Musas en la pista
Entrevistas / Hercules & Love Affair

Musas en la pista

Joan Cabot — 16-06-2008
Fotógrafo — Archivo

“Blind”, el single de adelanto del debut del proyecto del neoyorquino Andy Butler, fue grabado en 2004. Por entonces, Antony Hegarty todavía no era el cantante preferido de todo moderno apasionado. Cuatro años después, el primer disco homónimo de Hercules & Love Affair parece llegar en el momento justo, bendecido por Tim Goldsworthy y su escudería DFA. Este fin de semana estarán en el Sónar.

A Andrew Butler le va a costar conseguir que Hercules & Love Affair sean considerados en la mayoría de medios como algo más que el grupo de música de baile de Antony, el de The Jonshons. Es injusto, pero es así, y ya desde la salida de “Blind”, el primer single del grupo, se habla de Hegarty más que del trabajo de Butler, cuyo gusto por la música disco, el house y el R&B es la brújula del disco más épico y melodramático que haya publicado DFA. “Antony y yo somos amigos desde hace años”, explica Butler por teléfono. “Hacía años que me apetecía probar cómo sonaba su voz con la texturas electrónicas con las que yo llevaba trabajando. Lo convencí para entrar en el estudio y grabamos una toma de voz con la letra de uno de los poemas que había escrito”.

"Muchos pasajes del disco están concebidos como si los tocara una banda formada por teleñecos"

“Blind”, el primer tema que hizo con Antony se grabó originalmente en 2004. Durante más de un año se quedó en un cajón. Y entonces llegó “I’m A Bird Now” y todo lo que vino después. “Durante todo ese tiempo hice un par de mezclas y remezclas del tema, sólo por diversión y para pincharlas en mis sesiones. Después del éxito de Antony con ‘I’m A Bird Now’ él insistió en que debíamos hacer algo con la canción”. Así nació Hercules & Love Affair, cuyo nombre proviene de la afición de Butler por la mitología griega y el descubrimiento de que Hércules había tenido aventuras homosexuales. Su debut para el sello de Tim Goldsworthy y James Murphy cuenta con otras colaboraciones, además de la de Hagerty. Kim Ann Foxman y Omi también prestan sus timbres a unas canciones que el mismo Butler define como música de baile para ser escuchada. “Mi mayor objetivo era que tanto pudieras escuchar el disco en el salón de tu casa como bailarlo en el club. De hecho, para mí es más importante que sea escuchable. Si luego te inspira para bailar, fantástico. La mayoría de temas van a 110 bpm, muchos incluso son más lentos, así que suena todo muy ensoñador”. El ambiente de entrega y melancolía que envuelve las canciones, los abarrotados arreglos de cuerda analógicos y ese punto medio entre la música disco de primera hora y el house más animado que marca el tono general del álbum le queda, por supuesto, muy bien a los gorgoritos de Hegarty, desembocando en un ejercicio de exageración dramática sublime en el que Butler ha volcado sus propias contradicciones vitales. “Tengo tendencia a escribir letras serias e introspectivas. Escribo sobre mis experiencias, sobre mi proceso de crecimiento personal. Ese es el sentimiento que transmiten mis canciones, aunque la parte musical por otro lado supone utilizar sonidos con los que me divierto en la pista de baile. Creo que ambas cosas tienen su origen en mi juventud. Así es mi vida y así sale mi música”. Por un momento creo que estoy perdiendo por completo el hilo de la conversación, porque juraría que Butler acaba de decir que su máxima inspiración a la hora de hacer la música no ha sido tanto Arthur Russell –su estilo empapa el álbum de un costado al otro- como The Muppets. ¿Los Teleñecos? “Sí, como te he dicho hay mucho de mi infancia en el álbum. Puede que te haga gracia, pero hay muchos momentos en que en lo que pensaba era en The Muppets. Muchos pasajes del disco están concebidos como si los tocara una banda formada por teleñecos, con una sensibilidad parecida. A veces pienso que la gente metida en la cultura de club se parecen bastante a ellos, de una manera algo tonta y juguetona”. Como mínimo la conversación con Andrew Butler sirve para desmontar algunas ideas preconcebidas y para subrayar el carácter personal de la música de Hercules & Love Affair, que aunque cede un decidido protagonismo a las voces de cantantes tan personales sigue siendo el fruto de la visión de alguien con, precisamente, una visión bastante particular. “Tanto Antony como Omi y Karen son amigos míos desde antes del disco, así que ha sido todo muy natural. Ellos entendían perfectamente las canciones porque hablan de temas personales y son mis amigos. Así que lo cantaban con un grado de comprensión que probablemente un cantante con el que no hubiera tenido relación directa nunca hubiera alcanzado. En cierto sentido ha sido todo muy casual”

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