Después de ofrecer un concierto desigual en el más masivo festival de Benicàssim hasta la fecha, Los Planetas presentarán en sociedad su nuevo disco, “Encuentros con entidades” (RCA, 2002), un nuevo paso en su carrera que, atendiendo a sus propias palabras, “no es un disco definitivo”, sino una encrucijada que dirigirá sus pasos futuros. O algo parecido, vamos.

La leyenda –o lo más parecido a una leyenda que tienen las generaciones post-movida- continua. Pero no teman, que esto no va a ser una hagiografía al uso, que para eso ya hubo quien publicó antes de tiempo “La verdadera historia de Los Planetas”. Y pese a los malos augurios que vaticinaba tan sesudo análisis, parece que aún les quedan gin-tónics que trasegar. Por lo menos, unos cuantos la tarde de la entrevista. A alguno se le van notando: aunque lo negarán más adelante, la edad factura con IVA. (Florent) “¿La verdadera historia de Los Planetas? Bueno, no sabemos nada de Jesús Llorente desde entonces. Escribió el libro y salió corriendo. Para mí que lo está escribiendo por fascículos. Un saludo a Jesús”. Un par de apuntes: a) tener la edad que tengo (no pregunten, panda de maleducados) me vacuna contra el riesgo de creerles más de lo necesario o de verlos como ídolos vitales o letristas que cambiaron mi mundo, aunque no olvido que lo son para mucha gente que va a leer esta entrevista; y b) habrán pasado épocas de distanciamiento, pero hoy se llevan como en una (empalagosa) reunión de anuncio de Doritos Dippas, incluyendo a Miguel y Banin, bajista y teclados, ya incorporados de pleno derecho al engranaje.

“Es cierto que cada vez va más gente a los conciertos. Incluso padres de familia. Es un síntoma de decadencia”

