“Todos escapamos de alguna cosa, pero muchos no sabemos muy bien de qué”
Entrevistas / Núria Graham

“Todos escapamos de alguna cosa, pero muchos no sabemos muy bien de qué”

Andreu Cunill Clares — 27-02-2020
Fotógrafo — Marc Cuscó

“Marjorie” (Primavera Labels/Universal, 20) es el nuevo disco de Nuria Graham. Una obra que dinamita las fronteras entre persona y obra. Que travesea entre la necesidad de indagación personal y la generosidad de compartirlo. Ese conocerse para que te conozcan.

El nuevo disco de Nuria Graham, “Marjorie”, esconde una energía centrípeta que a través de la creación artística anhela una universalidad, un arañazo a la sombra individual que se aferra al gran tuétano del inconsciente colectivo. Sintonías existenciales que percibirán los avispados sentidos de un público que se amplifica en imagen y semejanza, pero que a la vez tiene la autonomía para sacar sus propias conclusiones. Una carrera de lo relativo a lo absoluto que nos permite gozar de unas canciones que más que composiciones son diferentes Nurias gritando al universo.

Nos encontramos delante de una artista con el mojo en plena vibración, que rebusca en sus raíces iluminada por un camino que no tiene ni principio ni fin. En “Marjorie” cada canción tiene una razón de ser, es un pedazo más de ese puzle que todos somos y que Núria explora con valentía y curiosidad. Es un álbum que es familia, con clara vocación de integrar y no escindir. ¿Una invitación a que todos hagamos lo mismo?

La calidez sonora que impregna el trabajo de producción llama más que golpea, nutre más que amenaza y es todo a la vez, como dos imanes en celo. Es de esa clase de discos que discurren cual plano secuencia y donde lo que se dice y lo que suena se retroalimentan en fluida sincronía. La maravillosa voz de Núria se ancla en una selva sonora esponjosa y frondosa. Y sus letras pocas veces responden tanto al preguntar. Algunas notas, palabras y versos dejan claro que el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra. Que así sea y que de alguna forma u otra saquemos siempre un aprendizaje.

¿Cómo te sientes con tu nuevo disco?
Para serte sincera, creo que nunca había estado tan contenta.

Ya. Esto lo decís todos los artistas.
Es que siempre estás más contento con lo último, porque es lo nuevo. Pero, a parte de esto, creo que es el disco que mejor me representa hasta la fecha. Y no me gusta decirlo, pero es mi preferido. Tengo la sensación de hacer las paces conmigo y con todos los personajes que salen en el disco. Siento una bella calma.

¿Al comentar que haces las paces significa esto que el disco empezaba con una guerra?
Había una guerra conmigo misma, un cierto sufrimiento romántico, una nostalgia impregnada en todo lo que hacía. Esta es la fuente de la que bebía cuando empecé a hacer el disco, como querer marchar de alguna cosa que no se qué es. Una vez acabado el disco esta angustia se diluye. Me he quedado mucho más descansada.

“A Irlanda he ido a descubrir cosas de mi familia que igual no conozco, o a intentar conectar con partes de mí que aún no había explorado”.

Es verdad que en el disco aparecen muchos personajes, ¿son estos una diana perfecta para proyectar todos tus impulsos más oscuros e ingobernables?
Más que proyectar aquello que es ingobernable, creo que es mi modo de reflejar cosas que no entiendo acerca de mí. Vistas en la piel de otros personajes las puedo observar desde otra perspectiva, más distante, que me ayuda a sanar y a ser más compasiva. Este recurso ya lo utilicé en “Does It Ring A Bell” con ‘Marianne’ que era esa Núria más nocturna. Es curioso que, siendo mi disco más personal, sea el que contiene más personajes y situaciones que no me han pasado directamente a mí.

¿Y por qué esta resistencia a utilizar la primera persona?
Porque estaba un poco harta de tanto yo yo yo. A la vez creo que me encuentro en un periodo en el que estoy conociendo a mucha gente. Siempre he sido una persona social, pero pienso que cada vez lo soy más. En lugar de encerrarme en mí misma, la música me está llevando a abrirme, a expandirme cada vez más. Al mismo tiempo pienso que las personas son mi máxima influencia para escribir. A mí me inspira la gente. Y esta gente muchas veces es la que, de una forma u otra, acaba saliendo en mis canciones.

