Jueves 2

Un año más la redacción de la revista nos enfrentamos a ese enorme reto que representa un festival de estas dimensiones en el que cobras consciencia de la imposibilidad de estar dotado del don de la ubicuidad. Un año mas dejamos nuestras impresiones de estos dos primeros días de festival en un artículo que el lunes completaremos con lo acontecido hoy sábado y mañana domingo, en ese día de resaca del festival que siempre entraña sorpresas. Lo cierto es que hoy, cuando nos enfrentamos cansados a nuestras notas, podemos comprobar que una vez más ha habido lugar para todo. De la euforia a la decepción pasando por la indiferencia. Un tour de force que nos encanta a la vez que nos agota. Pero no vamos a quejarnos. No somos tan cretinos para hacerlo.

Empezamos la jornada con la actuación de unos Algiers que despiertan tanta curiosidad como recelo. Uno no acaba de decidirse si la banda capitaneada por Franklin James Fisher tiene ese grado de pedigrí de la autenticidad o es un invento bien calculado para cubrir un hueco en la escena actual. Lo cierto es que su actuación mañanera en uno de los escenarios grandes, lejos de disipar dudas, generó todavía más la certeza de que son un invento que naufraga en busca de una identidad impostada. En lugar de lanzarse por la senda del soul-punk combativo y canalla, se perdieron en unas ínfulas de modernidad mal entendida. olvidándose que lo suyo debe partir desde la tripa y no desde el cálculo.

Llegar a la primera actuación de Car Seat Headrest en nuestro país y encontrarse con un escenario lleno hasta los topes y desbordándose de gente por los lados no hizo sino subrayar la expectación suscitada en los últimos meses por el hiperactivo Will Toledo y sus acompañantes. Y digo hiperactivo porque lleva publicados más de diez álbumes en bandcamp (el primero cuando contaba con dieciocho años de edad) y dos al amparo de la independiente Matador (el más reciente, “Teens Of Denial” publicado hace unos pocos días). De ahí tanta afluencia de público mayoritariamente anglosajón. El caso es que, al margen del hype o del interés suscitado porque hayamos conectado con su propuesta, quedó claro que Toledo sabe manejarse sobre un escenario. Con una pose entre sobrinito aventajado del indie de guitarras y nerd de los fanzines, el norteamericano cumplió bastante bien a la hora de exponer ante el público un repertorio que navega entre Guided By Voices y Pavement, entre Beck y Lou Barlow.

De entre la nómina de grupos krautrock habitual en el festival Beak demostraron ser los más efectivos de largo. Con un sonido nítido, duro y contundente en todo momento, no pecaron de setenteros ni de exceso de reverencia a Can y supieron jugar con la intensidad sin perder la cabeza por el camino. Probablemente lo que marcara la diferencia es que, aunque iban a lo suyo y la puesta en escena no era otra cosa que austera, no parecía que hubiera una distancia insalvable entre grupo y público como sí sucedió con otros compañeros de género (y sí, me refiero a Cavern of Anti-Matter).

Cuando uno tiene la nómina bien cubierta con discos que generan entregadas adhesiones como Dan Bejat y sus Destroyer todo debería salir bien. Pero lo cierto es que la cosa se quedó simplemente en correcta. La competencia en un evento de estas características es tan grande que , o te sales, o pasas a ser un show más dentro de la enorme marea que te supera. Además hay ocasiones en que la participación de hasta ocho músicos sobre un escenario, no es garantía de triunfo si la suma no va en la misma a dirección. Una unión que debe acompañar a la hora de fortalecer un sonido que suene más limpio que enmarañado. No fue el caso y el concierto solo debió convencer a los que desde las primeras filas conocían el cancionero de este autor que deseamos disfrutar en un escenario de dimensiones más íntimas.

Al escenario Pitchfork llegaría un rato después otra artista estadounidense de apellido latino, Lorely Rodriguez, más conocida como Empress Of. La diferencia estaba en que ya se la ha visto en varios conciertos por aquí y su actuación no gozaba del elemento sorpresa de la de Car Seat Headrest. Pese a ello, no negaremos que su directo mantiene el tipo, aunque sus objetivos sobre el escenario son muy distintos. De sonido francamente accesible y amable, Empress Of apuesta por las canciones de pop electrónico cada día más redondas (“Woman Is A Word” es un buen ejemplo), aunque sin ese plus de personalidad que todo artista requiere para destacar del pelotón. Y digamos que el pelotón de “jóvenes nombres del pop electrónico” anda bastante nutrido. Pese a ello, Empress Of funciona más o menos bien tanto cuando busca la efectividad pop como cuando siente el arrebato de querer ser la Björk de los primeros tiempos. Su directo no fue muy sólido, pero su actitud y algunas canciones lo salvaron sin excesivas dificultades, aunque no fue suficiente para que contagiase al público más allá de los minutos iniciales y finales. Mucha más conexión obtuvo en el mismo escenario el rapero californiano Vince Staples, que sorprendió con una aguerrida puesta en escena de un disco que hacia pensar en una actitud menos enérgica. En todo caso, fue un placer verle brincando y repasando uno de los mejores discos de rap del pasado año, “Summertime 06”, con especial atención a sus principales singles, claro, “Lift Me Up”, “Señorita” y “Norf Norf”.

