“Ahora todos los estilos musicales los filtran con el shoegaze”
EntrevistasThe Lions Constellation

“Ahora todos los estilos musicales los filtran con el shoegaze”

JC Peña — 03-03-2026
Fotografía — @lai_ene

Más de tres lustros separan el debut de la banda catalana The Lions Constellation de su secuela “New Moon Rising” (Make Me Happy/Too Good To Be True, 25), disco en el que dan rienda suelta a su olfato para crear canciones de pop alternativo con guitarras rotundas y lánguidas melodías.

Me conecto con Raúl Jiménez (RJ Sinclair), autor de las canciones, además de veterano en mil batallas con Tokyo Sex Destruction, Lost Tapes, It’s Not Not y otros proyectos de la escena alternativa de filosofía DIY. Su entusiasmo se refleja en un torbellino de buenos recuerdos; él se encuentra cómodo en un presente menos frenético que reconoce los méritos de un disco en el que ha volcado, junto a su hermano Carlos Graham (bajo) y P. Arthur a la batería, lo que mamaron. Han contado con el apoyo de varios sellos internacionales para su edición en vinilo. Aquí nos tenemos que conformar con el formato digital. “El otro día tuvimos una cena los tres para agendar ensayos y demás, y no nos acordábamos ni de cuándo empezamos. Yo creo que fue en 2007, comenzaron a salir conciertos, y todo fue muy rápido. Como que en muy poco tiempo hicimos mucho. Y después… pues cada uno fue tirando para un lado. Hubo cambios de formación, y en 2010 o 2011 paramos”.

“El disco se hizo a saco [risas]. Había reservado cinco días para hacer un EP, y de repente queríamos hacer un disco entero"

La banda se reactivó justo antes de la pandemia, y cuando llegó aquello consiguieron sacar adelante un EP (“Under The Skin”, 21). “Después hubo otro pequeño parón hasta que volvimos a reorganizarnos como trío. Durante la pandemia hubo otro guitarrista, y lo dejó”. El compositor prefiere no dar muchos detalles, pero su idea de sacar otro EP fue confrontada por sus compañeros. Al final acabaron grabando doce canciones nuevas. “El disco se hizo a saco [risas]. Había reservado cinco días para hacer un EP, y de repente queríamos hacer un disco entero. En un mes y pico tuvimos que cascarnos siete temas nuevos. Y lo grabamos en esos cinco días. Las baterías se grabaron en un día. Tuve que llamar a Pau [Roca, de La Habitación Roja y compañero suyo en Lost Tapes] para que me ayudara a grabar guitarras”.

Lo que podría haber sido contraproducente, funcionó. “Ya tenía la idea del sonido. Normalmente compongo todo con acústica, da igual el grupo. Yo remarco que no soy músico: sé tocar tres acordes y ya está. Después, en mi cabeza, está la Sinfónica de Berlín. Lo mío es todo de oído, y más o menos sé a qué quiero que suene. Edgar –productor del disco– me ayudó un montón. Pero siempre he funcionado así. Toco guitarra, bajo y batería, pero no me preguntes qué estoy haciendo. Esto me viene heredado de otras personas con la que he tocado. A la gente de Aina no les preguntes qué están tocando. Hemos crecido todos en eso. Todo esto del sonido viene del bagaje”.

Y ese bagaje brilla en un álbum en el que emergen sus influencias de los noventa. En tiempos de revival, no deja de ser una ventaja. “Sé que está muy de moda el shoegaze, pero me dice gente de fuera que en el disco se nota un background que viene de lejos. Yo lo he mamado en los noventa. Los grupos de ahora tienen una fijación extrema en aquel grupo que ahora ha resurgido, y entonces le dan coba. Ahora pones a una chica cantando sobre una base de distorsión y efectos y vale, viene de Slowdive, pero a mí sinceramente, nunca me gustaron. Y ahora cuando han vuelto, pues no sé. El disco de Lions se grabó en 2008. Igual nos adelantamos. Ahora todos los estilos musicales los filtran con el shoegaze. Cantidad de grupos de hardcore, hay incluso black metal mezclado con shoegaze”. Raúl sostiene que su disco está más cerca del pop (alternativo) que de otra cosa, y que el “shoegaze” original duró muy poco antes de ser sepultado por grunge y brit-pop. “Ahora pones a una chica cantando sobre una base de distorsión y efectos y vale, viene de Slowdive, pero a mí sinceramente, nunca me gustaron. Ahora todos los estilos musicales los filtran con el shoegaze”.

“Sé que está muy de moda el shoegaze, pero me dice gente de fuera que en el disco se nota un background que viene de lejos. Yo lo he mamado en los noventa"

“New Moon Rising” tiene el respaldo de varios sellos internacionales. “La industria ha cambiado mucho. En el underground lo más viable es buscarte varios sellos y hacer un split para repartir gastos. Sellos hay, pero tienes que ser consciente de qué es lo que ofrece tu grupo”. Porque el (poco) dinero está en las giras. Lejos quedan para el guitarrista los tiempos frenéticos en los que podía cascarse doscientos conciertos en un año, cambiando a veces de furgoneta en la autopista, y acabando “destrozado”, para vivir de esto. “Vamos a intentar hacer lo máximo que se pueda, dentro de nuestras posibilidades. Con trabajos e incluso familia tienes que hacer virguerías. Tenemos confirmados festivales en Grecia y posiblemente salga uno en Noruega. Gira como la entiendo yo, de seis semanas, es inviable. Pero a mí me encanta tocar, así que iremos a lo que salga. Hemos vuelto para darle una patada a la industria”, se ríe.

Hablando de industria, el músico ha sido testigo en primera línea de cómo ha ido cambiando. Su visión combina realismo económico con cierta amargura. “El mundo de la música se ha visto absorbido por cosas que no tienen nada que ver. Ahora ya no son sólo las cervezas, ha entrado todo el mundo. La gente se lleva las manos a la cabeza por fondos de inversión israelíes, cuando ha abierto una puerta por la que va a entrar todo quisqui. Yo no estoy ahí, y todo eso es una rueda. Ahora un grupo que lleva dos ensayos tiene una agencia de contratación o un manager, y te pide el oro y el moro. Antes lo único que querías era ensayar y pasarlo bien con los colegas”.

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