En relación a esto que comentas me viene a la mente tu tema “Heat Death”, que me parece un asfixiante testimonio del desasosiego. En alguno de sus versos expresas cómo los demás acaban siendo un espejo de lo peor de nosotros.
Este tema, igual que otros como “The Stables”, aunque en el momento de escribirlos no era consciente, expresa esa sensación de que necesito escapar de alguna cosa. Es esta ansiedad que me viene de mi idea del amor asociado con el sufrimiento. Me siento aprisionada en esta ansiedad del amor y todo lo que veo de malo en otra persona lo acabo viendo en mí. Es un circulo vicioso un poco agobiante. “Heat Death” surge de una conversación con mi ex pareja. Es un término científico que hace referencia a la formación del universo. Yo hago un paralelismo con mi situación, en la que busco respuestas sin parar y al final exploto. Me encuentro en este momento ahora mismo. Y de esa explosión renazco. Cuando escribí esta letra no tenía ni idea de lo que hablaba, porque aún me encontraba dentro de este torbellino pre big bang. Ahora que la canto en este momento post-explosión, cobra todo su significado y puedo ver toda la magnitud de lo que intentaba expresar con mis palabras.

Es curioso como los humanos transformamos el amor en sufrimiento cuando en realidad es todo lo contrario. ¿De dónde viene este impulso? ¿Es imaginario colectivo? ¿Es imantación de polaridades? ¿Qué es?
En “The Stables” queda muy reflejada esa idea de amor que he tenido durante mucho tiempo. La canción en sí es una declaración de amor, en el sentido romántico. Otra vez me pasa que no sé que intentaba decir cuando la escribí y ahora lo entiendo perfectamente. Cuando escribo que no tendré los cojones de marchar y prefiero quedarme, hablo de este amor que me atrapa y me genera nervios y preguntas. Y incomprensiblemente prefiero estar envuelta en ese halo de ansiedad antes que marchar y dejarlo todo. En este disco he ido haciendo las paces con mi concepto de amor; donde queda más claro es en “Toilet Chronicles”, la versión que hago del tema “Amor de garrafa” de Power Burkas que escribió mi ex pareja, Marcel Pujols. Es una canción que habla de nosotros, de cuando vivíamos juntos. El hecho de versionarla, y al mismo tiempo elaborar una respuesta, es lo más romántico que ha pasado en el disco. Haciéndolo, hablo del amor puro que tengo hacia Marcel y como lo quiero mucho más allá del romance. Habla del amor de estar en paces con la gente, y al hacerlo me alejo de este amor que me da ansiedad. De hecho, el disco es una biblioteca de los diferentes tipos de amor que voy descubriendo poco a poco a lo largo de mi vida.

Puedo entrever ese catálogo de amores diferentes que comentas.
Sí, sí, es así. Luego está “Marjorie” que habla del amor familiar. Tampoco tenía planteado hablar de todo esto. Es lo que me ha ido saliendo durante esta última época, que me atrevería a decir que es uno de los periodos más intensos de mi vida. Al final sale lo que sale.

Cuando dices amor familiar me viene a la cabeza una pregunta con la que quería empezar esta entrevista. Me refiero a esta necesidad de ir a las raíces, que queda perfectamente reflejada en este disco, pero que apela a una necesidad creo que universal y que se refiere a aquel impulso que toda persona tiene en algún momento de su vida de viajar a sus orígenes. ¿Cómo ha sido para ti este proceso?
La verdad que yo no tenía en mi cabeza ir a buscar mis raíces, pero de forma inconsciente ha ocurrido así. Yo creo que, a medida que la vida va pasando, hay partes de ti que no acabas de entender o no conoces y a veces las respuestas no las encuentras en una búsqueda interior sino más bien yendo hacia fuera. “Marjorie” o “Connemara” son ejemplos de esta energía de ir hacia fuera y de búsqueda de un pasado que yo no he vivido pero que de alguna manera encarno. Voy a Irlanda, no para descubrir mis raíces de tradición irlandesa sino para descubrir mi pasado.

“Creo que soy una persona feliz y la tristeza no protagoniza mis estados de ánimo ordinarios, pero es verdad que creativamente estoy ligada a la tristeza y la nostalgia”.

