“Sería simple decir que estamos haciendo reggaetón”
Entrevistas / Monsieur Periné

“Sería simple decir que estamos haciendo reggaetón”

Alan Queipo — 18-03-2019
Fotógrafo — Archivo

Lo que empezó como un grupo que, algo más de una década, consiguió colombianizar sonidos como el swing o el jazz gitano, ha cobrado una nueva dimensión y relevancia en el último año. Y es que los colombianos Monsieur Periné, tras dos álbumes que los posicionaron como una de las bandas latinas con más futuro del panorama internacional, regresaron hace unos meses con “Encanto tropical” (Sony Music, 2018).

Su nuevo trabajo es todo un ejercicio en el que refrescan la música de raíz latina como el bolero al tango o la champeta, entre otros. Tras pasar el verano pasado por algunos escenarios españoles, nos sentamos con Catalina García y Santiago Prieto para hablar de este nuevo giro, pero también de apropiación cultural, reggeatón, industria y empoderamiento latino; a solo unos días de que se suban al escenario de la Joy Eslava en Madrid (21 de marzo) y la Sala Bikini en Barcelona (22 de marzo).


No sé si después del éxito y todo lo conseguido en ‘Caja de música’ trabajasteis con más presión para este ‘Encanto tropical’ ¿Se os hizo más complicado el enfrentamiento a la hoja en blanco?
Catalina: Personalmente, para mí las cifras y los galardones no es lo que más presión ejerció sobre el grupo; más bien el pensar qué hacer.  Además de lidiar con todas las crisis naturales que existe en el proceso creativo para cualquier banda. Encontrar de nuevo un rumbo hacia dónde ir sí que tuvo un componente de presión. Es verdad que “Caja de música” abrió muchas puertas y tuvo un eco importante, pero nuestro proyecto hasta ahora no había sido tan aplastante en cifras ni nada sobrenatural como para realmente sentir que habíamos tocado techo. Ahora queríamos mostrar más profundidad, y el camino que llevábamos recorriendo. Dejamos pasar tiempo suficiente, cerca de tres años, entre un disco y otro; por eso la recepción también ha pillado otra perspectiva.

Ese paso adelante parece que lo encontráis más en la sonoridad folclórica latinoamericana en este disco. Da la sensación de que dejáis un poco atrás (aunque quizá el sonido de guitarra a lo Django Reinhardt sigue estando) ese gusto por el swing o el jazz que manejasteis en ‘Caja de música’. ¿Por qué decidisteis dar ese volantazo?
Santiago: Se dio de forma natural. La música con la que convivimos a diario es esa, y hemos ido virando a una mirada interior que nos ha llevado a sacar este tipo de sonidos. Es una manera de construir identidad. Muchas veces la gente acaba copiando modelos extranjeros, imitando una música foránea. Y aunque es cierto que prácticamente todas las músicas son mezclas que salen de lugares muy distintos, la música con la que vivimos y consumimos es más la latinoamericana. No escuchamos tanto jazz ni swing, aunque años atrás el sonido de la banda pudiera invitar a pensar que sí.
Decidimos dar ese giro para mostrarnos más a nosotros mismos. Además, somos una banda muy de directo, y es donde construimos las marcas más reconocibles de nuestra identidad; y hemos echado mano de lo que sabemos tocar, que sobre todo tiene que ver con la música latinoamericana. El jazz tiene un punto más académico, y nos hemos quedado con la parte más bailable de ese género, y hemos acabado dándole un empaque más elegante y divertido. Por eso el concepto del swing sobrevuela mucho el discurso de la banda. Pero nos apetecía seguir investigando en los ritmos propios.

