“Nuestro trabajo es señalizar el camino a la utopía, no construirla”
Entrevistas / The 1975

“Nuestro trabajo es señalizar el camino a la utopía, no construirla”

Carlos Pérez de Ziriza — 17-06-2020
Fotógrafo — Jordan Hughes

The 1975 es uno de esos grupos que ha ido subiendo paso a paso internacionalmente. Ahora, tras varios retrasos, publican el que seguramente sea su mejor disco hasta la fecha, “Notes On A Conditional Form” (Dirty Heat/Universal, 20), cuarta obra que amplía su abanico musical a través de nada menos que veintidós canciones.

Matty Healy podría acabar siendo el Bono de la generación millenial, pero de momento es lo suficientemente inteligente como para esquivar esa tentación. Es un firme defensor del feminismo, de los derechos de la comunidad LGTBI y de la defensa del medio ambiente (de hecho, el primer corte de su nuevo álbum, otra vez homónimo, ahorma un monólogo de Greta Thunberg), pero también lo es de una visión del pop que no entiende de celdillas genéricas ni puede debe ser sometida aquellos viejos paradigmas que hacían de un álbum una obra conceptual perfectamente secuenciada. De hecho, puede que no haya otra banda de su hornada capaz de tender tantos puentes entre públicos de distintas generaciones. No al menos a su nivel de popularidad.

Él es consciente de que internet y las redes sociales rompieron las reglas del juego en el que todos nos movemos desde hace más de una década. Y aunque en “Notes On A Conditional Form” (Dirty Heat/Universal, 2020), su cuarto álbum, que llega tras varios retrasos (y que seguramente sea el mejor de The 1975) amplíe aún más el foco y se valga de la influencia de la tradición de la música urbana de baile del Reino Unido (la sombra de The Streets o Burial) o incluso del hardcore norteamericano, quiere dejar muy claro – y hace muy bien – que él no es un portavoz generacional. Tan solo un músico que se plantea preguntas muy necesarias, muchas de ellas sin respuesta. El de Manchester, líder del cuarteto que completan el batería George Daniel, el guitarrista Adam Hann y el bajista Ross McDonald, nos lo cuenta desde su retiro a las afueras de Oxford, muy cerca del estudio donde han registrado sus dos últimos elepés.

El disco llega en mayo, tras dos aplazamientos previos: se anunció para el verano de 2019, luego para enero, y por tercera vez se volvió a posponer. ¿Por qué?
Si te soy sincero, creo que porque somos una banda muy grande ahora mismo… aunque básicamente yo nunca dije que fuera a salir en una fecha concreta, lo que ocurrió es que en el momento de empezar a dar entrevistas comencé a hablar de que podría salir en seis meses, luego en un año, y después de cuatro o cinco entrevistas la gente empezó a sacar sus conclusiones. Pero en realidad lo único que aseguré fue que saldría cuando estuviera acabado, Lo hicimos estando de gira, y esa es la razón por la que su publicación ha sido más lenta. Lo último que haría es precipitarme, porque eso podría dar lugar a un disco de mierda, ¿sabes lo que quiero decir? Dije que llegaría pronto, pero en realidad estaba preparado para esperar un año entero.

“Es como un álbum hecho en Heathrow. O en algún lugar entre el aeropuerto de Heathrow y el JFK de Nueva York. Esa es la idea”.

Este álbum tiene 22 canciones. Junto con las 15 del anterior, “A Brief Inquiry Into Online Relationships” (Dirty Hit/Universal, 2018), suman 37 canciones en menos de dos años. Da la sensación de que estás atravesando un periodo particularmente fértil, como si las canciones se te cayeran de los bolsillos. ¿Es así? ¿O hay algo en tu trabajo que pueda parecerse a una labor de oficina, de 9 a 5?
La forma de concebir las canciones es muy fluida. Puede llegar de algo que escuchas decir a alguien, de la música que escucha otra gente o de una conversación, y una vez empiezas a trabajar en la canción, no es que trabajemos sobre ella desde las 9 hasta las 5, pero sí de las 12 a las 12. Le dedicamos todo el día, hablamos sobre qué es lo que le vendría bien. El hecho de estar prácticamente haciendo vida juntos lo favorece.

