“Yo lo que quiero es ir todo el rato mutando”
Entrevistas / Erik Urano / Flat Erik

“Yo lo que quiero es ir todo el rato mutando”

Joan S. Luna — 17-03-2020
Fotógrafo — J.C. Quindos

Erik Urano/Flat Erik es, sin lugar a dudas, uno de los raperos más particulares y avanzados de nuestro país. Lleva años demostrándolo, pero sus dos últimos movimientos –el epé “Balaclava” (18) y “Neovalladolor” (Sonido Muchacho, 20)– suponen un paso adelante abrumador para el rap facturado aquí.

Con la vista puesta en el Reino Unido, la electrónica, la ciencia ficción y, al mismo tiempo, en la realidad social que le envuelve, el vallisoletano charla con nosotros para descubrirnos las claves de su universo distópico y sci-fi.

Llamo a Erik sobre las seis de la tarde. Ha salido del trabajo y espera mi llamada en un bar del centro de Valladolid. El murmullo de las charlas que le rodean no impide que su voz suena calmada y que converse con suma educación. Suena extraño tratándose de un rapero, pero es que Erik Urano, o Flat Erik si lo preferimos, no es un músico corriente que encaje en los tópicos. No lo ha hecho desde que formase parte años atrás del colectivo Urano Players junto a luminarias como Zar1, Miguel Grimaldo, Edu Omega, akaQvmore y Dj Porre. Pero escuchando las canciones de discos posteriores como “Energía libre” (11), “Cosmonáutica” (14) o el que publica ya mismo, “Neovalladolor”, uno se lo imagina sumergido en una burbuja fuera del espacio y del tiempo, en un universo de ciencia ficción apocalíptica y distópica que quizás tenga más que ver con su ciudad natal de lo que imaginamos.

“Creo que a la gente a la que le gusta lo que hago es porque en el fondo es lo que busca, que no sea directo y evidente”.

“Vivo en un pueblo, Laguna de Duero, que es como una ciudad dormitorio. Una especie de barrio, a unos cinco kilómetros”. Sabiendo eso, en mi cabeza colisionan dos visiones, la de esa España vacía, o vaciada, y de la ciudad futurista, Neovalladolor, en la que los hombres luchan por su dignidad. Un presente asfixiante, un futuro extenuante. “Hombre, se ha notado en los últimos años, sobre todo entre la juventud, que la gente ha tenido que irse, pero si te pones a pensar, dentro de Castilla-León es el núcleo urbano más grande. Es lo menos vaciado de la España vaciada”. Y cuentan que también es uno de los focos principales de la España más conservadora, escenario ideal para dejar volar la imaginación y convertir las calles de una ciudad tradicional en escenario de futuros distópicos que harían las delicias de Philip K. Dick, Katsuhiro Otomo o Andrei Tarkovski vía Stanislaw Lem o los hermanos Strugatski. “La verdad es que como allá dónde voy me encuentro con lo mismo, pues… Creo que tiene ya más de cliché que se ha perpetuado que otra cosa, de algo que se va arrastrando. No creo que tampoco tenga una base más sólida que otras ciudades en cuanto a derechas. Tampoco digo que no sea así, que al contrario tampoco lo es, pero evidentemente tiene una historia que se arrastra. Creo que es un estigma que ya no encaja más que en otras ciudades”. Y prosigue. “Lo que pueda tener de asfixiante Valladolid no es tanto por lo ideológico, sino en otros planos. Es una ciudad en la que cuesta encontrar trabajo, en la que a mucha gente le toca marcharse para poder trabajar, sobre todo oficios o yo qué sé, cosas artísticas, porque es una ciudad precaria en ese sentido. Aquí el trabajo suele orientarse hacia grandes fábricas como Michelin, Fasa Renault y cosas así. Prácticamente mi generación y las anteriores salían de estudiar y se ponían a trabajar en la fábrica y se iban a la obra. Y a día de hoy, pues no deja de ser hostil en distintos aspectos, desde el clima a que la gente es un poco más fría o distante que en otros lugares, algo que tampoco tiene que ser malo y que sencillamente es lo que es. Quizás no te encuentras gente tan abierta como en otros sitios, pero sin duda es algo más cultural que ideológico”.