Es tiempo de promo de nuevo disco, “Encuentros con entidades” (RCA, 02). Como “Unidad de desplazamiento”, otra vida extra en el videojuego Spanish Planets. Sin el factor sorpresa, esta vez no será el mejor disco del año (ya lo verán), pero muestra una banda más madura y calmada, con menos brumas instrumentales. Hasta dispuesta a que se entiendan las letras, incluso en la advance copy con seis canciones sin masterizar con la que afronto la entrevista. “(J.) El disco tendrá diez canciones, como siempre. Está bien, aunque nos podría haber quedado mejor. Me sorprende la fortaleza que hemos tenido para hacer el disco en nuestras circunstancias actuales. Hay novedades, Miguel participa plenamente en la banda con una canción propia y el diseño de la portada” (la del single ha corrido a cargo de Aramburu, pero así lo dijeron…). (Eric) “En esto nuestro puedes acabar muy mal psicológica y físicamente. Lo que haces con tu vida es una hipoteca y has de buscar el poco equilibrio que te queda y usar este estado para expresarte musicalmente. Al principio se supone que a ti te gusta una determinada manera de expresión a la que le pillas el rollo, pero cada vez te cuesta más trabajo expresarte de esa misma manera. Eso es este nuevo disco”. Está clarísimo… (Banin) “No es un disco definitivo, es un disco que nos va a permitir ir hacia delante o hacia atrás”. ¿Nos vamos aclarando? Os echo una mano: “Encuentros con entidades” es la continuación estilística lógica de “Unidad de desplazamiento”. Ni más ni menos. Ni mejor ni peor. Los Planetas dos años después de su mejor disco. Y es que por muy pasado de vueltas que se pretenda ser -o se sea- hay que ser muy Radiohead para cambiar lo que funciona. Y me temo que J. y compañía -aunque no tan poco como pretenden aparentar- se toman a sí mismos con mucha menos trascendencia que Thom Yorke. Que para algo son de Granada. Pero a mí no se me olvida lo que ha dicho J., desparramao con el gin-tónic en el sofá del bar del hotel con su mejor pinta de J., de “nuestras circunstancias actuales”. (Florent) “Seguimos con la vida dura. Sexo, drogas y rock´n´roll. Haz un gazpacho con todo. En realidad estamos buscando la fórmula para no tener que pasar por este calvario. No hemos pretendido forjar ninguna leyenda de mala vida. La locura la llevamos dentro y la desarrollamos porque sí”. (Miguel) “Y se acentúa cuanto más mayores: más viejos, más pellejos”. Haber vivido los primeros ochenta, aquí y en el Londres post-punk, me hace muy escéptico al respecto del lado oscuro de las bandas actuales, en general bebés de teta al lado de los descerebrados politoxicómanos militantes del “no futuro” que entonces poblaban los escenarios de nuestras vidas. Pero entiendo que para quien haya crecido en los años que pusieron la semilla para que pudiera germinar un engendro como Operación Triunfo cuatro pastis, siete copas y tres desplantes basten para construir un icono anti-sistema sin salir del sistema. Porque no os engañéis: los hay más o menos integrados, pero hoy nadie es del todo ajeno al yugo becerril sistematizado. Así que las nuevas generaciones o tiran de cuentos de hermano mayor que no han vivido o van parcas de ejemplos en negativo… Por eso y por la adicción que supuran sus letras generacionales y urbanitas, Los Planetas se han convertido en un grupo de fans. Indies, alternativos y con el peinado de moda, pero hiper-fans militantes y dispuestos a morir por su ideal, por lo que cante J. o lo que cuente Florent. Desde “Un buen día” pueden hacer lo que les venga en gana, que no se les escatimarán aclamaciones. (J.) “Eso no es verdad, aunque no niego que nosotros hacemos lo que nos sale de la polla. Será por eso que tenemos ese reconocimiento, porque por lo que hemos hecho no va a ser. Tío, si no hemos hecho nada. Eso es lo único”. Con cierta expresión de incredulidad, fingida o no, parecen plantearse lo que pueden significar para sus seguidores y la responsabilidad que supone. Es el primer momento en que se callan los cinco durante el rato que llevamos diciendo chorradas. Y a mí, que a menudo tiendo a buscarme problemas, no se me ocurre nada mejor que aportarles como ejemplo esa leyenda urbana (que varias fuentes me han dado por cierta aunque valga igual si es falsa) que cuenta de un pelopegao (n. del trad.: indie jovencillo con peinado de medio flequillo fronto-lateral relamido contra el occipital como los que dibuja Labanda) que en un FIB, pasadito él a altas horas, alardeaba frente a quien le escuchara de que su novia se la había chupado a J. de Los Planetas. Y el chaval lo contaba con orgullo, arrobado con ella. Igual hasta conservaron congelado un poco de… Bueno, eso… Cuando recoge los huevos del suelo, J. se descojona vivo, sin dar crédito a la historia. “Hombre, nosotros estamos para repartir felicidad a todo el mundo, de cualquier manera posible que esté en nuestras manos. No vamos a escatimar ahora nuestro amor por la gente, que siempre se merece lo mejor”. (Florent) “Eso debió ser cuando preguntábamos dónde estaba J. durante todo el Benicàssim… Es curioso que los fans nos guarden un lugar en sus vidas”. Y más curioso que ellos no sean conscientes de ese lugar. De que sus letras, andamiadas en unas melodías aparentemente simples pero tan punzantes y difíciles de extraer como un arpón expandido, son seguidas y analizadas con fervor casi litúrgico por parte de su audiencia. (Miguel) “Eso no lo pensamos. Tú sí, pero nosotros no. Aún no hemos sentido el vértigo de la gente. El edificio no es tan alto y no queremos creer que la gente hace caso de lo que decimos”. (Florent) “Piensa qué pasaría si nos hicieran caso. Mala vida, nadie trabajaría… Pero es cierto que cada vez va más gente a los conciertos. Incluso padres de familia. Es un síntoma de decadencia”. (J.) “Esta vez las letras se entienden más, pero sólo lo suficiente. No son tan importantes. Lo serían si dijéramos algo que mereciera la pena. Entonces sí importaría la voz, pero es que no decimos nada de interés. No creo que la gente nos considere guías espirituales, pero si lo han de hacer que sigan lo que digan Eric y Floren. Son los gurús”. El camino del conocimiento Zen. El acceso al Palacio de la Sabiduría a través del exceso. La insania. Su conocida –de J. y Florent- filiación azulgrana (“Mil millones de veces” se iba a llamar “Perdió el Barça” como ejemplo de lo que para ellos es un momento triste). Mi banda favorita, los austra