Una formación con (otra vez) Robert Smith, Simon Gallup y Porl Thompson despertaba algo más que curiosidad entre los Cure-adictos. Y eso a pesar de que Jason Cooper opta muy seriamente a arrebatarle el cetro a Andy Anderson como el peor y más odiado batería de la historia de la banda. Así que, a priori, los principales interrogantes de esta gira (a parte del estado de forma del cuarteto) tenían que ver con la senda de un setlist que no era sorpresa para quienes han seguido las diferentes paradas del 4Tour, y si Thompson se aferraría a las seis cuerdas con exclusividad o pulsaría los teclados en algún momento de la noche. Pronto nos sacaron de dudas con un espectacular arranque que hizo parada y fonda en los momentos más turbulentos de “Disintegration” -“Plainsong” y “Prayers For Rain, a las que siguió “A Strange Day”, una de las escasas concesiones a sus discos más extremos, “Faith” y “Pornography”-. A partir de ahí Smith y los suyos fueron alternando una de cal y una de arena, combinando hits coreables como “Love Song”, “Lullaby”, “Hot Hot Hot!!!” o “Friday I’m In Love”, con guiños descarados al sector fanático -“Push”, “Primary” y sobre todo ese tour de force final con una espléndida “One Hundred Years” y “Disintegration”-. Por fortuna nos ahorraron el peaje por su última etapa, que apenas se vio representada por un par de canciones. Respecto al interrogante sobre la ausencia de teclados, rápidamente pudimos ver que Thompson no estaba por la labor de abandonar su papel de guitar-hero, actitud que se hizo especialmente sangrante cuando en el primer bis se enfrentaron a cuatro temas de “Seventeen Seconds” con el cuñado de Robert Smith pulsando una guitarra siempre ululante, con el wah wah por protagonista, que sustituía las líneas de teclado. Incomprensible. O cuando llenó de suciedad las reinterpretaciones de las saltarinas “Killing An Arab”, “Fire In Cairo” y demás piezas de su primer álbum. Superadas las tres horas de concierto y tras un tercer bis -“Why Can’t I Be You”- que inicialmente parecía no estar en sus planes, partieron camino de Lisboa y Barcelona dejando buen sabor de boca a las quince mil almas que allí nos congregamos. Y es que sobre un escenario los de Sussex aún son apuesta segura, por mucho que pensar en los tiempos de “In Orange” -con una formación y una propuesta muy similares- y compararlos con los actuales evidencia que el tiempo, hasta para The Cure, no pasa en balde.