Hacía tiempo que se rumiaba. Los rumores corrían como el vino por los mentideros musiqueros de la capital riojana. Y este fin de semana se ha materializado. Logroño, por fin, tiene su festival de verano. Es el MUWI Rioja Music Fest. Un festival dedicado a la música, el vino y la gastronomía, y donde tampoco han faltado demostración de Lindy-Hop o enoguardería.

La fórmula no es nueva; muchas citas estivales complementan los conciertos con otras experiencias lúdicas, desde el Sonorama al vecino Fárdelej. Pero a tenor de lo vivido durante la primera edición del MUWI, los organizadores han sabido apretar la tecla adecuada. En primer lugar, por la ubicación, en un espléndido patio de Bodegas Franco Españolas, situadas al otro lado del Ebro, aunque a escasos cinco minutos a pie del casco antiguo. Además, hay que reconocer la calidad acústica en el escenario nocturno; el sonido ha sido fantástico en casi todas las actuaciones. Y por último, el cartel, basado en indie estatal y al que solo cabría reclamar algunas dosis de riesgo, ha aglutinado a un público intergeneracional que ha superado los 1.000 asistentes la noche del viernes y los 1.500 la velada del sábado. En lo musical, el balance se salda con un puñado de buenas actuaciones muy celebradas por el público. Los mejores momentos remiten al buen rollo de Bigott, la intensidad épica de Neuman, el carisma de Christina Rosenvinge, la actitud de Rural Zombies y el hedonismo de Cycle.

En lo extramusical, buen ambiente y aires de celebración eufórica del final del verano. El MUWI se ha convertido en un gran acontecimiento social y festivo en la capital riojana, con su previsible grado de postureo. Ninguna fuerza viva de la cultura, la sociedad, el periodismo o la política local se ha querido perder esta ocasión para dejarse ver. Ni la alcaldesa de Logroño, la popular Cuca Gamarra, ni tampoco su colega de filas Andrea Levy, a la que se vio muy animada hasta altas horas en una madrugada que terminó para ella con una indisposición que la obligó a suspender varios actos programados durante el fin de semana en La Rioja.

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El único contratiempo reseñable se vivió el viernes, cuando los desajustes propios de una primera edición retrasaron una hora el inicio de los conciertos. Levantó el telón el riojano Isaac Miguel –exRené– con el peculiar pop de su reciente “Nuestra Odisea”. A continuación, el rock psicodélico de facturación barcelonesa de Stay. Y llegó el primer plato fuerte con Bigott. Borja Lando ya había hecho alarde de sus dotes de cachondo con anterioridad por estos lares y una vez más, no decepcionó. El maño se mostró muy divertido, cual guiri beodo, entre canción y canción. Pero también se empleó a fondo para hacer ese folk psicodélico, seductor y estupendo. Bigott presentó temas nuevos y tiró de discografía con “She is my Man”, “Baby Lemonade”, “She’s Gone” o, cómo no, “Cannibal Dinner”. Con Neuman (foto superior) llegó la épica al festival. Tras un acústico previo en la Sala los Tinos, Paco Román se puso en modo eléctrico para firmar una estimable actuación marcada por la intensidad y donde sonaron hits como “Tell You” o el muy celebrado “Turn It”.

Y cerca de las 2 de la mañana, a la hora inicialmente prevista para DJ Coco, se subieron a las tablas La Habitación Roja (foto encabezado), que ofrecieron un concierto muy breve para ser cabezas de cartel, de apenas una hora. A bastantes menos revoluciones que Neuman, los valencianos brindaron una función correcta, con una puesta en escena quizás en exceso comedida, y volcada en su último disco, “Sagrado corazón”. Tan solo reglaron unos poco clásicos a sus fans: “El eje del mal”, “Indestructibles”, “La segunda oportunidad”, “Voy a hacerte recordar” o “Ayer”, dedicada a los miembros convalecientes de Supersubmarina.

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El sábado arrancó con un acústico de Sehtler. A continuación, Carlos Sadness invitó a Pecker (foto superior) a acompañarle en el escenario y presentó su reciente “La Idea Salvaje”. Y llegó el turno de Christina Rosenvinge, sin duda, la elección más audaz de los programadores de MUWI. El concierto de la exSubterránea fue un paréntesis delicioso dentro de un cartel marcado por un pop-rock de muchos más decibelios. Un amigo músico dice que “esta chica lleva 30 años teniendo 20”. Y no le falta razón, con esa voz dulce y carismática, esa melena sobre la cara y ese aspecto frágil. Regaló una actuación preciosa, con momentos más rockeros y otros más reposados con la cantante sentada al órgano para interpretar canciones tan emotivas como “La distancia adecuada” o “Jorge y yo”, dedicada a todos los hermanos. Rosenvinge tiró de sus últimos trabajos, de “La joven dolores”, “Lo nuestro” y “Tu labio superior”, y sonaron especialmente bien “Anoche (El puñal y la memoria)”, “Eclipse”” “El eco”, “La tejedora” o “La muy puta”.

Y tras ella, los altavoces volvieron a rugir con los guipuzcoanos Rural Zombies (foto inferior), dueños de un directo arrollador con un rock de sintetizadores y la voz todoterreno de Julia. El público disfrutó a lo grande con los de Zestoa, que repasaron su debut de estudio: “BAT”. El quinteto también versionó a La Roux en “In for the Kill”, interpretó “Kaleidoskopioa”, compuesta por la formación precursora de los “zombis”, y presentó un tema nuevo, aún sin título, antes de encarar el final con las aplaudidas “Golden” y “Stones”.

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Después, un clásico, Cycle (foto inferior), que ofrecieron un gran show de rock electrónico, muy bailable, gracias a la energía de Luke Donovan, más protagonista que una China Patino que celebraba su cumpleaños. El cuarteto presentó algunos temas de su reciente “Dance All Over” –“Sunset Over the Moon”, “Be the One”, “Satruday Girl”– y recuperó otros de discos como el recordado “Weak on the Rocks” con una muy aplaudida “Confusion”. Cerró la noche a los platos Edu AnMu con una celebrada sesión de hits noventeros.

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