El orgullo del artesano
EntrevistasMagnolia Electric Co

El orgullo del artesano

Enrique Ramos — 28-09-2009
Fotografía — Archivo

Jason Molina lleva muchos años luchando duro y componiendo grandes canciones al frente de distintos proyectos. Magnolia Electric Co. es una de ellos. Ahora, con disco nuevo bajo el brazo (“Josephine”) visita nuestro país por enésima vez dentro del Roky Mountains Festival organizado por Houston Party y Ruta 66.

Parco en palabras, pero incontinente a nivel creativo, Jason Molina lleva años construyendo una carrera tremenda, de fondo y sin un sólo traspiés. Al principio como Songs:Ohia y desde hace unos siete años como Magnolia Electric Co., sus canciones siempre han seguido el hilo inconfundible de su voz. Una voz cercana y poderosa, un auténtico pilar de la música americana de los últimos quince años. Corría el año 1996 cuando Songs:Ohia sacaron su primer single en Palace Records, la discográfica de Will Oldham. Era de cajón: enseguida le empezaron a llover comparaciones con el de Louisville. Poco a poco, a razón de un disco por año, tropecientos mil singles y Ep’s, Jason Molina fue avanzando posiciones hasta acabar siendo una de las patas de la mesa que formaban Bill Callahan, Chan Marshall, Will Oldham y él. Cuatro escritores de canciones excepcionales, una generación que ha acabado siendo un nuevo paradigma de la musica de raíces americana, esa que no busca tanto las raíces como la copa del árbol. Y ahí siguen los cuatro. Hubo un tiempo en que Jason Molina era un artista permeable.

Colaboraba con grupos distintos allí donde estaba y su música se mezclaba con la de otros. Tenía discos desnudísimos y de repente pasaba una temporada en Escocia para grabar con Arab Strap, para inmediatamente después convertirse en Crazy Horse para el siguiente disco. Escuchar cada paso siempre era excitante porque siempre era distinto. ¿Ha cambiado eso desde que a principios de ésta década empezó a firmar sus discos como Magnolia Electric Co? Sí y no. Aunque siga colaborando una ingente cantidad de músicos buenísimos, Magnolia Electric Co tienen un núcleo de miembros fijos, un sonido pétreo, lleno de matices, donde la mayoría de canciones cabrían perfectamente en un disco u otro como si hubiera encontrado por fin lo que había estado buscando en tantos otros discos. “Todavía escribo exactamente de la misma forma que en los días de Songs:Ohia.
Siempre me ha gustado tener aportaciones de otros músicos, para mí es fácil hacerlo. La peor parte es conseguir coincidir en tiempo y espacio con ellos”. Scout Niblett, Will Oldham, Alasdair Roberts, David Lowery, Edith Frost... la lista es interminable y llena de nombres que quitan el hipo hasta hoy, recién estrenado su último disco, “Josephine” y a punto de editar su colaboración con Will Johnson (Centromatic, South San Gabriel), “Esperamos tenerlo en otoño. Escribimos las canciones los dos juntos y estamos muy orgullosos del disco”. Este proyecto les traerá a ambos a la península en una gira que se prevé como una de las más emocionantes del año: por una parte, el directo es el hábitat natural de Molina, por otra, es una espina clavada desde la cancelación de su gira española hace un par de años por la muerte de Evan Farrell, uno de los miembros de la banda. Aunque “Josephine” no es exactamente un disco sobre Evan Farrell, su muerte recorre todo el disco. La ausencia de los seres queridos, la fragilidad humana, han sido temas recurrentes en todos sus discos, pero aquí parecen cantados desde otro lugar, uno más sabio: “lo más duro fue el momento en que tuve que coger la guitarra periódicamente y simplemente escribir sobre ello”. Y para ello, sigue alargando su paleta, esta vez añadiendo alguna pincelada de country-soul de muchísimos quilates como en “Rock
Of Ages” o “Little Sad Eyes”, algo que para él es más una cuestión de percepción nuestra que de su propia voluntad. “En realidad para mí son canciones normales. ‘Little Sad Eyes’ es simplemente una canción muy triste que suena algo más animada”. Porque Jason Molina entiende sus propias canciones como un artesano, un trabajador incansable más que un artista tocado por algún don extraño. “Siempre empiezo a componer bastante antes de grabar. En este caso no he enfocado las composiciones de una manera distinta a la que suelo. Escribo cada día y eso me da mucho material donde elegir. A la hora de grabar, siempre intentamos hacerlo lo más parecido posible al directo”. Quizá sea esa la razón por la que incluso canciones tan maduras como “Knoxville Girl” puedan llegar a sonar tan hechas al momento como las de sus primeros discos como Songs:Ohia. Y ojo porque hablo de inmediatez. Molina adelanta a todos porque sus discos, sus directos, siempre son cálidos: el Neil Young de su generación.

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