¿Sentíais que os estaba persiguiendo etiquetas como la del swing o el gypsy jazz?
Santiago: Nosotros nunca nos hemos autodenominado como una banda de género: ni de esos ni de otros. Evidentemente, cuando aparecimos, la gente empezaba a hablar de esas y otras etiquetas, y es hasta normal que se vayan extendiendo algunos conceptos sobre otros; pero siempre hemos tratado de proyectar una imagen muy mixta. Nunca nos hemos casado con ningún estilo. Todo es tan ecléctico y tan experimental que ni nos preocupamos por las etiquetas que nos ponen. Creo que nos hemos ganado el respeto de parte de la industria como para pasar de ese tipo de debates. Nuestra preocupación no pasa por ver qué piensan los demás sobre nuestra música: sino en hacer algo bueno y que nos guste.

Leí en una entrevista que uno de los objetivos en la composición de este disco era quitaros prejuicios. ¿Hacia qué ritmos o texturas teníais más prejuicios?
Catalina: Es muy difícil hablar en colectivo cuando somos dos personas tan diferentes; pero, a la hora de componer, sí que era un prejuicio el hecho de sentarse a hacer música con otros músicos que, quizás, de repente no te interesa del todo la música que suelen hacer: porque quizá están en otro circuito, de otros géneros u otra onda diferente a la que sueles escuchar. Que no sea lo que consumimos, no quiere decir que no sean grandes compositores. Una de las cosas más interesantes, que supuso un mayor reto fue sentarnos a escribir canciones con compositores que, aunque no trabajen la música que consumimos en el día a día, sí han marcado un rumbo o una corriente dentro de la música en América Latina.

“Con Encanto Tropical queríamos empoderar lo latino, casi como de orgullo anticolonialista de lo que somos como latinoamericanos.”

En ‘Llévame’ escucho algunas cadencias rítmicas que me recuerdan al reggaetón. Ya me había pasado en el disco anterior con Tu M’as Promis, pero quizá en ‘Llévame’ se nota más.
Catalina: ¿Lo ves reggaetón? Yo creo que tiene más que ver con la champeta y otros ritmos que quizá sí que tienen patrones parecidos al del reggaetón. Aunque a la gente le suene nuestra idea no era hacer una “canción de reggaetón”.

¿No queríais hacer un guiño, un acercamiento, demostrar que hay otras maneras de afrontar este tipo de ritmos?
Catalina: No era la intención, pero quizá al acercarnos a ritmos tribales caribeños que vienen de África la gente lo identifica con el reggaetón, que yo considero que es una simplificación de algo que puede ser mucho más rico…

Veo que no te gusta el reggaetón.
Catalina: (Sonríe) Me gusta y lo bailo, pero a nivel de producción en Monsieur Periné no nos ha motivado demasiado. Lo que menos me interesa del reggaetón son los temas que aborda: me sabe a mierda que sean tan violentos en algunas ocasiones. Pero es un ritmo con melodías muy buenas y un ritmo que te hace bailar quieras o no. A nivel de producción, creo que tiene un rumbo estético que nosotros no hemos abordado aún. Aunque no deja de ser interesante ha sido la punta de lanza que nos está abriendo la puerta en muchísimos países del mundo. Podemos llegar a recordar a esos ritmos en la parte percutiva, pero hay sería simple decir que estamos haciendo reggaetón.

Hay muchos ritmos y palos de la música latina: bossa nova, bolero, tango, champeta… ¿Os disteis cuenta al componer y producir que en América Latina son más las cosas que une a las regiones que la que los separa? ¿Estaba esa idea conceptual?
Catalina: Es una intención que uno como artista asume. Al componer nos hemos dado cuenta que se pueden unir muchas culturas. Cosas que a priori pueden parecer muy distantes y que no forman parte de la misma receta, acaban construyendo un menú propio mucho más rico: todo depende de la perspectiva con la que abordes las cosas. A nosotros nos ha gustado meter diferentes elementos de culturas que a priori están distantes pero que sí tienen puentes en común.