Sí, sí, a esto me refería, a rebuscar en tu biografía desde un plano personal y emocional.
Exacto. He ido a descubrir cosas de mi familia que igual no conozco, o a intentar conectar con partes de mí que aún no había explorado. Todos estos viajes que he hecho a Irlanda, como estar en casa de mi tía en Connemara en medio de la nada me han ayudado mucho con este propósito. Compartir ratos con la gente de Connemara era para mí un ejercicio de empatizar y de entender un poco más quién soy, al verme reflejada en otras personas. En Irlanda existe un pasado que no he vivido nunca. Tengo mucha historia allí y mi forma de ser viene mucho de esa tierra y sus personas y quería descubrir todo esto. Pienso que justo acabo de abrir una puerta y que aún me queda mucho por descubrir.

¿Y que otros aprendizajes has sacado por el camino?
Ver estas pequeñas partes de mí ha sido un regalazo que tengo que ir absorbiendo poco a poco. Otro ejemplo de esto es “No Returning”, la versión que hago de la canción que compuso mi tío Neil, que es el hijo de Marjorie. La escribió cuando tenía mi edad y la dejó grabada en un cuatro pistas. Cuando me la pasó, vi claramente que la tenia que incluir en el disco. La sensación al escucharla fue muy intensa. Sentí que aquello lo podía haber escrito yo, palabra por palabra.

Buff, se me ponen los pelos de punta.
Es que es fuerte. Al final en este ímpetu del que hablábamos antes de buscarte en otros, aparece esta persona que es tu tío, que tampoco conoces tanto pero que ves y descubres que tienes mucho en común. Canto su canción como si fuera mía y me siento muy realizada. Es uno de los regalos que me ha dado este disco. Y lo mejor es que no estaba para nada planeado.

Hay algo que sobrevuela por tu proceso creativo que ya me llamó la atención la primera vez que te entrevisté y que sigue haciéndolo ahora mismo mientras hablamos. Es esta acción fruto de la valentía y del inconsciente, el no sé por qué lo he hecho (pero allí voy) y luego lo reflexionas a posteriori y todo tiene sentido. Un navegar a tientas entre la premonición o el presagio.
Tienes razón, sigo igual. Mi mecánica es la misma. Hay varias Nurias, pero la Núria que escribe canciones creo que siempre va unos cinco meses adelantada a los hechos. Cuando leo las letras atentamente lo percibo claramente. Me doy cuenta de que predigo lo que va a pasar sin tener ninguna conciencia de ello mientras lo escribo. La Núria que escribe canciones está más conectada con mi esencia y es más sincera que la Núria más social. Ella es la que me ayuda a expresar mis sentimientos. Aunque a veces me espanta un poco oírla.

De todas formas la tristeza sigue siendo uno los principales viveros en tu proceso de creación
Creo que me ha salido mi disco más optimista y luminoso, pero es verdad que trato temas tristes.

Esta que habla ahora debe ser la Núria optimista que te ha poseído, porque leyendo las letras no acabo de ver mucho este optimismo que mencionas.
(Risas) Es que igual no lo es. Yo creo que soy una persona feliz y la tristeza no protagoniza mis estados de ánimo ordinarios, pero es verdad que creativamente estoy ligada a la tristeza y la nostalgia. Hay cierta cosa de la decadencia que me atrae y me veo reflejada. Lo hablo en “Connemara”. Es una historia que no es mía, pero versa sobre la catástrofe del paisaje irlandés, relacionándolo con un suicidio. Y aparte hablo de un suicidio, un tema que desconozco totalmente. Otra vez una prueba de una canción que me sobrepasa. Pero volviendo a tu pregunta, creo que si que es verdad que hablo de temas tristes o decadentes: la noche, menciono la droga, el alcohol, la soledad. Pero también es cierto que este lado más triste sirve para que mi parte más luminosa tenga sentido. Sin esa tristeza no existiría mi felicidad. Pero tengo que admitir que, sin ella, no sé muy bien de qué hablaría.

