“Siempre me he sentido una outsider para el establishment de Nashville”
Entrevistas / Margo Price

“Siempre me he sentido una outsider para el establishment de Nashville”

Carlos Pérez de Ziriza — 10-08-2020
Fotógrafo — Archivo

Es no solo una de las grandes revelaciones del country rock norteamericano de los últimos años. Margo Price es bastante más que eso. Es una artista de raza, forjada a sí misma prácticamente de la nada. Que se sobrepuso a una juventud francamente complicada: adicciones, pobreza, búsqueda infructuosa de un lugar en la industria, incluso la desgracia de un hijo perdido a las primeras de cambio.

Margo Price ha desvelado en una discografía en solitario (tras su paso por Buffalo Clover) que, gracias al apoyo decidido de Jack White a través de su sello Third Man (cuando nadie confiaba en ella), tuvo en los álbumes “Midwest Farmer’s Daughter” (2016) y “All American Made” (2017), ambos coproducidos por el español Álex Muñoz – nuestro gran hombre en Nashville – , los principales argumentos para que medios como Rolling Stone, Esquire, Pitchfork o Billboard empiecen a considerarla la sucesora natural de Emmylou Harris o Dolly Parton.

Su nuevo álbum, producido por otra nueva leyenda outlaw como Sturgill Simpson, se llama “That’s How Rumors Get Started” (Loma Vista/Music As Usual, 2020), y es incluso mejor, más ambicioso y ecléctico que los dos anteriores. Hablamos con ella tras unos meses de confinamiento especialmente delicados para ella, con su marido (y compañero en la composición) Jeremy Ivey recuperándose del coronavirus en casa y tras el fallecimiento (por la misma dolencia) de su amigo y mentor John Prine. Una conversación que nos revela a una artista rebosante de humanidad y honestidad, porque su talento ya era más que de dominio público.

Lo primero que quería preguntarte es cómo te encuentras. Tuviste a tu marido (y compañero en labores de composición) Jeremy Ivey enfermo por coronavirus durante el confinamiento, perdiste a tu buen amigo John Prine y leí un artículo tuyo en Vogue en el que decías, allá por el mes de mayo, que no te veías con ánimos de promocionar nada. ¿Estás mejor ahora?
Bastante mejor ahora. En casa todo el mundo está ya bien de salud, vamos día a día. Mi madre se ha venido a pasar unos días con nosotros para ayudarme con los críos, así que eso me ha ayudado a tener tiempo para trabajar de nuevo. Eso ha sido de mucha ayuda. Y poder publicar el disco y dedicarle tiempo, también, porque hasta ahora, sin escuela y sin niñera con la que poder dejar a mi hija (tiene poco más de un año), se me hacía muy difícil trabajar desde casa.

La publicación del disco fue demorada, como ha ocurrido con casi todos los discos que iban a salir en abril, mayo o junio. ¿Sientes que alguna de las canciones ha cobrado un nuevo significado después de todo esto?
Lo veo desde las dos ópticas, porque con las lentes con las que lo vemos todo ahora, en que todo ha cambiado, algunas canciones tienen más peso. Como “I’d Die For You” y “Letting Me Down”. Ambas tienen un nuevo significado. Pero, al mismo tiempo, creo que todos los problemas que ya estaban aquí en el mundo, como la falta de una protección sanitaria para todo el mundo o el racismo… estaban aquí hace cuatro meses, pero ahora, en cierto modo, se han visibilizado mucho más.

Ya que mencionas temas muy candentes en tu país, el año pasado mostraste en público tu protesta ante la ley contra el aborto que se estaba promulgando en Alabama, junto a algunos otros músicos. ¿Crees que EEUU vive un periodo de regresión en cuanto a derechos sociales?
Sí, totalmente. Lo que está haciendo la administración actual es contraproducente en muchos sentidos. Se supone que somos los Estados Unidos de América, pero todo el mundo se siente muy dividido, y lo que está ocurriendo también con los derechos de las mujeres en Tennessee ahora mismo, donde no se puede abortar después de las seis semanas de gestación… no puedo entender cómo en 2020 las mujeres no pueden tomar decisiones acerca de su familia, que conciernen a su propio cuerpo, que no puedan hacer aquello que consideren mejor para ellas. Es descorazonador.

Has contado con Sturgill Simpson a la producción, uno de los grandes nombres del country de última generación. ¿Qué te ha aportado?
Fue increíble trabajar con él en el estudio, me ayudó a poner en pie a la banda, un extraordinario elenco de músicos. Sabía que él le pediría a James Gadson (Aretha Franklin, Marvin Gaye) que tocara en el disco, y desde ese momento supe que todo sería muy grande. Le di total confianza para que me ayudada a elegir qué canciones eran las mejores, porque grabamos 16 pero finalmente solo dejamos 10 en el disco. Él me aconsejó que hiciéramos algo conciso y cohesionado, un disco en el que todas las canciones tengan una relación.