De la frialdad y del espíritu hostil del entorno es de lo que Urano extrae la materia prima para estructurar el discurso lírico de su propuesta. Una propuesta de trasfondo distópico en el que su amor por el grime, el rap avanzado, la electrónica, la ciencia-ficción crean un entramado complejo y abstracto que ha acabado caracterizando los movimientos de Urano durante los últimos cinco años. Un pulso entre el hoy y el mañana. Lo evidencian canciones como “Balaclava”, “No I.D.”, “Vybz” o las nuevas “Vantablack”, “Penfield”, “Drones” o “Logout”. “Cualquier distopía de ciencia ficción, pese a que no tenga implícita un panfleto ideológico reivindicativo, por el mero hecho de plasmar el futuro de esa manera, hace una crítica de las cosas que están mal en el presente. Hablas de un futuro en el que se lleva al extremo lo que está mal de lo que estás viviendo. Te sitúas en un futuro cercano que te sirve para proyectar tu contexto y ahí es cuando surge un sentido reivindicativo. Al final muestras toda esa movida no amable u hostil de Valladolid”.

El fondo, en este caso, importa, pero sobre todo es la forma lo que ha caracterizado el devenir artístico de Urano hasta convertirlo en un artista incomparable. Un tipo de mensaje críptico y complejo que requiere escuchas –eso ténganlo claro–, pero cuyo disfrute se va incrementando conforme desciframos claves y nos empapamos de referencias. “Cómo lo hago tiene que ver con mi propia inquietud creativa, incluso a la hora que tengo que escuchar, leer o disfrutar de cosas, me gusta que haya cosas que desencriptar. Yo creo que también al final no dejamos de intentar hacer lo que nos gusta escuchar o ver. A mi siempre me ha gustado ese concepto de encriptar las cosas, de que no sean cosas que se destapen a la primera escucha. Al final lo que quiero decir es que no me gusta la policía y lo digo de forma enrevesada porque creativamente me expreso así. No sé hasta qué punto es elegido o natural. Supongo que la lírica está ahí. Como cuando lees un libro, puedes hacerlo sencillo, pero en el fondo el valor de los grandes escritores es la forma en la que juegan con las palabras para expresar las ideas. Yo lo veo así, aunque algunas veces me paso (risas). Pero esa es la gracia. Creo que a la gente a la que le gusta lo que hago es porque en el fondo es lo que busca, que no sea directo y evidente”.

Hemos hablado de universos lejanos, de distopías, de ciudades que le chupan a uno la sangre y el espíritu, pero poco hemos hablado de rap, así que vamos a solucionarlo. Aunque a Erik Urano le conocemos ahora mismo como uno de los adalides del sonido grime y del rap vanguardista en nuestro territorio. Ahora bien, como todo hijo de vecino, el edificio empezó a construirse desde los cimientos. “Al final viví, cuando era chaval, dieciséis o diecisiete, el segundo boom del rap español, yo qué sé, Violadores, Frank T, toda esa movida. Digamos que esa fue la puerta con la que yo entré en el rap. Generacionalmente es lo que me pilló. Me podría haber enganchado al punk o al bakalao, pero a mí por generación me tocó el rap. Al principio evidentemente lo que yo hacía era mucho más parecido a ese rollo, pero con los años he ido encontrando mi camino. Además se iban sumando las referencias de lo que yo veía o leía, influencias externas fuera de la música, y con todo ese batiburrillo de cosas empecé a definirme”. Aunque no todas las influencias llegaron de más allá de las fronteras de su, por entonces reducido núcleo. En Valladolid también hubo rap que influyó en su visión de la música. “Aquí siempre ha habido mucho movimiento rapero. Por ejemplo, cuando yo era joven estaban La Puta Cueva, que era un grupo de Laguna, de donde yo vivo, es gente que llevaban sacando maquetas desde el 96. Y a mí me iban llegando ecos de todo eso, después ya fue más popular y luego ya sabes, es lo que tiene ser hijos de la post-modernidad, que llega Internet y da igual el lugar en el que estés… Da lo mismo que estés en Tokio o en Valladolid. Al principio todo era algo más autóctono, las referencias que tenía eran todas de rap español, pero con Internet nos hinchamos a escuchar cosas que no es que no supiéramos que existían, es que ni siquiera podíamos imaginar que se pudiesen llegar a hacer”.

