El hombre del mono

Embutido en su sempiterno atuendo industrial -¿homenaje a la ética de trabajo que pervive en la ciudad del viento?-, Albini vive en su estudio “para evitar atascos”. En 2007 su ingeniero y técnico jefe Greg Norman reveló que habían instalado Pro Tools, ley de vida si querían sobrevivir en un momento delicadísimo para los estudios profesionales. No obstante, el ingeniero ha seguido grabando exclusivamente en analógico, y no le ha ido mal.

De ascendencia parcialmente piamontesa, nació en Pasadena (California) en 1962, aunque se licenció en periodismo en Evanston, Illinois. A finales de los 70, la influencia de bandas como los Ramones o The Stooges le llevó a involucrarse a fondo en la escena underground de Chicago. Allí formaría su primer grupo, Big Black, al que seguirían, Rapeman y Shellac.

Con los ingenieros británicos John Loder (Psychocandy), enrolado para las grabaciones de Big Black e Iain Burgess, enemigo de los overdubbings y responsable de buena parte del sonido del punk del midwest en los primeros 80, como referencias, el joven músico empezó a grabar bandas de su entorno. Tomando el testigo estético de sus mentores, su intención era interferir lo mínimo, grabando de la forma más natural, con atención a interpretación y siempre con los músicos tocando a la vez, como acostumbran en el local de ensayo, contagiándose y creando pequeños accidentes y dinámicas. Lo que le da aliento humano a la música. El resto es Historia.“No entiendo de dónde viene el impulso de hacer que el disco no tenga ninguna relación con el sonido de la banda real. Para mí, es una locura”, ha dicho con el sentido común que le caracteriza. “Cualquiera que haya hecho discos durante un tiempo mínimo reconoce que tratar de manipular un sonido grabado nunca es tan efectivo como grabarlo correctamente antes en primer lugar. Desgraciadamente, casi todo el software de la grabación digital se diseña para manipularlo”, sostiene.

Probablemente el ingeniero de estudio más experimentado y competente del mundo -casi nadie ha grabado más de dos mil discos-, Steve se desplaza a grabar cuando es requerido (no demasiado, en realidad: Manic Street Preachers, por ejemplo, le han llevado más de una vez a Rockfield, en Gales), e imparte cursos, seminarios y conferencias, donde despliega su sentido común desmitificador, humor inteligente y una ética de trabajo puramente norteamericana. Un ejemplo asombroso: no come nada durante el día porque dice que hacerlo le abotarga y perjudica su lucidez. En más de una entrevista, Albini ha dicho que “el técnico tiene que ser como el ginecólogo con su paciente, no puede enamorarse, en este caso, de la música”. La esencia de su filosofía se resume en el testimonio que da en una serie audiovisual: “Mi principal preocupación es que la gente para la que trabajo, mis clientes, confíen en mí para grabar el trabajo de su vida”.