"No buscamos sonar a ningún grupo"
Entrevistas / L. A.

"No buscamos sonar a ningún grupo"

Don Disturbios — 27-03-2013
Fotógrafo — Juán Pérez Fajardo

“Dualize” (Dreamville/Marxophone, 13) es el nuevo trabajo de Luis Alberto Segura, el músico que se esconde tras las siglas de L.A. Una apuesta mayúscula por dar un salto que vaya más allá de nuestras fronteras. Atesora canciones e imagen, ahora solo necesita ese puntito de suerte y un cuchillo entre los dientes para hacer frente a ese mar de tiburones.

Me gusta la gente valiente con un punto de inconsciencia. Esos que apuestan fuerte al todo o nada, sin quedar atenazados por el riesgo que el órdago supone. Gente como Luis Alberto Segura, cantante, guitarra y líder de L.A., que tiene en mente desarrollar su carrera, no solo en España sino también fuera de nuestras fronteras en el mar de tiburones de la escena anglosajona. Y lo mejor del caso es que lo suyo no se reviste de flamenco como Ojos de Brujo, ni de ska festivo como Ska-P, ni tampoco de rumba y cumbia como La Pegatina. Él aspira a competir con las mismas armas musicales que los grupos de ahí fuera. Pop-rock de cariz alternativo y aroma americano con la melodía por montera. Sin complejos y al toro. “La primera vez que salí a tocar en Inglaterra lo hice acojonado, pensé que me iban a calar enseguida, pero es curioso porque luego no se creen que somos españoles. Y no lo digo como una flipada, realmente es así. Al principio pensábamos que éramos unos intrusos, como un japonés bailando flamenco, ¡cómo no te vas a dar cuenta!, pero intentamos hacer todo lo posible para que no se nos vea intrusos, sin forzar nada en la actitud o en la imagen. Y mi acento al cantar supongo que da el pego, o al menos nuca me ha recriminado nada”.

La apuesta es meridiana y se llama “Dualize”. Un disco que, sin embargo, bebe de la experiencia del anterior “SLTN FLM” (Dreamville/Universal, 12). Un Ep de seis temas que Luís ya grabó en la ciudad de Los Angeles bajo la batuta de un trío de productores de prestigio (Kevin Augunas, Mark Nile y Richard Swift) que amplía y abre la paleta compositiva del mallorquín en esa vocación internacional nada desdeñable. “Sin menospreciar el disco que acabamos de hacer ahora, yo del ‘SLTN FLM’ es del que más orgulloso me siento porque hicimos algo que en realidad no esperaba para nada. Así como este disco sí que más o menos intuía por donde iba a ir al tenerlo más enfocado, ‘SLTN FLM’ fue más ¡uff!, estoy grabando en la meca del rock, con un ambiente de puta madre, con mi banda, todo suena precioso y lo cierto es que tengo esa sensación de que es un disco de cine, como si hubiera hecho una película muda. Por eso le tengo un cariño muy especial a ese disco y disfruto tocándolas todas, y por supuesto en esta gira vamos a continuar tocándolas todas”. Una experiencia en los estudios Sound City -no te pierdas el documental que ha producido Dave Grohl sobre su historia- que a la postre serviría para trazar el devenir de su nuevo trabajo. No es casualidad que Richard Swift (conocido por ser el teclista de The Shins, además de productor y músico) haya repetido en la producción, implicándose en todo el proceso desde el principio. De hecho, el de Oregón viajó hasta Mallorca el pasado mes de septiembre para conocer a Luis en su salsa y mantener largas conversaciones con él sobre música y cine. Una de esas pasiones compartidas por ambos que también se ha colado en el disco. “Escucha esos teclados” –estamos escuchando “Rebel”, el tercer tema del disco- “podría ser la banda sonora de ‘Arma Letal 2’”, o cuando le llega el turno a “Oh, Why?” se entusiasma y me suelta “’Karate Kid’, tío. Y eso es algo cojonudo, porque a la gente le evocará algo”.

Tras la estancia del americano en la isla de la calma, le tocaba a Luis desplazarse hasta el estudio que Richard tiene instalado en el jardín trasero de su casa en Oregón, para entre ambos dar forma a un álbum que recoge las virtudes melódicas de “Heavenly Hell”, con canciones como “In The Meadow” o la ya mencionada “Oh, Why?”, pero sin el exceso de azúcar que este disco atesoraba, y grabarlo todo de forma muy artesanal, tema a tema, configurando el orden de las canciones del disco a medida que eran registradas, sin añadir ningún tipo de efectos y con una instrumentación muy básica, muy de batalla. “Richard es un tío muy rudimentario y muy de sentimiento. Si escuchas el disco es más una cuestión de feeling que de tecnología. Hay errores y hay cosas que están mal colocadas e in
cluso hay desafinaciones de voz, pero todo tiene algo que decir, tiene sentido tal y como está”.

Luis ha optado por una búsqueda de la esencia que ha proporcionado un sonido que se aleja cada vez más de las inevitables comparaciones, aunque la huella del pop-rock alternativo yanqui, la de los propios The Shins o Death Cab For Cutie, esté ahí en el fondo. “Es inevitable y ya sale de una forma totalmente natural. Y lo cierto es que ahora ya no buscamos sonar a ningún grupo. Antes sí, al principio de todo quería sonar a Pearl Jam o a Foo Fighters, pero ahora ya es como: ‘yo quiero hacer mis canciones y que me lleven donde ellas quieran’”. Un sonido americano que, junto a la pasión desmedida por The Beatles, ha marcado la trayectoria de Luis Alberto desde su adolescencia. Por eso contar con la implicación total de alguien que conoce de primera mano ese sonido ha sido determinante, tanto que incluso se le ha propuesto embarcarse en la gira. “Ojala fuera posible y la verdad es que no descarto hacer algo puntual con él si realmente es algo muy tocho. Pero, claro, él ahora mismo está a las órdenes de The Shins porque graban disco y supongo que el año que viene estarán de gira y además también quiere hacer gira con su disco”.

La suerte está echada. El montón de fichas ya está colocado en el rojo y la bolita empieza a dar vueltas a gran velocidad alrededor de la ruleta. A favor juegan unas canciones sólidas y de gran poder melódico cantadas con pasión. En contra, la enorme competencia que representa alzar una piedra y que salgan tres bandas con la misma ambición de que su música llegue a todas partes. Lo bueno es que aquí no hay complejos que valgan. “Hay que cambiar el chip porque si realmente lo que quieres es intentar sacar tu carrera fuera de España, tienes que quitarte esa vergüenza que tenemos los españoles a hacer el ridículo. Es verdad que cuando sales al escenario de un festival como Reading lo haces acojonado, pensando que estás tocando en un festi en el que esa misma noche van a tocar todos tus putos ídolos, pero eso ocurre en los primeros minutos. Luego te sacudes el polvo y tienes que creerte que realmente puedes competir allí, porque sino ¿para qué vas? Yo no voy a pasármelo bien, voy a intentar currármelo e intento creérmelo y no por eso voy a ser un flipado o un creído”. Además tampoco es un recién llegado y conoce a la perfección los mecanismos del espectáculo. “Este negocio es un cincuenta por ciento música y otro cincuenta por ciento imagen, pero creo que incluso este último porcentaje es mayor porque ya no se venden discos y los grupos viven de sus directos. Si no crees en tu música apaga y vámonos. Y no te digo que te creas el mejor, pero en ese momento, sobre el escenario, tú mandas y los chavales que están ahí abajo deben flipar. ¿Por qué flipamos cuando vemos a Kiss? Porque esos tipos están ahí para quemarte el culo”.

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