Entre las canciones que sirvieron de avance, “People”, fue la que más sorprendió: es prácticamente hardcore. ¿Se planteó así por el filo político de su letra?
A George (Daniel) y a mí nos gustan muchos tipos de música y, por mi parte, yo crecí escuchando hardcore, punk y emo, eso está en nuestro ADN y es el tipo de música que solíamos hacer antes de ser The 1975, cuando éramos una banda mucho más dura. La canción la compusimos cuando estábamos en el bus, de gira por Alabama, cuando se había aprobado allí una ley que penalizaba el aborto, algo que nos cabreó bastante, y nos pilló en un momento en el que estábamos un poco bebidos, así que nos salió algo bastante agresivo. Pero en realidad es como cualquier otra canción: hay otras que pueden sonar a una balada jazz, como “Mine”, de nuestro disco anterior. No nos preocupan mucho los estilos. Pero sí, definitivamente en “People” influyó el contexto social para que fuera más agresiva.

Da la sensación de que en este disco el contraste entre las canciones más agresivas y las más calmadas es aún mayor, como si hubierais querido reforzar ese juego entre extremos. ¿Es así?
Siempre que hacemos un disco intento que nada se quede fuera, y a medida que voy creciendo creo que siento la necesidad de escribir solo sobre aquello que creo que es fundamental. Ideas cada vez más grandes. Sobre la esperanza, por ejemplo. Y creo que este disco transmite emociones muy concisas, pero no por el hecho de intentar sonar más íntimo o más explosivo, sino porque este disco es el más conciso emocionalmente, en cada una de las canciones.

Más enfocado, quizá, ¿no?
Sí.

Hace cuatro años me comentabas que The Blue Nile habían sido uno de tus recientes descubrimientos, y lo cierto es que su influencia se notaba en algunos de los cortes de vuestro segundo álbum, “I Like It When You Sleep, For You Are So Beautiful Yet So Unaware of It” (2016). ¿Te ha pasado algo parecido recientemente con alguna otra banda o artista?
Con este álbum, más que de nuevos sonidos que nos hayan influido, podría hablarse de que hemos tratado de volver a nuestro ADN, a los sonidos que hicieron que quisiéramos montar una banda. Por eso el 50% está concebido en torno a la música dance y a la cultura nocturna del Reino Unido, aquella con la que crecimos. Y el otro 50% estaría dedicado a evocar la música del medio oeste norteamericano con la que también crecimos, sobre todo el emocore. Creo que tiene mucho de la mezcla de esas dos ideas.

Aunque la primera de las influencias, que he podido leer que tienen mucho que ver con The Streets y Burial, se aprecia bastante más, ¿no? Al menos en un buen puñado de canciones: “Yeah I Know”, “I Think There’s Something You Shold Know”, “Nothing revealed/Everything denied”, “Shiny collarbone”, “Having No Head” o “Bagsy Not in Net”.
Sí, cuando era adolescente, recuerdo llegar a casa sobre las seis o las siete de la mañana y que todas las emisoras estuvieran pinchando música dance, la idea de la noche para mí está totalmente asociada a esos sonidos. Cosas como el primer disco de Burial o el “Original Pirate Material” (2002) de The Streets son posiblemente los que más me han influido a la hora de escribir estas canciones, y con este disco he querido cerrar ese círculo.

“Si hacemos lo mismo todos los días, será jodidamente aburrido. Por eso nos interesan tantas cosas distintas”.

En “Jesus Christ 2005 God Bless America”, otra canción de calado político, colabora Phoebe Bridgers. ¿Cómo surgió?
Éramos fans de nuestros respectivos trabajos, así que le mandé un mensaje a través de internet, empezamos a hablar y a compartir ideas, y como tenía la canción ya casi compuesta, me di cuenta de que era perfecta para ella. Estuvimos pasando unos días en Los Angeles, y como además quería una textura vocal que no fuera la mía, era la colaboración perfecta.

Iba a preguntarte si crees que vuestra música, y más con los referentes que habéis manejado, describe lo que es ser joven hoy en día en el Reino Unido. Pero teniendo en cuenta que os habéis pasado casi todo 2019 de gira, actuando en países como Australia, Mexico, Brasil, Rusia, Emiratos Árabes, Corea, Indonesia y también en España y resto de Europa, por supuesto, y que gran parte del disco fue concebido durante esos viajes, no sé hasta qué punto se puede decir. ¿Han cambiado esos viajes la forma en la que veis el mundo?
Para mí sí que suena al Reino Unido, pero también va sobre el mundo. Porque las letras son muy universales. Las ideas son muy específicas, pero en un sentido que puede ser universal. No son tanto sobre América como sobre el Reino Unido. ¿Sabes? Es como un álbum hecho en Heathrow. O en algún lugar entre el aeropuerto de Heathrow y el JFK de Nueva York. Esa es la idea.