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Fue un placer ver en el Adidas Originals a los referenciales A.R. Kane, desarrollar sus avanzadas ideas del pasado en el presente y defenderlas con bastante solidez. Ahora bien, algo se perdió por el camino y su actuación tuvo más que nada ese aroma nostálgico que empapa a quienes les vivieron en su momento, pero que mantiene impávidos a los curiosos que esperaban descubrir las claves de una piedra filosofal. Una hora antes, C+C=Maxigross se dejaron llevar con la intención de que nos sumásemos a su orgía psicodélica, menos mutante de lo que imaginaba. No lo consiguieron al cien por cien, aunque su presencia en el festival sirvió para dejar claro que Italia también existe y que, con ganas, todo entra.

En el Auditori Rockdelux y poco antes de que Kamasi Washington ofreciera una demostración de actualización del legado de los grandes del jazz, Suede presentaban en España “Night Thoughts” un espectáculo muy diferente al ofrecido la noche anterior en la que repasaron todos sus hits. En esta ocasión optaron por el formato que habían presentado meses atrás en la presentación oficial de su nuevo trabajo en el Reino Unido. Y es que interpretaron en directo su último disco de forma íntegra y siguiendo el mismo orden de temas. Para ello optaron por una tipología novedosa, los de Brett Anderson se mantuvieron detrás de una pantalla sobre la cual se proyectaba una película, en la que cada escena correspondía a uno de los temas. De vez en cuando una luz iluminaba a uno o varios miembros del grupo, integrándose su imagen en el plano general de la pantalla, un efecto que no siempre generó resultados óptimos. El experimento funcionó a ratos, lo cierto es que había momentos en que uno deseaba poder disfrutar de la banda actuando y prescindir de las imágenes, pero hay que loar al grupo de Londres por apostar con iniciativas de riesgo tras más de veinticinco años de carrera.

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Una leyenda que sí cumplió sobradamente fue John Carpenter (en la foto). Si sus bandas sonoras han influido a decenas de millares de artistas y sus películas han creado adicción en varias generaciones, su directo provocó adhesiones irresistibles. Todo funcionó (a excepción del sonido que se fue levemente y volvió en varias ocasiones) en un show en el que Carpenter y sus jóvenes acompañantes (entre ellos su hijo y el de Dave Davies) nos llevaron a un lugar y un momento en el tiempo que estaba más allá de las fronteras del Fòrum. Su actitud entre lo macarra y lo entrañable, sus discursos introductorios (leídos sin ninguna intención de esconderlo), sus bromas o sus múltiples homenajes a su carrera, sus películas y sus amigos atraparon a cualquiera que se hubiera pasado por allí conociendo un mínimo de la trayectoria de Carpenter. Electrónica primitiva, rock pesado ochentas y proyecciones de sus clásicos cinematográficos de terror se combinaron en algo que tuvo tintes de ceremonia frente a sus acólitos y de fecha para el recuerdo.

Cerrando el escenario Heineken, James Murphy y su superbanda de amigos. LCD Soundsystem volvían a Barcelona para actuar en el concierto más masivo de cuantos haya dado en la ciudad. Es lo que tienen los retornos. Ahora bien, como de costumbre desde que saltaron por primera vez a un escenario lo suyo fue una fiesta a la que, en esta ocasión, le faltó un poco de fuerza (cosas del sonido, no del grupo). Su batería de hits fulminantes se sucedió una tras otra como siempre, hasta el punto que uno diría que habían pasado doce meses desde su última visita. Obviamente, su actuación del martes en la sala Barts fue más visceral y enérgica, pero los neoyorquinos nunca fallan y esta vez, aunque no ofrecieran su mejor cara, no fue una excepción. Exactamente lo mismo que suele ocurrir con Battles. Lo suyo es menos apto para la fiesta y para el contagio colectivo, pero su directo tiene un músculo y un cerebro tan afilados que no hay otra opción que sumarse a su causa.

Thee Oh Sees, los grandes afectados por LCD Soundsystem, fueron de nuevo la apuesta segura. En su contra un sonido en el que la voz quedaba enterrada, a su favor todo lo demás: Dwyer sigue demostrando que no son solo garage y que pueden hacer como Shellac y venir todos los años, porque es imposible cansarse de ellos. Escenario y hora ideales, el mejor pogo de los dos primeros dias de festival y un público que canta a grito pelado cada tema. No se les puede pedir más.

La recta final del jueves empezaba a llegar con Fasenuova, que como era de esperar se encontraron con poco público. Aun así Ernesto Avelino se desató como siempre y el dúo asturiano dio un recital de electrónica cortante y urgente en el que se agradecieron especialmente los temas de “Aullidos Metálicos” (Humo, 16), su último disco producido por Oscar Mulero. A mitad de concierto arrancaba, tan solo unos metros más allá, la fiesta de Neon Indian, con la que la atmósfera opresiva de Fasenuova tuvo difícil competir. Alan Palomo y los suyos pusieron el que fue para muchos el cierre del jueves con un concierto correcto, que quizás no deje huella en el recuerdo pero que funcionó perfectamente teniendo en cuenta que lo único de lo que había ganas en ese momento era de bailar. Synthpop, r&b, funk, disco… Eclecticismo y canciones que puede que no hubieran aguantado el tipo tan bien a una hora más temprana, pero que como colofón hedonista no admiten réplica.