“Agujeros de gusano” (Izal Music/Hook, 13) viene a confirmar el salto de división de Izal, desde la autoedición y con el apoyo del público. Tras su éxito en el festival Dcode, Mikel y sus muchachos apostarán por enfrentarse a sus fans en La Riviera en febrero de 2014.

Una de dos. O los que escucharon el primer EP de Izal estuvieron algo miopes, o quisieron guardarse el secreto. Porque el resto de los mortales no nos enteramos de su existencia hasta que nos llegó ese plástico de azulada carátula titulado “Magia y efectos especiales”, ya unánimemente aceptado como uno de los grandes debuts estatales de los últimos años. Ahí sí empezó a haber quien disparaba bengalas avisando de lo que había entre manos. “Al principio fue más cosa de blogs”, cuenta Mikel Izal, fundador, guitarra, voz, compositor y a la sazón patriarca de la banda. “Recordamos muy bien las primeras críticas del disco. Cuando son pocos los que hablan de ti, no te olvidas de quiénes son. Es alucinante cómo ha cambiado la película”. No hay sarcasmo ni rencor en sus palabras. Sabe que “las cosas llevan su tiempo”, mucho más cuando se trabaja desde una estricta autogestión (recuerden: a Vetusta les llevó una década lanzar su primer largo). Pero con perseverancia, mucho trabajo (ellos mismos llegaron a empaquetar y firmar las 1.000 primeras copias) y buenas canciones todo llega, y si no que se lo digan a Mikel, que charla por teléfono “aún con los pelos de punta” tras cantar ante la mayor multitud de su vida, en el festival DCODE. “Tocamos prontísimo, y estábamos preparados para asumir el bajón de que no hubiera mucho público. Pero flipamos con la cantidad de gente que vino a vernos. Fue de los mejores que hemos dado, porque cuanto más público tenemos más arriba nos venimos. Además allí había mucho espectador casual, que es lo que más necesitamos ahora, y me da la sensación de que más de uno se hizo fan”.

Ha sido un año colmado de apoteosis festivaleras ha dejado huella en Izal y ha reforzado la épica en el modus operandi de los ensayos de la gira de “Agujeros de gusano”, segunda entrega de punsetiano título grabada en los estudios Reno de Madrid y en los Neo Music Box de Aranda de Duero con Luca Petricca, el mismo ingeniero que dio ese “cuerpo brutal” a su debut. “Pues es cierto, cuando tocamos los temas en el local comentamos dónde va a haber subidón en el público, ya nos imaginamos cómo será y nos divierte mucho”. Ahora que se va a publicar esta esperada secuela, Mikel dice: “nos estamos poniendo un poco nerviosos, porque no va a haber sólo cien personas esperándolo, como ocurrió con el primero. Eso mete presión y activa tu sentido de la responsabilidad”. En todo caso, asegura que “las nuevas canciones nos convencen de una forma más plena o más consciente que con el primero, aunque igual quede mal decirlo. El debut lo grabamos en peores condiciones, con miembros del grupo trabajando en sus curros… Esto llega después de un año totalmente concentrados en la música. Que el debut tuviera un nivel decente de ventas y fuera bien recibido nos ha permitido profesionalizarnos para hacer las cosas de una forma más relajada y experimentar un poco”.

Ya intuyen la moraleja ¿no?: Música gratis igual a músicos sin tiempo ni medios para mejorar. En “Agujeros de gusano” encontramos a los Izal ya conocidos –respirad muy tranquilos, fans-, con algunos toques refrescantes muy bien traídos e integrados con naturalidad. Y en cuanto a letras tampoco ha habido grandes giros estilísticos en la pluma Mikel, que sigue jugando con la metáfora para elaborar textos en los que la crítica social se mimetiza con el pensamiento introspectivo. Quizá aún más, ya que en estos nuevos temas, asegura haber volcado “más reflexiones y experiencias personales”, a la vez que se muestra más afectado por la realidad social. ¿Serán los “vientos del norte” de los que habla en “Palos de ciego” los recortes de la Merkel? “Hombre, yo soy del norte y allí hay mucho viento… pero sí, algo de eso sí hay”, concede con suspicacia. Cuando sí se mosquea de verdad es cuando sacamos el tema de las críticas al crowdfunding, dirigidas hacia ellos, por tener presuntamente el suficiente éxito como para no pedirlo, y también dirigidas al propio concepto, al que alguno tilda de “limosna”. “¿Cómo se puede estar en contra de que los fans sean los jefes de los grupos? No lo entiendo. No es más que una pre-venta para todo aquel que la desee libremente. Nosotros nos lo pagamos todo, y ni de lejos hemos hecho una fortuna. Es una cosa rara ese debate, mira que el sector de la música está apaleao… pues nada, a darnos palos entre nosotros”.
Hay, sin embargo, muchas cosas buenas en las que regocijarse. Por ejemplo, ya les están llegando ofertas para cruzar el charco. Aunque el pobre Mikel intente guardar el secreto diciendo que no puede contar nada, una fugaz risa floja le delata. “Bueno, es que yo creo todos los grupos estamos mirando al otro lado del océano con el rabillo del ojo. Aquí las cosas están complicadas, y el mercado allí es potencialmente enorme”.