“De alguna manera, mi luz la intento sacar en mi día a día. Intento sonreírle a la gente, tratar a los demás con respeto”.

A partir de aquel momento, la perspectiva musical de Urano se amplió de forma exponencial. Y así siguió a lo largo de los años, apuntalándose en sus álbumes, tomando caminos diversos y abriendo los ojos de forma sorprendente a partir de “Cosmonáutica”. Han pasado cinco o seis años apenas, pero las cosas han cambiado muchísimo en su universo. No hay más que comparar aquel disco con “Neovalladolor” y listar las diferencias musicales. La personalidad de Urano se mantiene, pero las formas se han movido en direcciones inauditas. “Joder, ya te digo lo que ha cambiado, tanto en fuera como en mi movida. Al margen de que mis referentes creativos o los que mas valoro sean los que se han ido reinventado, sí que es verdad que yo como persona cambio, cualquiera cambia… Bueno, hay gente que es la misma a los quince que a los treinta, lo cual a mí me parece un problema, la verdad (risas). Pero al final todo eso va conmigo como persona. Siempre me he planteado el acto creativo o el arte como un ejercicio de búsqueda constante. Busco, busco y busco, y en base a lo que decías, joder, espero no llegar nunca a una meta que me haga acomodar, porque para mí el valor está en el camino. Si alguna vez dejo de andar por ese camino, me sentiré vacío creativamente. Yo lo que quiero es ir todo el rato mutando, mutando, mutando… Es decir que, para mí, la esencia de todo esto está en el cambio, no en llegar a ninguna meta. Nunca me lo he planteado así, te lo aseguro”. Buscar, buscar y buscar, excelente fórmula para evolucionar. De ahí que, cuando ya teníamos ubicado a Erik Urano como capo del grime en nuestro país, va el hombre y llena su disco de electrónica, dubstep, reggaeton, drum’n’bass, footwork… “Es como el propio caminar. Mueves los dos pies, pero mientras uno está fijo, el otro ya está a medio camino por delante. Por ejemplo, tú escuchas de ‘Keep Walking’ –el último tema de ‘Energía libre’y ya está metido en la onda grime que llevo ahora. A mí eso me sirvió de aprendizaje y de entrenamiento para llegar al punto en el que estoy ahora. Eso son cosas que pienso en futuro, pero dándome cuenta al mirar al pasado de que esa semilla en mi yo del pasado”.

Una de las cosas que más sorprende, atendiendo al particular universo distópico de Erik Urano/Flat Erik, es que al margen de su carrera musical, el vallisoletano trabaje diariamente con chicos y chicas con dificultades de aprendizaje. Sabiéndolo, uno imagina de qué forma puede eso afectar al Urano artista. “Al final es un trabajo que te nutre como persona. Si me preguntas si me ha afectado artísticamente, pues posiblemente no de forma directa, pero al haber afectado a mi personalidad, aunque sea de rebote lo habrá hecho en mi mensaje o en mi forma de enfrentarme a él. Me ha ayudado a ver realidades distintas, y realidades mucho más jodidas de lo que te puedes llegar a imaginar, pero que aún así te encuentras con más sonrisas de las que encuentras en otros ambientes en los aparentemente que hay muchos más motivos para sonreír y no lo hacen. Me ha servido sobre todo para enfrentarme a otras realidades y a aprender a valorar mucho más la mía”, apunta. “No creo que eso entre en colisión con mi universo musical. Eso vendría a ser mi yo interior (risas). Y no creo que sean actitudes excluyentes, porque al final yo no dejo de ser una persona educada, una persona que tiene sus opiniones en los distintos ámbitos bastante formadas, que lee, con muchas inquietudes… De alguna manera, mi luz la intento sacar en mi día a día. Intento sonreírle a la gente, tratar a los demás con respeto. Entonces, ese ambiente opresivo es solamente parte de esa dualidad que llevamos todos dentro. Y yo tengo la suerte de que la puedo expresar artísticamente”.