Me encanta que hables de esa atracción de polaridades como esencia vital, como fuente del ser. El clásico Yin y Yang o Shiva y Shakti. Eso me recuerda que también es un disco donde la muerte está presente, de hecho, el primer single va sobre esto, pero a la vez nos sirve como recordatorio del impulso de vivir. ¿Por qué hablar de suicidio en tu carta de presentación?
No estaba planeado. Como te decía ha sido una época de muchas preguntas, la mayoría sin respuesta. También ha coincidido que, mientras estaba escribiendo el disco, tuve que asistir al funeral de mi abuelo y esto le añadió mucha intensidad y tristeza a mi tarea compositiva. La canción habla de esa dualidad que mencionas. Cuando escribo el verso “te amo vida, pero me voy” lo estoy relacionando con el paisaje. Lo bonito e idílico que puede ser y a la vez como la muerte está enraizada y presente en él. El paisaje al que me refiero es un sitio en el que han muerto muchos pescadores y se puede sentir la presencia de esa decadencia con mucha intensidad. Si uno va de visita y se queda solo en la superficie puede pensar: que sitio tan bonito. Pero si profundiza más, verá el reverso, la decadencia que lo rodea todo: la muerte, la soledad en el bar, el ir haciendo. Y esta decadencia creo que nos representa a todos y es mejor sacarla a la luz que no esconderla detrás de las piedras. En el tema “Hazel”, que también es un personaje de Connemara, hablo de este sentimiento que a veces me asola y que se encuentra a medio camino entre la resignación y el conformismo. Algo así como, miro el mundo y pase lo que pase nosotros estamos aquí en el bar, en el refugio de nuestra rutina. Me intento ver reflejada en esa idiosincrasia irlandesa, que a la vez con otras particularidades es un tema muy universal: Todos escapamos de alguna cosa, pero muchos no sabemos muy bien de qué.

“Cada vez estoy construyendo lazos más fuertes con las personas a las que quiero y esta es mi verdadera fuente de inspiración”.

Hay algo que también dices en “Marjorie” que me cautiva por su universalidad cuando escribes que parece que estamos condenados a cometer siempre los mismos errores. Otra vez esa vivencia circular, ese centrifugado existencial…
Esta canción surgió de la imagen de mi abuela, que fumaba mucho, esperando cada día que su marido volviera del pub por la noche. Esa viñeta de pura decadencia romántica fruto de ese (des)amor católico. Y yo tengo un poco de esto, esta cosa del esperar, de la ansiedad. Lo arrastro y por alguna razón sé que me viene de mi abuela. Y un día me ví a mí misma con esta sensación del esperar, como te decía algo romántica, pero al mismo tiempo destructiva, fruto de una dependencia extraña e incómoda. Aquí es cuando entendí a mi abuela y pude escribir el verso al que te refieres.

Al final estás sacando a la superficie esa inconsciencia acerca de los patrones emocionales y culturales que heredamos y también el hecho de que, si no hacemos este ejercicio de ir a las raíces, de rebuscar en los claroscuros de nuestra biografía, resulta más difícil entender la complejidad de nuestro ser.
Hacerlo es brutal y lo mejor es que, una vez identificas algunos de estos patrones, entonces eres capaz de verlo desde otra perspectiva, con más compasión y menos destrucción. Te ayuda a calmarte. Mi impulso viene de intentar responder a esta pregunta ¿por qué me afecta tanto el amor? ¿Por qué arrastro estos patrones que no me ayudan a estar mejor? ¿Hasta que punto el amor me hace bien o mal?

¿Y qué respuesta has sacado, si es que hay alguna?
Que soy una persona muy pasional y que no lo puedo remediar y que es sano conocer esta faceta de mí y poder integrarla. Que si lo puedo visualizar sin juzgarlo, entonces abro la puerta a la posibilidad de no cometer siempre los mismos errores.

Siguiendo con esta intensidad existencial, quería preguntarte acerca de tus principios vitales, aquello que te guía el día a día.
Para mí son mis amigos. De hecho, es un disco hecho para ellos. Y cuando digo amigos incluyo a mi familia. Teniendo la vida que tengo, ajetreada y muchas veces lejos del hogar, seria fácil encerrarme en mí misma y olvidarme de mis amigos y de mis raíces. Pero me ha pasado todo lo contrario. He podido sentir la necesidad de estar con mi gente y esta apertura me ha permitido conocer también a gente nueva que ahora es importante para mí. Cada vez estoy construyendo lazos más fuertes con las personas a las que quiero y esta es mi verdadera fuente de inspiración. Mis principios son mi gente. Esto sería el resumen contundente de lo que pretendía explicarte. Como dicen Furguson: “My friends are my culture”.