También contaste en la banda con músicos de la talla de Matt Sweeny a la guitarra (Adele, Iggy Pop), Pino Palladino (John Mayer) al bajo y Benmont Tench (Tom Petty & The Heartbreakers) a los teclados. ¿Qué será de esas seis canciones descartadas? ¿Planeas recuperarlas en el futuro?
Creo que algunas saldrán como caras B de singles de siete pulgadas. Algunas pueden ser regrabadas para otros proyectos en el futuro. Me alegra haberlas grabado todas y haber escogido las que mejor encajaban en el disco. Sturgill (Simpson) incluso me aconsejó volver a grabar “Hey Child”, que era una canción más antigua, anterior a estas sesiones. Yo no quería, pero Benmont Tench y Pino Palladino no hacían más que decirme que era una gran canción, y creo que cobró una nueva vida, así que me alegro de que me convenciera.

El hecho de haber vuelto a ser madre de tu tercera hija, Ramona, hace poco más de un año ¿te influyó a la hora de dar forma a estas canciones?
Escribí “Gone To Stay” pensando en mis hijos, como una carta escrita para ellos, como una forma de decirles que siempre estaré junto a ellos, pese a estar lejos de gira, o incluso cuando muera. Fue como una forma de transmitirles algo de sabiduría. Y para que cuiden del planeta y sean amables con la gente. “Prisoner of the Highway” también la escribí cuando me di cuenta de que estaba embarazada, justo a punto de coger un avión para un concierto en el Hollywood Bowl, barruntando cómo iba a arreglármelas para mantener una carrera que te absorbe tanto tiempo, y que te genera el sentimiento de culpa de querer hacerlo todo bien por ellos, querer estar con ellos, y no poder hacerlo.

“Me encanta Nashville, y creo que la concentración de talento aquí es incomparable a ningún otro sitio de los EEUU”

Quizá el único aspecto positivo de la situación que hemos vivido estos últimos meses es el haber tenido más tiempo del habitual para disfrutar de la familia, ¿no?
Sí, ha sido como una bendición dentro de la desgracia, en cierto modo, porque, aunque mi hija pequeña ha venido con nosotros en el bus de gira desde que era un bebé, era duro llevarla a todas partes con menos de un año. El poder verla crecer día a día, porque crecen muy rápido, y ver cómo desarrolla su lenguaje, ha sido una bendición.

¿Cómo te sientes en la escena de Nashville? Hace poco entrevisté a las hermanas Lowell, de Larkin Poe, y me decían que no se imaginaban viviendo en otro sitio, que encontraban la ciudad tremendamente inspiradora.
Me encanta Nashville, y creo que la concentración de talento aquí es incomparable a ningún otro sitio de los EEUU. Los músicos son muy buenos y todo el mundo trabaja muy duro. También creo que hay mucha competitividad, lo que puede ser bueno y malo a la vez. Porque a veces se cree, erróneamente, que aquí todo el mundo colabora con todo el mundo, que todo el mundo se lleva bien, que hay unas alianzas ya establecidas: hay una escena pop country, incluso hay una escena punk underground de la gente que se junta en el Rock Block de Elliston Place, una escena muy diversa. Pero también hay gente que te pisaría la cabeza si eso les permitiera llegar a la cima, así que hay que tener mucho cuidado con la gente de la que te rodeas y estar seguro de cuáles son sus intenciones. Porque a veces hay motivaciones ulteriores. Toda la parte del negocio siempre ha sido muy fea, y yo siempre me he sentido como una outsider para los círculos tradicionales que han regido el establishment de Nashville durante tanto tiempo.

Justo te iba a preguntar eso, si hay todavía un conservadurismo en Nashville con el que no te sientes identificada, porque una canción como “Heartless Mind”, con esos sintetizadores tan prominentes, no casa en absoluto con el rock de raíces o el country rock ortodoxo.
Me encanta la forma en que esa canción se transformó desde que mi marido y yo la escribimos. Teníamos la intención de que fuera una canción de rock al estilo Tom Petty, pero Sturgill la cogió por banda y le añadió sintetizadores y una caja de ritmos – pese a que hay batería en el álbum, claro – y se convirtió en una cosa única en mi carrera. Me gustan muchos tipos de música, en realidad. Me gustan Blondie. Y Pink Floyd. Y cosas más psicodélicas y experimentales. Así que fue muy divertido demostrarle a toda la gente que solo había escuchado mi álbum Midwest Farmer’s Daughter (2016) que yo llevo más de una década haciendo soul, funk, blues y folk, aunque sea lejos del gran público, y que no contemplo límites de género. Siempre he consumido todo tipo de música.