Y así nos plantamos en el nuevo disco. Después de usar el concepto “Valladolor” durante un largo tiempo, llega a una nueva etapa con ese sufijo de intenciones futuristas. ¿Es “Neovalladolor”un disco de su lugar y de su tiempo? “Siempre he intentado más que hacer las cosas de mi momento, hacerlas del siguiente. No porque me lo plantee, sino porque me sale así. Por eso te diría que ese ‘neo’ no deja de ser una declaración de intenciones de lo que hago. Como bien dices, ‘Valladolor’ es un concepto que hace mucho tiempo que estoy usando, y este disco además de ser una especie de oda a mi ciudad, lo veo como un desbloqueo en el género, como un pasito más allá en lo que es mi carrera. Y además es una referencia directa a otra de mis influencias, que ya muestra en Vantablack, que es Akira y la idea de Neo-Tokyo. Desde que vi la película de pequeño, siempre me llamó la atención. Una explosión, la tercera guerra mundial y un agujero que queda, sobre esas cenizas, y que es sobre el que se levanta Neo-Tokyo de nuevo. Yo he querido metaforizar con eso usando el concepto que ya usaba, pero meter ahí esa explosión y esa destrucción que me ayuda a regenerar todo de nuevo”. Para más sorpresa y después de pasar por un sello especializado en rap como Gamberros Pro, va y nos sorprende fichando ni más ni menos que por Sonido Muchacho, hogar de artistas como Carolina Durante, Juventud Juché o Antifan, por citar tres artistas distintos. “Una de las cosas más importantes que me planteé con aceptar fichar con Sonido Muchacho fue directamente cambiar mi situación. En realidad yo nunca me he sentido dentro de ninguna escena, por muy dentro que haya podido estar de la del rap, etcétera. Éramos muy rap para los de electrónica, muy electrónicos para los del rap… Lo que sí ocurría es que siempre me llegaba es mucho feedback de gente de fuera de mi escena, así que cuando me llegó la oferta de Sonido Muchacho me pareció muy interesante. Lo primero, bonito. Porque a mí durante estos años nunca se me ha acercado realmente nadie se me ha acercado a ofrecerme nada, nadie me ha venido ni me ha dicho ‘oye, que quiero apostar por tu movida’… Ni multis, ni nadie. Y la verdad es que conocía el sello, pero lo tenía muy ubicado en el indie, y me sorprendió que mi movida ultra-rara le interesara a ese sello. Pero vi a gente que quería apostar por mí, que quería sacar mi marcianada en su sello. Además también me quería desligar de la escena más rap, porque creo que lo que hago cada vez tiene más identidad propia y es más difícil de meter en un único estilo. Por eso pensé: ‘a lo que surja, por dónde surja’”. Queda claro, sobre todo porque, a día de hoy, la música de Erik Urano/Flat Erik tiene mejor encaje en festivales como Primavera Sound –actuó allí la pasada edición– o Sónar que en eventos exclusivamente rap. “Totalmente. A mí me costó tiempo darme cuenta, pero es verdad que es así (risas). Evidentemente yo arrastraba a cierto público muy rap, pero luego me dí cuenta de que mucha gente que venía a verme buscaba la identidad concreta de Erik Urano. Daba igual que esa identidad hiciera un tema a noventa bpm’s o sobre una base de drum’n’bass, porque los que me seguían buscaban esa identidad concreta. Para mí eso fue un punto de inflexión creativo: Darme cuenta de que no estaba en ningún sitio claro. Hubo un tiempo en que me rayaba por eso, porque era como estar perdido o en un islote fuera de todo, pero llego un momento en el que me di cuenta que ahí estaba el romanticismo y la personalidad de mi movida”.

