A la tercera va la vencida. El Monkey Weekend ha colgado el sold out y todos los que tenéis ese preciado abono debéis saber ya que cosas hacer y que no hacer en el Puerto de Santa María este fin de semana. Habla Javier Barón, habla un experto en la materia.

En El Puerto de Santa María, a Monkey Weekend le llaman “el Monkey Chiquito”, en clara referencia al Carnaval de los “jartibles”, que se celebra en Cádiz el domingo que va justo después de su semana grande. Es una ocasión muy especial para los roqueros veteranos de toda España y una manera que tiene el festival de devolverle a esta ciudad el favor que le hizo todos aquellos años en los que lo acogió, cuando aún era una cosa muy pequeñita. Se pretende, además, tratar de conservar de alguna manera la esencia y el espíritu de aquellas ediciones tan míticas.

Pasar un fin de semana de conciertos en esta localidad costera es un plan de pre-verano perfecto. Una oportunidad para rencontrarse con la familia melómana y a la vez ponerse al día y comprobar cómo está ahora mismo el panorama musical nacional. Si te decides a ir aquí te dejamos una guía de las cosas que NO deberías hacer en El Puerto… y algunas recomendaciones para llenar los huecos entre concierto y concierto.

 

CINCO cosas que NO deberías hacer en Monkey Weekend

1 Hacer chistes de Alberti. Rafael Alberti en El Puerto es lo mismo que Maradona en Nápoles, un santo intocable. El poeta fue uno de los mejores embajadores que tuvo la ciudad. Sus poesías más conocidas, las de Marinero en Tierra, pueden resultar hoy un poco naif, pero si no has leído los poemas que escribió durante su exilio en Roma o su autobiografía, “La arboleda perdida”, ya estás tardando.

2 Montarte en el Catamarán de Cádiz con la papa. El Puerto de Santa María tiene un servicio de catamaranes que une la ciudad con Cádiz capital. Tal vez se te ocurra que, ya que estás allí, puedes aprovechar para ir al barrio de La Viña. A tomarte unos chicharrones en Casa Manteca porque te lo ha dicho tu cuñado Fali, el infalible. ¡Error! El trayecto, que por otra parte es muy bonito, dura media hora. Y entre que llegas y vuelves, se te va a ir el día. Además, seguro que vas un poco pedo y a poco que sople el levante acabas echando la pota por la borda.

3 Pedir cuchillo y tenedor en Romerijo. Por si no lo sabías, este establecimiento se llamaba originariamente Romero e Hijos, lo de Romerijo viene porque el dueño, para abreviar en los telegramas que mandaba, firmaba así para ahorrarse palabras y caracteres. Algo así como lo que pasaba antes con los SMS. Sus mariscos son estupendos y utilizar cubiertos es un delito, porque seguro que torpeas mogollón y desperdicias más de la mitad. Además, que sepas que el protocolo permite comérselos con las manos, aunque tengas delante a Corina con el mismísimo rey emérito. Eso sí, si vas a chupar las cabezas, hazlo con moderación, que es una gamba, no un Calipo.

4 Quedarte dormido en la orilla de la playa de La Muralla. Este aviso va sobre todo para aquellos que veranean en el Mediterráneo: En el Atlántico las mareas son mucho más grandes. Lo que supone que si te quedas dormido en la orilla o te despistas un momento lo más seguro es que tú y tu toalla acabéis como Carmen Maura en La Ley del Deseo por culpa de una ola cuando vaya llegando la pleamar.

5 Meterte en una despedida de soltera. No sé muy bien por qué, pero en El Puerto abundan las despedidas de solteras y solteros. Hay varios locales dedicados a estas excursiones casi en exclusiva y no es raro encontrarse con una pandilla de señoras con un “mandao” de goma en la cabeza cantando “el venao”… o peor aún, a señores de patillas canosas hablando sobre el uso recreativo de la prostitución con la misma naturalidad con la que Antonio Escohotado hablaba de las drogas. Pero ¿quién sabe? Si existe Taburete, lo mismo hay por ahí algún alternativo al que le vaya el rollo VOX.

 

CINCO cosas que SÍ deberías hacer en el Monkey Weekend

1 Tomarte un amontillado en Bodegas Obregón: Desde Los Beatles a Bertín Osborne, la relación entre los vinos de la comarca y el pop-rock ha sido siempre muy estrecha. Si te apetece ver los barriles que firmaron los de Liverpool puedes encontrarlos a pocos kilómetros, de El Puerto, en Willliams & Humbert, en la autovía que lleva hasta Jerez. Pero si no quieres coger el coche, no vaya a ser que des positivo, lo mejor es dar un paseo hasta Bodegas Obregón. Es uno de los pocos despachos de vino que quedan en la zona y está situado en pleno centro, dónde además sirven comida casera los fines de semana.

2 Escuchar psicodelia en un pinar. Si Jim Morrison se escapaba a comerse sus tripis al desierto de California, en Andalucía los primeros roqueros hacían lo propio en los pinares de la costa. En los de La Puntilla no te van a hacer falta drogas para flipar, sólo tus auriculares y Spotify. Túmbate en la arena mirando al cielo, teclea en el buscador temas de Pink Floyd, Triana, Derby Motoreta’s Burrito Kachimba o María del Monte …y a volar.

3 Hablar de música con algún americano de la Base de Rota. No es raro ver a militares americanos por El Puerto, ya que la base conjunta de la OTAN está muy cerca. Es normal que tengas prejuicios contra estos Guardianes de la Galaxia, pero a lo mejor te sorprendería saber que ellos fueron los que introdujeron en España a Dylan, Hendrix o Los Rolling Stones. Y no sólo eso, el hecho de que la primera escena de hip hop española se situara en Zaragoza, también tuvo mucho que ver con ellos. Este último dato no tiene mucho que ver con el Monkey, pero os lo dejo para que os peguéis el moco. Así que, dales una oportunidad a esos Marines porque a lo mejor te sorprenden y saben más de trap vanguardista que tú, por muchos Rockdelux que te hayas leído en tu vida.

4 Saludar a Paco Loco como si le conocieras de toda la vida. El productor indie más importante de España reside desde hace años en El Puerto y tiene allí sus famosos estudios de grabación. Normalmente vive enclaustrado en su chalet, pero cuando llega el festival se viste de corto y planta su caseta de feria en cualquier esquina. Ya sea actuando con su banda, Los Jaguares de La Bahía, o en alguna de las actividades paralelas, seguro que te lo encuentras… y él es un tío muy salado, así que salúdale que seguro que te responde.

5 Comerte una de chocos en el Gonzalo. En los tiempos del Monkey primigenio, éste era el ritual iniciático, el bautizo de fuego por el que todo roquero tenía que pasar antes de poder decir por ahí que había estado en el festival. Es verdad que tanto el festi como el bar han cambiado y los más nostálgicos echarán de menos aquellos maravillosos y peludos años… pero ¿tú has visto la cantidad de chocos que ponen en el plato por menos de tres euros?