Engrandecer la improvisación convirtiéndola en un arte y hacer de la dispersión una virtud sin tropiezo, no es algo que esté al alcance de cualquiera. Pero así es él, Devendra Banhart, venezolano y estadounidense que no entiende de apatía, y huye de lo conocido y habitual; que sin caer en la extrañeza, logra el entendimiento entre lo peculiar y lo sencillo, dejando que la música fluya sin que las riendas caigan en otras manos.

Las Noches del Botánico fue el punto de encuentro del artista con su público español, que a poco estuvo de agotar las entradas del concierto del pasado domingo 2 de julio. O “panas”, expresión venezolana con la que Devendra prefirió referirse al mar de gente que llegaba al botánico coincidiendo con el atardecer. “Qué cool es esto, qué buena energía y qué buena vibración se percibe en este lugar”. Así definía el músico su estado de ánimo, aquel con el que contagiaría a todos los presentes sirviéndose de su retahíla de canciones de amor y misticismo reposado; felicitando el Orgullo y dedicando su actuación a la luna que presidía el escenario.

Presentación de su noveno álbum, “Ape In Pink Marble”, acompañado por su excepcional banda (como excepcional fue la actuación de apertura a cargo de dos de sus integrantes, H. Hawkline & Rogov), sin dejar de lado su pasado discográfico y brindando al respetable con un interludio improvisado de él solo a la acústica. Un paseo estilístico e idiomático por las recién estrenadas “Saturday Night”, “Good Time Charlie” o “Jon Lends A Hand”; junto a las clásicas “Baby”, “Negrita” o “Brindo”.

Con pausas entre tema y tema, conversaciones con sus músicos, empieces fallidos… y una alta dosis de encanto y carisma con los que contrarrestar la divagación y la naturalidad azarosa. No será la dinámica el punto fuerte de un show de Devendra, sin embargo la pérdida del sentido del espectáculo pondrá en relieve la realidad de un artista que parece mostrarse tal y como es: humano y algo disperso. Así el concierto se vería interrumpido por una invitación de Banhart a “alguien que escriba sus propias canciones y nunca las haya interpretado delante de nadie”, subiendo a una joven a hacer lo propio ante un público absolutamente desconcertado. Y sin embargo, “todo está bien”. Es Devendra, no sorprende. Así es él.

Con los bises, una versión de la mítica “Sound And Vision” de Bowie haría los honores, despertando el recuerdo del homenaje que se vivió justo un año atrás en ese mismo lugar. Quedó olvidada “Carmensita”. Decisión o dispersión. Un inconcluso final que de nuevo se resuelve con un “así es él, Devendra Banhart”. Todo está bien. Dejémoslo estar.