“No pretendo ser transgresor por serlo, sino que mira, es lo que hay… Mi inquietud va mutando y yo voy aprovechando esa mutación”.

En “Balaclava”, empezó a trabajar con diversos productores, pero esta vez la apuesta ha ido a más, congregando a su alrededor a músicos muy distintos, desde gente de Breaking Bass hasta Merca Bae. Como decíamos antes, con eso el disco se mueve hacia terrenos muy distintos, desde drum’n’bass a footwork o reggaeton, pasando obviamente por grime o vocales drill. Ahora que ya le tenemos como el tío del grime en España, él ya está en otras cosas. “Al final lo que estoy es tocando la polla siempre (risas). Para mí es la inquietud. Es cierto que el disco tiene una base de grime sólida, o mejor dicho del sonido británico, pero lo que me ha pasado es que lo mismo que empecé a meter grime cuando me cansé un poco de los ritmos más estándar del rap, ahora siento la necesidad de meterme en otras cosas. ‘Neovalladolor’ me lo imaginaba como la banda sonora de mi ciudad del futuro y en esa banda sonora está un poco incluido todo. Lo veo más como un compendio de las corrientes electrónicas que me molan más en el momento actual, pero que conectan con el universo rap”. Bueno, en ese universo también encaja otro provocador profesional, Niño de Elche. “Sí, me siento bastante afín a él. Sobre todo en el sentido en el que tampoco hay una pretensión de hacer eso, sino que es tu propia inquietud creativa, que necesitas reciclarla. No pretendo ser transgresor por serlo, sino que mira, es lo que hay… Mi inquietud va mutando y yo voy aprovechando esa mutación”.

Mi intención era no preguntar mucho por cada uno de los productores, pero teniendo en cuenta que muchos de ellos son imprescindibles para entender el producto final, me interesa por sus expectativas a la hora de trabajar con gente como Lost Twin, BSN Posse, el ya citado Merca Bae o su amigo Zar1. “En realidad no sé lo que espero de cada productor. Suele ser algo más sobre la marcha. Con Zar1 me ha pasado siempre también, le voy dando forma a los discos según van sucediendo. La gente me manda beats y hay algunos que he escrito y han entrado y otros que no. No voy y les pido que me hagan un beat de tal rollo. Por ejemplo con BSN Posse, me mandaron ese beat y con el tiempo lo vi muy dentro del concepto de este disco, así que lo metí. Al final casi cada tema es de un productor, aunque Zar1 o Lost Twin tengan un par, y resulta más complicado conseguir esa coherencia que creo que he conseguido. Antes con Zar1 era más sencillo porque trabajaba casi solamente con él, ahora no. Pero el resumen es que no voy buscando cosas concretas, sino que las voy amoldando o añadiendo cosas para que acaben encajando en el concepto de lo que tengo en la cabeza. Es algo muy intuitivo. Escucho el beat y veo si la atmósfera me encaja con el concepto que tengo del disco. Es complicado de explicar porque es un poco etéreo, no puedo explicártelo con palabras exactas. Se trata de contextualizar, así que depende de lo que me evoque esa atmósfera. Por ejemplo, el beat de Lost Twin de ‘Penfield’. El rollo del disco, de ‘Neovalladolor’, va todo muy enfocado a lo distópico de Akira, de Blade Runner. Me escuché el beat y pensé, joder, que era la banda sonora ideal, rollo Vangelis, así que dije que p’adentro directamente, porque me cuaja muchísimo. Luego hay otras cosas que me llegan y me flipan, me las escribo y hago un tema, pero no veo que encajen en el concepto que estoy buscando para el disco y se quedan fuera. La atmósfera, el paisaje, tienen que encajar y si no me encaja en la cabeza, no va a encajar en el disco”.

