Corren tiempos en los que dinosaurio del rock es sinónimo de anquilosamiento, de decadencia y de mil defectos más. Sólo que, permítanme que lo apunte, el caso de AC/DC se me antoja algo distinto. Cierto que su fórmula jamás ha cambiado un ápice o que incluso «Ballbreaker», producido por Rick Rubin, sonaba a ellos por los cuatros costados, pero los australianos –no me vengan con esas ahora, por favor- han sido capaces de firmar mil canciones iguales aunque distintas, mantener viva la llama del boogie rock y, de paso, seguir ofreciendo grandes y multitudinarios conciertos de rock en unos tiempos en los que rockero y rockista suelen usarse de forma despectiva. Obviamente, su nuevo álbum «Stiff Upper Lip» –un retorno a sus raíces- no hace sino subrayarlo.

Supondrán, tras repasar las escasas líneas escritas hasta el momento, que este artículo ha sido escrito desde el prisma de un fan. Digamos que a AC/DC –entre muchos otros- les debo estar dedicándome profesionalmente a esto de la prensa musical. Por ello, aceptando de antemano que ellos no son capaces de reinventarse como U2 o de echar un pasito adelante y otro atrás como los Stones, juzgo su reciente «Stiff Upper Lip» (East West/Dro, 00) según otro baremo: el suyo propio. Así, podría aportar en beneficio de lo educativo que se trata de un retorno a los AC/DC más clásicos, quizás a los de «Powerage» que decía aquel, de una cierta huida –aunque alguno haya- de los hits tipo «Ballbreaker», «Tunderstruck» o «Hail Caesar». De ahí ese regustillo añejo que transpiran «House Of Jazz», «Can’t Stop Rock’n’roll» o «Satellite Blues». De todos modos, nada resulta mejor que la propia experiencia, por lo tanto juzguen por ustedes mismos. No es su mejor disco, no sorprende, pero es una excelente ocasión para recordar lo bien que lo pasamos con ellos. Y eso parece ser más o menos lo que la banda de los hermanos Young pretende. Brian Johnson, al otro lado del teléfono, hablará conmigo sobre eso. En primer lugar, le apunto que Joan –en mi tierra- es nombre de chico («Oh, no importa, puedes llamarme cariño igualmente, colega») y, en segundo, que me ha sorprendido ese retorno a las raíces. «Mira, nos planteamos volver a meternos en un disco cuando Malcom y Angus estaban listos y tenían algunas ideas. Pensamos en volver al blues, queríamos rockear de nuevo y ese es uno de los motivos por los que volvimos a trabajar con George. Nos metimos en el estudio y esta vez hemos pasado juntos una de las mejores etapas de nuestras vidas, como si fuésemos chicos jóvenes de veinte años. La vida es dura y por eso es maravilloso pasarlo bien. Tengo la esperanza de que cuando el disco esté en la calle y la gente lo escuche todos puedan apreciar lo bien que lo hemos pasado grabándolo (risas). Espero que la gente crea que hemos hecho un buen trabajo. Teníamos muy claro que queríamos volver a nuestro sonido más clásico. Ha llegado el momento de dejar de ser serios, de volver a la diversión… creo que ha llegado el momento de que la música deje de ser una plataforma para mostrar inquietudes políticas o sociales, sobre religión. La música está en este mundo para divertir, especialmente el rock. Muchos artistas la han estado intentando convertir en algo triste y ¡eso no, por Cristo! (risas)» .