Al margen de lo estético, hay algo filosófico y casi discursivo en hablar de “lo tropical” o “lo latino”. ¿Diríais que es una manera de posicionarse políticamente, también?
Santiago: Sí que está ese subtexto que dice que todos somos lo mismo, y que todos somos mezcla de todos. Incluso en la música pasa: el flamenco tiene raíces árabes, africanas, ibéricas… y en América pasa lo mismo. Del mismo modo que al hablar de géneros, cuando hablas de países muchas veces se categoriza sin mucho sentido. Cuando planteamos “Encanto tropical” queríamos proyectar ese discurso: empoderar lo latino, casi como de orgullo anticolonialista de lo que somos como latinoamericanos. Dejar de pensar con la mirada occidental y sus conceptos y referentes, y hacerlo desde nosotros mismos. Es muy poderoso, y desde ahí se puede construir una visión. Es una manera de sacar chapa de orgullo tropical, de jóvenes ante un futuro por construir.

Me llama la atención que aunque estéis trabajando géneros folclóricos y ritmos que vienen muy de atrás suenan bastante modernos. ¿Diríais que la mejor manera de encontrar músicas que motiven al futuro es mirando y reconstruyendo las del pasado? ¿Es necesario tener identificadas las raíces?
Catalina: Sí que creo que es importante mirar de dónde vienes. Sobre todo, cuando tomas una decisión como artista, de trabajar con determinadas texturas, instrumentaciones y ritmos que tienen que ver con lo tradicional. Si estuviésemos haciendo música descontextualizada, no importaría mirar hacia ningún lado. Pero, a nosotros, sí nos ha interesado contar un viaje: un viaje que también es cultural, y en el que necesitas estar amarrado o informado de su historia. En nuestro caso ha sido una fuente importantísima para, poder desenmarcarse del folclor. No somos folcloristas ni representamos una tradición, pero sí estamos proponiendo un viaje a los orígenes; así que sí nos nutrimos de ella.

¿Qué opináis de toda la polvareda que ha generado estos últimos años el concepto de “apropiación cultural”?
Catalina: A mí me parece que la apropiación cultural es una manera de habitar el mundo. El hecho de poner límites al acceso a determinadas tradiciones, músicas y culturas no tiene sentido: habitamos el planeta. Lo que no tiene sentido es cuando hay un saqueo cultural. Lo que nosotros hacemos trata de reivindicar esa posición en la que se ha puesto nuestra cultural, que de una manera natural se ha agachado ante la música occidental, como si fuese menor, reverenciando las músicas de afuera. No creo que sea porque los propios latinoamericanos hayamos querido que fuera así. Sino porque nos han mutilado culturalmente y nos han robado nuestros orígenes, y nos han hecho sentir avergonzados de quiénes somos.
No se trata de limitar al acceso a la cultura a gente de otros sitios. Es absurdo pensar en un mundo donde hay divisiones tan marcadas que no quieras compartir con otras culturas. Tenemos la posibilidad de ser habitantes del mundo, y es maravilloso: no hay nada que nos enriquezca más como personas. Pero, a la hora de poner sobre la balanza la cantidad de elementos que tenemos en cuenta de nuestra cultura o la de afuera, a nosotros nos ha interesado más navegar por nuestros cauces. Obviamente, tenemos cosas de otras culturas porque formamos parte de un mundo globalizado y nos interesa. Pero no es tan “nuestro” eso otro: lo miramos y lo usamos a nuestra manera, sin apropiarnos pero enriqueciéndonos y enriqueciéndola.