Ya que hablas de psicodelia: ¿es cierto que tu próximo disco puede ser de gospel psicodélico, o lo dijiste en broma?
Bueno, hay un álbum de gospel psicodélico ya grabado (risas). No sé cuándo lo vamos a publicar, pero el concepto detrás de él era tomar ácido y describir cómo todas las religiones conectan con eso, algo que nadie ha hecho hasta ahora. Saldrá publicado, aunque no creo que sea mi próximo álbum. Pero ahí está, esperando su momento. Un disco para días lluviosos (risas).

También he leído que vas a publicar un libro autobiográfico.
Sí, llevo escritas 500 páginas. Todo el esfuerzo de tirarme una década en Nashville, tratando de conseguir un contrato discográfico, y todo lo que ocurrió entre tanto, tocando en programas de televisión, y todas las cosas feas que me ocurrieron…

Debe haber sido algo terapéutico de algún modo.
Totalmente. Empecé a escribirlo cuando estaba embarazada, sentía la necesidad de escribir mi historia. Cuando escribes sobre algo que te ha ocurrido, hace que tengas un recuerdo más claro de todo. Y como sabía que, cuanto más tiempo tardara en ponerme, más detalles se me iban a ir olvidando… pasé seis u ocho meses escribiendo y luego fue cuando obtuve el contrato editorial, ahora estamos en la fase de edición. Durante la pandemia fue como una vía de escape, algo que me permitía volver al pasado, incluso si eso significaba volver a todos los problemas que había tenido entonces. Era agradable alejarme del 2020 y de todo lo que estaba sucediendo.

¿Has tenido alguien que te asesorara a nivel literario?
Tiene mucho del estilo meditativo de Jack Kerouac, es más dura la fase de edición, porque me toca recortar muchas cosas y añadir otras. Así que voy a contar con un editor que me ayudará a preservar las mejores partes. Me inspiró mucho el “Just Kids” (2010) de Patti Smith, que ella también escribió muy joven, y que va sobre la década en que se estableció como artista en Nueva York. Lo leí tres veces, es muy bueno, así que creo que es la mayor influencia que he tenido.

Es curioso, porque la mayoría de músicos de rock que escriben libros autobiográficos lo hacen en su mediana edad, a partir de los 50 años, que es cuando echan la vista atrás y evalúan lo que ha sido su vida. Pero tú acabas de cumplir 37.
Sí, mucha gente me ha dicho que no soy lo suficientemente mayor como para escribir unas memorias. A la mujer con la que firmé el contrato, de Texas Press, le gustó tanto, y estaba tan encantada con mi forma de escribir, que me dijo que le parecía estupendo que lo hubiera hecho ahora, cuando todavía tengo todo fresco en mi memoria. Tenía algo que decir. He pasado por más cosas de las que le ocurren a mucha gente de mi edad. Cuando pierdes a un hijo muy pronto, batallas con el abuso de sustancias, con el fracaso, con un montón de trabajos de mierda, con problemas en mi matrimonio… creo que todo eso lo puede haber experimentado también alguien de 50, claro que sí. Pero creo que mi crisis de la mediana edad ha llegado mucho antes (risas). Este es un libro honesto, que hurga muy dentro de mí, más que cualquier álbum. Tuve que cambiar algunos nombres, eso sí, para que algunos amigos o familiares que estén hartos de mí no me demanden (risas).

¿Planes de directo a la vista?
Vamos a ver cómo se desarrollan las cosas. De momento, tenemos un rebrote aquí en Nashville. Es uno de los peores lugares para estar ahora mismo. Creo que estamos en el Top 20 del mundo: están Arizona y Florida, que están fatal, y luego una serie de países del tercer mundo como Kazajistán, y luego nosotros también ahí arriba en el listado. No sé cuándo los EEUU van a empezar a tomarse esto en serio, y a tener más tests disponibles y empezar a llevar mascarillas de forma habitual. A este paso, volveremos a la primera fase, a tener que cerrar todo de nuevo. Me rompe el corazón no poder viajar a Europa. Estuve una vez tocando en España con mi banda de rock, Buffalo Clover, uno de nuestros miembros era vasco, estuvimos en Bilbao y en Gernika. Cuando me preguntan cuál es mi lugar favorito para ir de gira, siempre digo España: buena comida, buena gente, buen tiempo y buenas playas. Estoy muy en contacto con Álex Muñoz, quien me produjo mis dos primeros discos. Espero poder volver pronto.

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