Puede que, precisamente por ese espíritu AC/DC sigan aquí. Reconozco ser perfectamente capaz de disfrutar con discos oscuros, tristes, pausados, pero cuando pretendo pasarlo bien pocos son capaces de conseguir los revulsivos resultados de Johnson y sus cuatro compañeros. Será, supongo yo, porque la vida de estos maduritos instrumentistas debe ser mejor que la nuestra. «Vivimos vidas cada uno a su manera mientras no tenemos discos que hacer. Y eso es algo que se refleja en las letras, lo que vivimos y también la diversión de los momentos en los que estamos juntos. De todas maneras, nuestras letras no pueden ser tomadas demasiado en serio. Lo importante es que todos nosotros podemos ser miembros de AC/DC, pero en el fondo somos gente corriente. La diferencia es que cuando componemos juntos damos con algo mágico que es AC/DC. Imagínate que soy una patata (risas), que otro de nosotros es verdura y así ocurre con todos (más risas), con lo que cuando nos juntamos conseguimos hacer un caldo perfecto, ja, ja, con ingredientes corrientes. Podemos ser un grupo importante, pero nunca olvidaremos quiénes son nuestros amigos, qué personas han estado siempre a nuestro lado y, por supuesto, tampoco olvidaremos de dónde venimos. Y creo que eso es parte del rock’n’roll, porque aceptamos que somos chicos que venimos de la clase trabajadora, aunque podamos ser estrellas del rock. Se trata de ser honesto, de serlo cuando andas por la calle. Yo vivo en Florida, donde el clima es cálido, y tengo una bonita moto con la que hago cientos de kilómetros arriba y abajo. También restauro algunos coches, me gustan los coches modernos. Veo a mis amigos, tengo un estilo de vida lo más divertido que puedo. También tengo un montón de buenos amigos en el mundo de la música. Intento ser una persona normal y suelo hablar con Malcom y Angus por teléfono frecuentemente, entonces llega un momento en el que me dicen que tienen buenas ideas y que me vaya a Inglaterra para cantar sobre esos riffs. Mi vida nunca es aburrida, siempre tengo cosas que hacer (muchas más risas)» . Johnson está contento, resulta evidente, por ello se ha encargado de gran parte de la promoción internacional de su nuevo y eso es algo que se agradece. Por ello, me permite sobrepasar el tiempo asignado a la entrevista y regañarle por los cinco años que separan a «Ballbreaker» de «Stiff Upper Lip». «Nunca nos planteamos el tiempo que va a pasar entre un disco y otro, pero no puede considerarse que realmente hayamos pasado cinco años sin dar noticias. Acabamos de girar en noviembre de 1996, después nos pusimos a pensar en las canciones del nuevo disco, pero tuvimos que aparcar el tema para dedicarnos un par de meses a encontrar buenas grabaciones para «Bonfire». Cogimos las cintas de los conciertos que habíamos hecho en Australia en los años setenta y escuchamos horas y horas de conciertos. Después fui a Londres a trabajar con Malcom y Angus. Más tarde nos reunimos con el resto de los chicos del grupo para acabar las canciones, así que no pasó realmente tanto tiempo como parece. Eso sí, no tuvimos presión por parte de la discográfica. Les dijimos ¡dejadnos jodidamente solos y os daremos un fantástico disco! Por eso cuando alguien como tú me dice que le gusta nuestro disco es como ¡yeah, rock’n’roll! Es algo que realmente me gusta (risas). Vuestra opinión es muy importante para nosotros. A veces puedes estar equivocado al intentar cambiar algo y puede ser la gente que acude a los conciertos quien te ayude a seguir el camino correcto. Además ellos son quienes realmente cuentan, son quienes van a gastarse todo su dinero en tus discos o tus conciertos… y tienen que trabajar duro para conseguirlo». Y ya que nuestra opinión –recuerden que aquí y ahora estoy ejerciendo más como fan que como plumilla- es importante, no puedo evitar preguntarle si, en ningún momento, AC/DC han pensado en variar algo en su línea, en experimentar con George Young o sin él. «Somos una banda de rock’n’roll básico y lo somos porque nos hace sentir bien. Ya existe otra gente que se dedica a experimentar con la música. De todas maneras, creo que en uno de los temas de este disco hemos experimentado un poco, en «House Of Jazz» hemos usado una construcción de tema nada habitual en nosotros y yo canto eso de –y aquí canta realmente- ¡Come into the hooooussse of jaaaaaazz! ¡Come into the hooooussse of jaaaaaazz! de una forma muy distinta. En cuanto a George, él sabe perfectamente cuál es el sonido de los viejos discos y eso era lo que queríamos conseguir en esta ocasión. De todas formas, George siempre ha sido algo así como el sexto miembro de AC/DC. Es una persona encantadora, amigable, siempre está de buen humor. Cuando empezamos a trabajar en este disco con él, nos dio la sensación de que estábamos realmente en casa (risas). Y respecto a todos los productores con los que hemos trabajado, ninguno ha llegado donde George. Porque lo que él aporta es algo más que técnica, él trae al estudio una especie de calidez especial y eso es lo que necesita nuestro grupo. Rick Rubin fue capaz de trabajar con nuestro sonido y hacerlo realmente bien; eso es importante, pero no lo principal. Lo más importante en George es ¡Cómo rockea! Si las canciones rockean duro, quiere decir que son buenas. Es una persona encantadora y cuando acabo de oír las canciones ¡yuju, yuju! (risas)» .