Esto me remite al principio de cocreación que subraya la dimensión social del hombre como núcleo de su desarrollo. Todas nuestras penas y ansiedades y nuestra felicidad y serenidad vienen en la medida en que nos relacionamos con nuestro entorno.
Todo lo bueno y lo malo. Es así. Y es que a nivel de vida no tendría sentido sino pudiéramos saborear los dos polos. Sino fuera por la gente que he conocido, la casualidad que conoces a personas. Aquella casualidad de que un día estás en un hotel y conoces a alguien y acabas escuchando un disco de Burt Bacharach hasta que salen los primeros rayos de sol. Sino fuera por estas casualidades y las ganas de vivirlas, mi plano artístico sería mucho más árido. Yo no escribiría sino fuera por todas estas relaciones que me ha llevado la vida y las casualidades de encontrarme con mucha gente inspiradora e interesante.

Casualidad… o no, porque fíjate que llevamos todo el rato orbitando por esa especie de visión premonitoria, de esa energía circular, esa energía fosca que diría el maestro Joan Pons (El Petit de Cal Eril)
Más que circular me atrevería a decir en espiral. De pequeña me decían que tenía un problema. Los profesores me regañaban porque me pasaba todo el día dibujando espirales e iba diciendo que yo era una espiral. No tenia ningún sentido, pero la verdad es que lo hacía.

Pues yo le veo todo el sentido. Igual eran ellos que tenían el problema al no ver esa evidencia.
A parte de música escribo muchos textos, con anotaciones hiperbólicas y de existencialismo práctico como: no leer esto si no soy yo misma o mensaje de Núria del futuro al pasado… y así me voy dejando mensajes a mí misma que me ayudan a comprender mi mundo un poco más. Son conversaciones con todas mis dimensiones, escritos que serían dignos de llevar a un terapeuta. Estoy muy conectada con la Núria del pasado. En mis diarios escribía algo y al cabo de un tiempo anotaba: ¡pero que dices hombre! Y con mi música al final también es un poco esto, es una conversación, un guiño a la Núria del pasado y del futuro y una llamada a la esperanza, a la seguridad que más tarde o temprano conseguiré entenderme. Yo no lo veo nada esquizofrénico, sino una manera de profundizar más en mí.

Totalmente de acuerdo. Y dejar un poco esa híper tendencia al control. Volcar los pensamientos para que ellos mismos hablen por si solos, libremente, sin ninguna censura.
Totalmente. Esta es la mecánica y espero que continúe siendo así porque entonces existe el factor de auto sorpresa y todo es más divertido. Es que si empiezas a escribir con un método concreto y organizado y un objetivo predefinido todo se vuelve predecible y aburrido. Y yo soy de las de aburrirme fácilmente. Me gusta pensar que soy capaz de sorprenderme a mí misma y gozar de estos diálogos internos y transtemporales.

¿Y cuáles son las expectativas que tienes con este disco?
Tengo muchas ganas de tener feedback y que la gente me dé su opinión, porque yo lo he escuchado tanto que ya no sé qué pensar. Y también tengo muchas ganas de tocar mucho, porque llevo un año sin apenas hacerlo. Y a la vez también estoy muy ilusionada con mi mirada al extranjero y picar piedra allí como he hecho aquí, para poder tocar mucho más a fuera. Ir a tocar a Londres o Leeds y tener que ganarte un público que no te conoce de nada. Tengo mucha energía y muchas ganas de defender mis canciones. Creo que va a ser un año de mucho trabajo, un año de locos.

Con este disco has dejado un poco de banda la guitarra y te has concentrado en otras texturas sonoras. ¿Cómo ha sido esto para ti?
He compuesto mucho con el piano y en el estudio ha estado muy presente. Y aunque la guitarra también lo está y la considero una extensión de mí y de la que no pretendo deshacerme para nada, si que es verdad que el piano, al no ser mi instrumento principal, me ha llevado a trabajar de otras maneras diferentes que me ha gustado explorar. El disco lo he hecho yo con Jordi Casadesús, entre los dos, muy dirigido por mí. Es Núria total. Vaya que no podría ser más Nuria.

Agenda

21.00h 15 €

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