También hay que destacar el uso de algunos sampleados estrella que van desde Dizzee Rascal a la voz de D Double E (Newham Generals) en “Penfield”, pasando por un verso del clásico de Faithless, “Insomnia”, en “Logout”. “Inicialmente tampoco estaba ese sampleado, pero quería cerrar el disco con esa zapatilla y no sé por qué me vino ese tema en concreto. Es una canción muy icónica de mi juventud. No sé si puede decirse que fuera idea mía porque es algo que salta la chispa al momento y viene regalao. Fuimos al estudio, lo probamos y queda de puta madre. Así que no sé si tendremos problemas o qué”. (risas)

Erik Urano frente al rap español

“Tenemos ese complejo europeista de mirar más hacia fuera. España culturalmente ha bebido siempre más de Estados Unidos que del Reino Unido, pese a tenerlo más cerca geográficamente. Yo creo que aquí ha venido un poco de base. Lo que se ha entendido como rap en este país ha tenido un poco ese rollo sectario de que las cosas se tenían que hacer según unas formas determinadas. Y al final te das cuenta de que los artistas que más han funcionado aquí son los que encajaban más con esas formas. Y las cosas que se salían un poco de eso, jodido… En ese sentido tengo que romper una lanza en favor del trap. Porque llegó aquí e y ayudó a romper ciertos muros, al margen de que la gente del trap no tuviese bagaje en lo de aquí, en el mundo del rap y que se aceptasen sonidos más electrónicos, más ácidos… Es algo que nosotros llevábamos haciendo toda la vida, pero es algo que no se veía más allá de gente como Sólo Los Solo, gente que miraba un poco más hacia adelante. Creo que más que algo geográfico, siempre ha sido algo de miras. En el momento de que la mira iba demasiado lejos, no se acepta. Si se da solamente un paso parece que se entiende mejor, pero si se dan diez pasos pues ya no se entiende o cuesta mucho entenderlo”, opina Urano al respecto del rap español. Ahora bien, él no ha sido nunca uno de esos artistas obsesionados en matar al padre, algo muy habitual en el mundo del trap. De hecho, en su discografía podemos encontrar sampleados de 7N7C o los ya citados Sólo Los Solo. “Hay gente que más que sentir la necesidad de matar al padre, siente la necesidad de reforzar su discurso transgresor matando al padre. Cuando en realidad es algo de lo que no hay necesidad, sobre todo cuando ha habido gente como Sólo Los Solo, esa gente ya estaba en el 2020. Lo único que puedo hacer yo es estarles agradecido por haberme metido una hostia en la cabeza en la que me llevaban al 2030. No puedo hacer otra cosa que rendir pleitesía a la peña que ha ido dando pasos antes que yo. Obviamente, yo quiero darles más, pero es evidente que tengo que valorar que los pasos que doy los doy nutrido por lo que hizo esa peña. Me parece algo mágico y es lo que hace que avance la cultura. Que la peña que esta avanzada nutra a la gente de las generaciones posteriores para que estas avancen todavía más. También es una cuestión de respeto y de educación, pero creo que en España no hace falta matar a todos los padres porque muchos de ellos han tenido un peso fundamental en el avance de todo esto. Y más con gente como Juan Solo y Griffi, que es gente que ya estaba avanzadísima en su momento. Tú te escuchas el ‘Quimera’ hoy en día y suena actual y vanguardista. Si tú te alimentas de esa gente, está claro que también vas a salir avanzado”. (risas)

