El festival Womad se consolida en Fuerteventura. Por lo menos las 35.000 personas que, según la organización, pasaron por está segunda edición en la isla majorera, así lo confirma. Los conciertos de “El Festival del Mundo”, como han rebautizado a esta gran y gratuita fiesta de las culturas, tiene lugar en el pequeño pueblo de Gran Tarajal en un espacio espectacular. Dos escenarios enfrentados, a apenas 100m, en una extensa y preciosa playa de tierra oscura. Entre ellos ciento treinta banderas multicolores, en hileras o agrupadas, se mantienen constantemente ondeando gracias a una suave, ligera y reconfortante brisa y con una temperatura de 25º en pleno noviembre. El ambiente no es exclusivo de gente joven, sino que hay público mezclado de todas las edades y el respeto entre ellos y hacia los artistas es máximo, sea cual sea la propuesta encima del escenario. Hay autenticas imágenes para el recuerdo, como el del final de cada concierto y el trasiego de público (a veces hasta corriendo) de un escenario a otro. Sin duda los Womad que se hacen en las Islas Canarias son especiales.

El viernes el folk-country-blues de Jaime Jiménez bajo su proyecto Red Beard y el “skarockkumbia” de Limando (antes Limando el Serrucho) fueron los nuevos talentos canarios encargados de abrir el festival. Hasta que le llegó el turno al valenciano Diego García, mejor conocido como El Twanguero. Que repitiera actuación tras su paso por el pasado Womad de Cáceres, dice mucho de su calidad. Con su efectiva banda repasó esas canciones fronterizas y que tan bien funcionan bajo el sonido vibrante del “twang” de su guitarra. Sonaron el “Guitarra dímelo tú”, que cantara Bunbury, “Pachuco”, que da título a su último disco o “Rockabilly mambo”, que dice mucho de los ritmos que hace suyos, y acabó homenajeando a Carlos Santana con su personal versión del “Oye Como Va”.

Como buen festival, Womad cumple horarios escrupulosamente y cada escenario cuenta con un presentador que explica didácticamente que es lo que vamos a ver y escuchar. Así que anunciaron a Orlando Julius como una de las leyendas africanas vivas de la música africana con más de 55 años en los escenarios. Y vaya si lo es. Este septuagenario mantiene una vitalidad envidiable y lo mismo hace solos ininterrumpidos de saxo (mediante respiración circular), que toca las congas, canta (quizás sin tanto carisma como su coetáneo y paisano Fela Kuti) o toca el teclado (alguien tendrá que hacer un estudio de por qué los grandes del afrobeat siempre tocan vientos y teclados). Aunque lo suyo no se limita al revolucionario afrobeat, va más allá, y añade jazz o soul al prefijo afro, sobre todo porque le acompañan los londinenses Heliocentrics, banda experimentada y eficiente que hicieron lo propio con el etiope Mulatu Astatke. Fue una agradable sorpresa disfrutar de esa energía tanto vital como musical.

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Y ya hemos dicho en más de una ocasión que en Canarias las propuestas latinas se viven de forma especial, así que los ritmos afro-peruanos repletos de electrónica y graves gordos de Novalima funcionaron a la perfección. Presentaron “Planetario”, su nuevo disco donde tradición y modernidad se dan la mano en temas como “Tinkalamina” o “Como yo”, con los que consiguieron que el público hasta invadiera hasta el foso bailando. Tras ellos de nuevo las cadencias latinas, pero entendidos de otra manera quizás más arrolladora y extrema, fueron las protagonistas del Womad. Los chicos de La Sra. Tomasa (en la foto) tienen un set estudiado y efectivo, con sus canciones de bases latinas y con injertos de samplers de diferentes estilos, pero puestos en directo de manera contundente y enérgica, encantaron y pusieron a bailar a todo el público.

