Con “El futuro” (Ernie, 14), los andaluces Niños Mutantes celebran su segunda juventud. Son ya nueve discos y las inquietudes y las ganas de crear canciones con corazón se mantienen ahí.

El tiempo pasa, los polos se derriten. Pero Niños Mutantes cumplen veinte años en fase ascendente, consagrados en el panorama nacional y estirando la dimensión de su música con cada disco. Un caso insólito de saludable longevidad en un círculo tan presto al exterminio como el pop alternativo. “Empezamos como grupo de amigos y acabamos siendo amigos con un grupo. Son varios milagros a la vez”, reflexiona el líder, Juan Alberto Martínez. “No vivimos de las rentas: manda el presente. Tratamos de hacer letras honestas, sinceras, que conecten con el público. Nos cuesta recuperar canciones antiguas en directo”, añade. Y se percibe en la complicidad que muestran durante nuestro encuentro en su lujoso local de ensayo en Peligros, a las afueras de Granada. “Todos hemos renunciado a muchas cosas en nuestra vida privada para preservar el grupo”, reconoce Nani Castañeda, batería.
Los tres fundadores cruzan ahora el umbral de los cuarenta. No es broma: padres e hijos fans de Mutantes acuden juntos a sus conciertos. Atrás queda la “etapa oscura”, hace una década, resumida en una caja de singles que publicó la desaparecida casa Astro. Por el camino, el fichaje por Ernie Producciones, la entrada del guitarrista Andrés López, un técnico de sonido estable (José Antonio Sánchez), la fiebre dylanita de Juan Alberto, versiones desprejuiciadas y los álbumes más exitosos de la banda. “Hemos ganado confianza y ambición. Ya no somos integristas del indie”, señala Juan Alberto. “Siempre hemos defendido que somos una banda de canciones. Iniciamos la línea de reivindicar a ultranza a Raphael, que va al Sonorama”, agrega el bajista, Miguel Haro. “Estos sonidos ochenteros hubiesen sido impensables cuando grabamos ‘Mano, parque, paseo’ en el 98”.

“El futuro” es el disco con más sintetizadores de Niños Mutantes, pero sin caer en la orgía de sus adorados Metronomy. Por primera vez, veneran la injerencia externa del productor, Ricky Falkner, a quien llamaron a modo de prueba. “Las discusiones sobre cómo se monta una canción derivan a veces en luchas de egos muy absurdas. Ricky no ha sido un mero árbitro: nos ha impresionado cogiendo un instrumento y haciendo suyo el tema, enriqueciéndolo en una hora y multiplicándolo”, confiesa Juan Alberto. Guiños a “La historia interminable”, a Serrat, a la bossa. “¿Acaso es malo ‘Get Lucky’ de Daft Punk por definirse abiertamente comercial? Las barreras entre el mainstream y el indie se han difuminado”.