“Mi música se mueve en múltiples direcciones”
Entrevistas / Thundercat

“Mi música se mueve en múltiples direcciones”

Carlos Pérez de Ziriza — 07-04-2020
Fotógrafo — Archivo

Stephen Bruner, el hombre que se oculta tras el alias de Thundercat, ha mamado la música desde que era un crío. Hijo de músicos (su padre tocó la batería para Diana Ross o Gladys Kinght, su hermano lo hizo para Kenny Garrett o Stanley Clarke), fue bajista de Suicidal Tendencies, ha colaborado en discos totémicos de Erykah Badu, Snoop Dogg, Pharrell Williams o Kendrick Lamar, y ha tenido tiempo de edificar una pujante carrera en solitario que alcanza ahora su cuarto capítulo largo con “It Is What It Is” (Brainfeeder/PIAS, 2020), una nueva ambrosía de sonoridades que se mueven entre el soul cósmico, el soft rock, el r’n’b o el jazz de fusión, con colaboraciones de Steve Arrington (The Internet), Childish Gambino, Steve Lacy, Lil B o Ty Dolla.

Quizá por eso, porque vive y respira música por los cuatro costados, no siente necesidad alguna de explayarse más de lo estrictamente necesario en las entrevistas. Es un tipo afable, pero más bien parco en palabras. Nos atiende al teléfono desde su casa en California, recién estrenado el confinamiento domiciliario en todo el estado, unas horas después también en el resto de los EEUU.

Hola, Stephen. ¿Cómo estás? ¿Ya de encierro en casa?
Sí. Estoy tirado en el sofá, no haciendo nada. Y no estoy mal así (risas)

Dices que este es un álbum sobre el amor, la pérdida, la vida, y los bajones y subidones anímicos que todo ello provoca. ¿Podría decirse que el disco es un reflejo de tu propio crecimiento como persona?
Sí, totalmente. Eso es lo que creo.

“Creo que los colaboradores en este álbum tenían muy clara la idea de lo que estaba ocurriendo, ilusionados con ello hasta cierto punto”.

Has vuelto a contar con Steven Ellison, o sea Flying Lotus, coproduciendo el disco. Alguien que siempre te ha animado a hacer y publicar tus propias canciones, y que entiendo que se ha convertido ya en una especie de alma gemela en lo musical, ¿no?
Sí, se podría calificar así. Llevamos muchos años trabajando juntos, siempre pensando creativamente, elucubrando con ideas acerca de cuál va a ser nuestro siguiente paso, así que sí. Es una de mis personas favoritas en este planeta.

¿Insustituible?
Bueno, este es un mundo muy grande, sobre todo cuando hablamos de esas cosas, porque nunca sabe. Ahora mismo, sí. Es esencial.

Tu anterior álbum, ‘Drunk‘ (Brainfeeder/PIAS, 2017), vino marcado por la muerte de tu amigo Austin Peralta, el músico de jazz. Este parece que también llega como consecuencia, en gran medida, del impacto que tuvo en ti otra muerte, la del rapero Mac Miller, a finales de 2018, que también era buen amigo tuyo.
Totalmente. Su muerte jugó un rol fundamental en el desarrollo de este álbum. Desgraciadamente. Pero es la forma en la que la vida se mueve. No podemos disociar la muerte de la vida. Aquello formó parte esencial del proceso de composición del disco, seguro.

Tengo entendido que compones tus canciones con tu bajo y tu PC, pero me gustaría saber cuál es el proceso luego, dado que en todos tus discos hay múltiples colaboradores. ¿Trabajas con ellos a distancia, enviando las pistas por e-mail, o hay también tiempo de juntarte con ellos en un estudio para poder grabar todo lo que finalmente escuchamos?
Depende más de lo cómodos que se sientan el resto de artistas implicados. Lo que ellos prefieran. A veces el asunto requiere mi presencia, otras veces hay quien se siente más cómodo trabajando a distancia, por internet. Lo importante es tener a mano ambas posibilidades. Y eso también hace que el sonido de mis discos sea así, porque permite muchas formas de implicarse, según la persona. Con Steven Ellison (Flying Lotus) he pasado mucho tiempo en el estudio, noches enteras. Y con Michael McDonald (N. del R.: miembro de The Doobie Brothers, amén de otras muchas aventuras junto a Steely Dan, Quincy Jones o Patti Labelle), también.

“Trabajar con Kendrick (Lamar) moldeó mi forma de ver las cosas de otro modo, sin duda. Entre la experiencia de aprendizaje y la inspiración, podríamos decir”.

El gran highlight del disco, al menos a bote pronto, es “Black Qualls”, en la que intervienen Steve Lacy (The Internet), Steve Arrington (Slave) y Childish Gambino. ¿Cómo surgió?
Sí, con Steve Lacy y Donald Glover ya coincidí en The Internet, ya habíamos trabajado juntos. Aunque no sabía cómo se iba a sentir ahora, no sabía si para este momento específico iba a apetecerle. Generalmente no suelo esperar nada de mis amigos, en absoluto. Pero creo que los colaboradores en este álbum tenían muy clara la idea de lo que estaba ocurriendo, ilusionados con ello hasta cierto punto, y eso se ha traducido en canciones como esta.

En tu música hay elementos de soul, funk, jazz o r’n’b, pero una particularidad es que no se puede decir que ninguno de ellos suela prevalecer por encima de los demás. Creo que es algo también aplicable a Chance The Rapper, Kamashi Washington y otros artistas negros de tu generación. ¿Lo ves así?
Sí, es cierto. Creo que es así por el entorno que nos rodea, que es muy abierto. Y al mismo tiempo, como artistas, intentamos nutrir nuestra música de muchas cosas diferentes. La música de la que nos rodeamos siempre está cambiando, siempre hay cosas nuevas, y por eso nos movemos en múltiples direcciones y resulta tan difícil encasillarnos. Nuestra música no se presta a eso.

Tengo la impresión de que vuestra música toma muchas cosas de esos estilos, pero se nutre también de las técnicas del hip hop, aunque no sea hip hop. Es decir, que sin la irrupción y la influencia previa del hip hop, no sería la misma. Como si en vuestra visión global de la música negra fuera otro elemento indispensable.
¡Seguro! Me consta que es así. Es parte de la experiencia de la música negra, como decías. Está todo ahí mezclado. No creo, sinceramente, que se pueda separar del resto.

Cuéntame algo sobre tu colaboración en “To Pimp a Butterfly” (Interscope, 2015), de Kendrick Lamar, que incluso te procuró un Grammy. ¿Fue esencial para darle un empujón a tu confianza como músico y con ello dar un salto cualitativo con estos dos últimos dos discos?
Trabajar con Kendrick moldeó mi forma de ver las cosas de otro modo, sin duda. Entre la experiencia de aprendizaje y la inspiración, podríamos decir. Quizá no fuera tanto un incremento de la confianza en mí mismo como un aumento de la excitación ante el hecho de crear música. Me inspiró mucho, y como artista me animó a querer hacer más cosas. Y a hacerlas mejor.

 

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