Su debut supuso una explosión de alcance internacional hace dos años. Ahora, David Parker nos habla de “Lonerism”, el esperado segundo álbum del grupo, con el que detonan de manera controlada su propio sonido.

Al ritmo de los tambores, una voz sin aliento repite “Gotta be above it” (“Tengo que estar por encima de esto”). Con este mensaje comienza una canción que habla sobre la importancia de buscar la propia identidad ante la masa, llamada “Be Above It”. Con él también se abre un disco que lleva por título “Lonerism”, el segundo de Tame Impala. Puede que en esos versos se esconda el vértigo de enfrentarse a un segundo asalto tras el pelotazo que la banda australiana pegó en 2010 con “Innerspeaking”, pero este elogio al aislamiento se respira por todo el álbum. “El disco no busca decir si la soledad es algo bueno o malo. Hay canciones que tratan más sobre no ser capaz de conectar con nadie, sobre sentirse un ser solitario y de estar frustrado con ello. Y después hay otras que celebran lo que significa esa soledad”, aclara Kevin Parker, cerebro del grupo. Ejemplo viviente de su respuesta, Parker necesita encerrarse en su casa de Perth para emprender los viajes que realizan sus canciones por todos los universos sonoros posibles. Así fue el proceso de “Innerspeaking” y así ha sido también durante estos dos últimos años, hasta que la gente de Modular le dijo que había que sacar este nuevo disco.

Publicado por fin en septiembre, “Lonerism” se define especialmente por su coherencia. En él, Parker sigue sacando partido al espíritu que tenía el rock progresivo y experimental de hace cuatro décadas, haciendo de la psicodelia su bandera, exprimiendo las melodías con las posibilidades de las tecnologías. Pero ahora que ha cogido confianza, sus metas han sido otras. “Esta vez no me ha preocupado tanto la idea de generar confusión sobre de dónde venía cada sonido, sino de encontrar nuevas atmósferas. Lo he grabado de manera diferente. Mi obsesión ha sido encontrar nuevos sonidos y creo que lo he conseguido”. Efectivamente, incorpora sonidos más exuberantes, melodías más espléndidas que rodean al dream pop y una producción detallista, cósmica, de la que vuelve a encargarse Dave Fridmann (productor de Mercury Rev o The Flaming Lips). Y, con tan pocos cambios en la forma, sorprende la evolución de un resultado para el que Parker asegura haber dado lo mejor de sí mismo. “Ahora mismo no sé cómo afrontaré el futuro. Creo que para el próximo álbum haré bastantes cambios, pero supongo que tendré que esperar a volver a casa y empezar a experimentar de nuevo. Tengo muchas ganas de que llegue ese momento”, comenta al teléfono. Inmerso en una gira europea, Parker aún no sabe si se dejarán caer por aquí en los festivales del próximo verano. Lo comenta con la misma sencillez con la que reconoce no saber si está hablando desde Milán o desde otra ciudad. Y también recurre a ella para hablar del éxito, responsable final de todo esto. “Definitivamente, influye darte cuenta de que cada vez te escucha más gente. Pero para poder crear hay que pararse y esperar a que nada de lo que se diga te importe. Puede que a veces sienta cierta presión, pero la música significa demasiado como para andar preocupándose de lo que piense la gente”.