo tenemos) estar sintiendo eso es la experiencia más cercana al éxtasis que puedo imaginar.

La música cuenta con la propiedad de transportarnos a un estado de autoinmolación, que es un buen lugar en el que habitar

En “The Seer” participaban bastantes colaboradores externos: Mimi y Alan de Low, Ben Frost, Karen O, la propia Jarboe,… La lista se redujo en “To Be Kind” (Cold Specks, St. Vincent, Little Annie), y prácticamente se limita a los músicos de sesión en “The Glowing Man”. ¿Puede ser una señal más de cómo la banda ha ido encontrando su lenguaje personal y cada vez más se ha concentrado sobre sí misma, alejándose de injerencias externas?
Bueno, es que yo personalmente pienso que estamos solos haciendo nuestra música. La mitad del material de este disco se desarrolló en los directos y creció de una manera orgánica durante los 16 o 18 meses que duró la gira: concretamente esos temas son “Cloud Of Forgetting”, “Cloud Of Unknowing”, “Frankie M” y “The Glowing Man”. Son canciones que nacieron con una estructura mucho más simple y crecieron de forma natural a través de la improvisación sobre el escenario, eliminando cosas, añadiendo otras hasta adquirir la forma final. Luego están el resto de canciones del disco, que escribí con la guitarra acústica y fueron arregladas en el estudio.

A propósito de esta etapa ha llegado a decir que “ha sido el desafío más consistente de mi vida musical y con el que más realizado he llegado a sentirme”. ¿Considera que se trata simplemente una cuestión del talento musical de los implicados o influyen otra serie de factores?
Esta formación es la más conectada desde el punto de vista psíquico de todas las que yo haya formado parte nunca. En el pasado los miembros de Swans cambiaban a menudo, a pesar de que algunos como Norman o Jarboe formaron parte del grupo durante muchos años. Pero jamás hubo hasta ahora una formación de Swans con seis miembros que actuaran al mismo tiempo como un solo cuerpo o una misma mente. Ha sido un momento realmente importante en mi vida encontrarme envuelto en una situación de este tipo.

¿De qué manera ha cambiado a lo largo de estos años la relación dentro de la banda y sobre el escenario?
Ha sido simplemente una cuestión de tocar. Cuando empezamos a girar en el 2010 hicimos lo habitual en esos casos, que es tocar la mayor parte de canciones del nuevo disco y algunas que recuperamos del pasado. En ese momento rápidamente descubrimos la química entre nosotros y empezamos a ver que no había verdad sino falsedad en reproducir las canciones tal y como habían sido grabadas en el disco. Así que fue natural que fuera la propia música la que nos guiara para descubrir en cada momento qué podía pasar mientras tocábamos.

Tengo curiosidad por conocer qué es lo que ocurre inmediatamente después de experimentar todo eso sobre el escenario, al dejar los instrumentos y llegar al camerino…
Es algo similar a cuando tienes el sexo más trascendental y espiritual con alguien a quien amas y sientes que estás totalmente conectado con el Universo. Y entonces todo termina… y te fumas un cigarrillo, ¡ja!

Así que, básicamente, os quedáis en silencio, jajaja
Ya sabes, eso forma parte de la experiencia de vivir… Para mí, no obstante, es importante la idea de que la música nunca termina, siempre está transformándose y sigue viva, por eso siempre me interesa más lo que viene después que lo que acabamos de hacer. Ahora mismo estamos ensayando mucho antes de salir a tocar, dándole vueltas a la manera en que podemos transformar estas canciones en algo más.

Poner punto y final a esta etapa, ¿supone renunciar a seguir trabajando con este nivel de intensidad y ambición en el futuro?. Es decir, ¿existe la sensación dentro de Swans de que lo habéis llevado al límite, de que no es posible llegar más lejos?
No, realmente no creo que sea posible llevarlo más lejos. Es por eso que he decidido tomar otro camino, trabajar con un grupo de gente diferente en cada disco y no volver a contar nunca más con una banda permanente. Ya sabes, la gente tiene sus vidas, sus compromisos, y otras cosas que hacer…

Entonces ha sido la decisión de Michael Gira…
Sí, era el momento de parar.

Cuando en las notas del disco habla de ese extracto de “Bring The Sun” que forma parte de “The Glowing Man”, la canción, dice: “En el pasado nos paralizábamos y resultaba imposible interpretar la canción al completo”. Me parece una excusa perfecta para conocer vuestras sensaciones sobre las grabaciones de Swans, concretamente en estos tres últimos discos. ¿Son las versiones que aparecen en los discos las más conseguidas, las definitivas? ¿O por el contrario percibís la grabación como una mera herramienta para acceder a vuestro público y poner la maquinaria a girar?
La grabación es un paso más en el camino. No considero las grabaciones más importantes o completas que las interpretaciones en directo, ni siquiera considero que esas canciones que han sido grabadas para un disco sean las versiones finales de esos temas. Una canción suele arrancar con una versión acústica con la guitarra y una letra, después un desarrollo en directo con la banda que puede durar varios meses, y finalmente se graba transformándose de nuevo. Pero cuando volvemos a tocar en directo ese tema sigue evolucionando, mutando, así que no se puede decir que esté terminado del todo en ningún momento.

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