“No somos folcloristas ni representamos una tradición, pero sí estamos proponiendo un viaje a los orígenes”

¿Teméis que en un futuro la raíz de las tradiciones se puedan perder? En España es difícil encender la radio y escuchar flamenco; o en Argentina escuchar tango. Parece que lo único latino que nos une y nos representa en el mundo es el reggaetón…
Santiago: Creo que está pasando, y que tiene mucho que ver con la idea de “urbano”. El hecho de que las poblaciones rurales dependan de las urbanas y de las grandes ciudades homogeneiza y controla todo. Todas las músicas tradicionales tienen origen campesino, y sobreviven las tradiciones cuando el campo tiene autosuficiencia. Pero, ahora mismo, en Colombia pasa mucho: todo está en peligro de perderse. Con Encanto tropical queríamos mostrar nuestro afán de regeneración, tanto en lo medioambiental como en la vida moderna. Ya no es que los niños no quieran tocar champeta, ni siquiera tocar una guitarra. Quieren ser DJs.
Creo que todos los territorios deberían cuidar sus marcas culturales. Ahora todo está en peligro de pérdida por la homogeneización de las cosas. Y en la música pasa lo mismo con la expansión de la “música urbana”, que parece que no hay espacio para otra cosa. Puede que sea el devenir natural de la vida moderna, pero nosotros en este disco queríamos hablar de preservar la diversidad. A veces contamos el cuento del Bosque Seco Tropical, que en el mundo queda el 2%; y de ese bosque salió la madera con la que se crearon los tambores con la que se inventó la cumbia, que es un ritmo creado entre indígenas y afros.
Catalina: Pero, sobre todo, lo ampliamente peligroso de toda esta pérdida es la imposición de unas culturas sobre otras. En América Latina vivimos en una constante mutilación de nuestras raíces. A nosotros nos resulta absolutamente absurdo: vivimos en un país que culturalmente está vivo. Que se expresa a través de sus tradiciones y de prácticas hermosas que hemos tenido la oportunidad de revisitar a pesar de no ser muy cercanas a nosotros. Vivir en un país que tiene sus tradiciones vivas, y poder viajar por el mundo y ver que es un lujo lo que vivimos en América, es excepcional. En muchos países de Europa la cultura está en museos, y en América aún está en la calle y en el campo. Es importante que las nuevas generaciones se avispen y se den cuenta del encanto que tienen las cosas que vienen de nuestra tradición.

Aunque parece que sois críticos con muchas cosas que suceden en el mundo, en las canciones se proyecta ese aire vitalista, luminoso …
Catalina: El trópico proyecta mucha energía, y es muy alegre, muy expresiva y muy positiva. Es gente que tiene esperanza por transformar, y eso siempre se transmite. La música tropical es muy alegre, y eso tiene que ver, con la gente y lo que nace en esas tierras.

Hasta ahora os habíais autoeditado vuestros discos, aunque en el anterior teníais una licencia con una major. ¿Os sentís cómodos dentro de la maquinaria multinacional o echáis de menos esa manera más doméstica de antes?
Santiago: Nos ha tocado vivir algo interesante: poder crecer de forma independiente hasta tal punto que la gran industria ha confiado en nuestro criterio. Nos ganamos el respeto de ellos con números, Grammys, tickets vendidos, discos… Al final, aunque tengamos nuestro punto de “banda rara”, ellos confían en nosotros, y han ayudado a amplificar lo que hacemos sin modificar nuestra esencia. Artísticamente, tener un A&R como Afo Verde, con ese gusto y ese olfato musical, es algo que suma muchísimo. Ha sido muy bueno para nosotros: seguimos haciendo lo que queremos, pero con una gran plataforma detrás que confía en nosotros.

Estuvisteis tocando el verano pasado con Carlos Vives, ¿sentís que tenéis cosas en común con artistas de su perfil?
Catalina: Creo que tenemos muchas coincidencias. Él empezó haciendo algo absolutamente disruptivo y revolucionario: divulgó las historias ancestrales a la gente joven, tanto de la cultura rock como de la cultura pop. Consiguiendo expandir la raíz colombiana en la primera plana mundial.

 

AGENDA
FechaCiudadRecintoHoraPrecio
jueves 21/03/19MadridJoy Eslava21:0022,73€
viernes 22/03/19BarcelonaBikini21:0022,73€

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