Por eso, no extraña que a la hora de citar sus máximas influencias, al margen de repasar nombres que van de Dizzee Rascal a El-P, algunos nombres estatales salgan a la luz. “Influencias muy fuertes, dejándolas en la música, porque el rollo de la literatura es otra cosa más complicada, te voy a decir tres. Por un lado, el Juan Solo de ‘Quimera’. En segundo lugar, Chinatown, con su rollo más de rap al uso, de decir las cosas de forma más tosca y muy del norte. Y otra muy muy muy fuerte y que ya he citado algunas veces es Tone. Sobre todo un disco que se llamaba ‘Algunos cortes’. Ese disco me voló la cabeza muchísimo. Esa forma de descomponer la realidad en movidas así científicas conceptuales. Vamos, tengo que referenciarle muchísimo porque fue un punto de inflexión muy importante en mi carrera. Y si conoces o escuchas ese disco probablemente veas en mi forma de escribir mucha forma de escribir de esa persona y sobre todo de ese disco en particular”.

Lo mejor del rap español:

“Algo bueno que ha tenido el rap español, sobre todo cierta gente como Chinatown o Sólo Los Solo, fue pillar un estilo de fuera y, adaptándose a los cánones del género y ‘autoctonizarlo’ bien. Así como hubo gente que lo hizo mal, hay gente que le dio la vuelta a eso, que pillo esa movida ajena y adaptarla a la cultura española, o fusionarla. Yo he llegado con la mesa servida, pero hacer eso en su momento tiene que ser muy complicado. Lo mismo que gente como Madlib o J Dilla hicieron avanzar todo fuera, aquí esta gente hacía lo mismo”.

Lo peor del rap español:

“Pues una cosa de la que nos reímos muchas veces con Zar1, que es lo que nosotros llamamos el ‘metarap’, que es el rap que habla de rap. En España hubo una época en la que se cebó demasiado esa movida de ‘yo, mi cuaderno, mis versos, mis rimas, mi poesía, mi no sé qué’. Se malentendió como un rollo de competición, pero es que no había nada de competición. Era una cuestión totalmente estética, pero vacía de contenido. Se abusó muchísimo y, joder, ha costado mucho tiempo sacarse ese rollo de encima. De hecho, con todo lo que se ha criticado al trap, acabó con esa hegemonía. Hasta aquí. Que se ha criticado a chavales por hablar de drogas, pero al menos visibilizaban su contexto. Otra gente solamente se montó su película ficticia, pero encima camuflada como poética y de poética no tenía nada. Así que lo peor que ha tenido el rap en España ha sido el metarap como género (risas)”.

2 comentarios
  1. JAN ARISTA 18 marzo, 2020

    A ver, he empezado a leer el articulo, mentiría si dijera que lo he leído entero, es una pesadez. El señor Urano se martiriza con una ciudad de derechas (alcalde socialista con gobierno de coalición de izquierdas), yo soy de Pucela y vivo aquí, despues de haber vivido en Salamanca, Madrid, Barcelona, Alicante y Lisboa y Valladolid es como todas, con sus cosas pero como todas.
    Según el todo el mundo trabaja en fasa o michelin, eso no es cierto, es una capital de provincias tirando a grande en comparación con su entorno y hay trabajo y paro como en todos los sitios ¿que porcentaje de gente trabaja en esas fábricas? seguro que ni el 10%, de mi entorno ninguno. De hecho el es profesor o algo asi.
    A este tipo le gustaría haber nacido en un getto para quejarse pero como no es así se lo inventa, me parece genial pero no nos involucres a los demás.

  2. Adrián Albán 29 abril, 2020

    Definitivamente, era el peor rap, aunque las bases eran muy bailables y se disfrutaban por eso, creo.
    Muy buena entrevista, Urano va ganando cada vez más visibilidad y por lo menos desde mi perspectiva como oyente o consumidor, es un artista que te anima, sin decírtelo a ponerte investigar sobre él y sus antiguos trabajos y raíces. Algo completamente diferente a todo lo genérico de lo nacional, que ya está influenciando a más de uno me da a mi. Aunque claro luego cuando les pregunten, “no sabrán de que están hablando”.

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