La sorpresa del día llegó con 47Soul, cuatro músicos procedentes de Palestina, Siria y Jordania con teclados, guitarra, cajas de ritmo, percusiones y unas voces que lo mismos cantaban de forma tradicional que rapeaban. Sus teclados de ambientes árabes y sus bases programadas animaron también al baile sin remisión y vaya si lo consiguieron.

El final de la noche, en cuanto a bandas, llegó con la Orchestra Baobab, otros legendarios músicos africanos. Sus compases afrocubanos más relajados fueron ideales para acabar la noche. Y si algo se les puede achacar es que tiraron de profesionalidad y se echó en falta algo de intensidad y ganas, aunque al escuchar ese largo e imperecedero “Bul Ma Miin”, se les perdona todo.

El sábado de nuevo dos grupos canarios. Primero OnoFreeFadar, que tienen ecos de Mártires del Compás y de El Puchero del Hortelano en su música, y que se desenvuelven con mucha soltura, y después Maldito Ramírez de ritmos más sugerentes y tranquilos, fueron los encargados de llamar al público a invadir la playa.

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Les siguió el cuarteto británico Spiro y su folk contemporáneo. Acordeón, guitarra, violín y mandolina que en constante dialogo construyen una música instrumental, minimalista, acústica, circular y emotiva que se enmaraña y crece y de la que resulta difícil escapar. No lo pudimos hacer hasta que acabaron y les sucedió el elegante Baloji. Este rapero belga de origen congoleño se mueve en una encrucijada entre la música africana, la tradición de cantautor francés y los ritmos afroamericanos. Así que lo mismo rapeó sobre un irresistible soukous o se puso casi en trance con “Karibou Ya Bintou”, el tema que hiciera con los hipnóticos Konono Nº1. Gran puesta en escena. Aunque quien demostró dominar el escenario fue Eska (en la foto). Ya maravilló a todos los que la vieron en el anterior Womad de Cáceres y aquí lo volvió a hacer. Nacida en Zimbabwe pero residente en Londres y con relación con músicos como Tony Allen, Cinematic Orchestra o Matthew Herbert, tiene una presencia magnética y una voz más que privilegiada. A momentos puede recordar a Kate Bush, pero Eska tiene muchísimos más matices, además en directo expresa con su cuerpo cada nota que sale de ella. Arropada por un trío contundente o sutil, según la necesidad de esas canciones brillantes y vibrantes que acaba de grabar en su primer disco homónimo, enamoró a todo el público del Womad. Su versión del “I can’t get no satisfaction” pero cercana a la de Devo fue espectacular.
Y a una gran mujer artista le sucedió otra, Amparo Sánchez. Sus actuaciones son impecables y siempre tienen una gran acogida y así fue allí también. Repasó sus discos y repescó alguna canción de Amparanoia, como el “Que te den” que tomó más sentido ese día porque justamente se acababa de celebrar en toda España una manifestación contra la violencia de género. Allí también se hizo y con Amparo al frente. Sus estribillos fueron coreados masivamente y sus canciones bailadas con conciencia.

Y la fiesta siguió con Afriquoi, una banda multi internacional con base en Londres que mezcla kora, guitarra, percusiones y muchas bases electrónicas, que convirtieron la playa en una autentica pista de baile. Pero la verdadera revolución en el baile llegó con Asian Dub Foundation. Cierto es que ya no sorprenden, pero su directo sigue siendo indiscutible y más ahora que ha vuelto Dr Das al bajo y se ha incorporado el prodigioso Nathan Flutebox a la flauta. Aunque tienen nuevo disco, “More Signal, More Noise”, y está más rodado en directo, fueron sus clásicos “Flyover”, “Fortress Europe” y su final con “Rebel Warrior”, los que pusieron patas arriba a todo el público que llenaba la playa de Gran Tarajal.

Pero el punto final lo puso el rebelde D.WattsRiot (Fun-da-mental) a los platos. Reside desde hace unos años en Tenerife y acaba de editar disco. Su ecléctica y rotunda propuesta cerró la parte musical de este Womad que cumplió con creces sus principios, celebrar por todo