Hay quien dice que tanto este disco como el anterior, son como las playlists modernas, y eso los hace muy contemporáneos. Da la impresión de que importa poco por dónde empezar su escucha.
Estoy de acuerdo. Pero no es un proceso consciente, según el cual tratemos de funcionar estilísticamente como un servicio de streaming. Crecí en un mundo en el que internet ya había empezado a romper todas las reglas. Honestamente, tengo un problema con la idea de autenticidad. Internet deconstruyó todas las reglas, y creo que ahora mismo si estás en una banda, y estás preocupado por ceñirte a la idea de ser una banda de rock, de punk o de lo que sea, y quieres vestir y sonar como una banda punk, y hacer este tipo de música que ya existía hace muchos años, creo que es directamente postureo. ¿Sabes lo que quiero decir? Es como cosplay. Es como querer vestir como un personaje de videojuego, o como ‘Rick y Morty’. No es real. Internet mató las nociones de género y de escena que teníamos, al menos para mí. Así que me limito a hacer música con las mismas reglas que sigo al escucharla. No puedo escuchar solo una clase de música. Déjame que te diga lo siguiente: lo más importante que digo siempre a todo el mundo, porque a la gente aún le gusta toda esa vieja idea romántica asociada a la música, es que nosotros no intentamos ser audaces ni atrevidos. Mucha gente ha dicho eso sobre nuestros dos últimos discos. Que yo intentaba sonar intrépido, o aventurado. Cuando en realidad no es así. Lo que ocurre es que simplemente intentamos no aburrirnos. Llevamos 17 años juntos, hemos vivido en la misma casa durante 18 meses seguidos, hacemos lo mismo todos los días, que es hacer música. Si hacemos lo mismo todos los días, será jodidamente aburrido. Por eso nos interesan tantas cosas distintas.

“La forma en la que nos comunicamos por internet también ha cambiado la forma en la que nos comunicamos con los demás, y eso se presta a que nos hagamos muchas preguntas”.

Supongo que esa es también la razón para que vuestros últimos trabajos no respondan en absoluto a la vieja idea de álbum conceptual, y sí a la de colección de canciones.
Sí, así es.

Ya que mencionas la forma en la que internet ha cambiado las reglas del juego, tengo la impresión de que vuestros álbumes, la forma en la que os expresáis musicalmente, son también un reflejo de la forma en la que nos manejamos todos en las redes sociales, un poco esquizofrénica a veces.
Cuando expreso una opinión intento dejar claro que solo son pensamientos, emociones, no puedo dar opiniones firmes a quienes me preguntan sobre determinadas cuestiones. No sé muy bien cómo explicarlo.

Creo que lo que quieres decir es que tratas de transmitir ideas al público sin por ello sermonear ni parecer un predicador, ¿no?
No es que no quiera parecer un predicador, es que no me interesan las opiniones como tales. La gente tiene sus opiniones, pero se han convertido como en algo que hay que coger con pinzas. Especialmente en el anterior disco, “A Brief Inquiry Into Online Relationships” (2018), las letras eran del del tipo “¿es esto correcto?”, “¿deberíamos preocuparnos por esto otro?”, “¿está justificado nuestro miedo?”, “¿hay lugar aún para la esperanza?”. Esa clase de ideas. Y no el “tienes que hacer esto” o “tienes que hacer lo otro”. Y este disco trata de ser otro documento sobre todas las conversaciones que tengo conmigo. La forma en la que nos comunicamos a través de las redes sociales y la forma en la que nos comunicamos por internet también ha cambiado la forma en la que nos comunicamos con los demás, y eso se presta a que nos hagamos muchas preguntas.

Posiblemente eso refuerce la idea del músico, al menos para ti, como alguien que diagnostica los problemas, pero no puede tener, obviamente, las recetas para solucionarlos.
Exacto. Yo no soy un político. Mi trabajo no es construir una utopía. En todo caso señalizar su camino. Pero no construirla.

¿Cómo os sentís ahora, en este periodo de parón obligado por la crisis sanitaria mundial, teniendo que posponer todas las fechas en directo?
Es extraño, pero es un sentimiento compartido, estamos todos en el mismo barco. Nunca hemos publicado discos sin sus correspondientes giras. Se hace muy raro. Pero como para cualquiera que tenga un trabajo que haya quedado detenido, que debe ser devastador, en muchos casos. Yo me siento muy afortunado de poder vivir de la música, por supuesto. Y ahora mismo tenía en mente no dedicar ni un minuto a componer nada, simplemente dedicar nuestros esfuerzos al directo, pero esto cambia las cosas.

¿Puede ser entonces que este periodo de confinamiento dé lugar a nuevas canciones?
En este momento trabajo en un par de cosas, ya veremos. No sé si acabarán siendo solo unas cuantas canciones.

¿Quizá otro álbum para el próximo año?
No, no lo creo. Algunas canciones, sí. Para el próximo año o incluso para este. No lo sé todavía.

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