“África es la fuente de todo”
Entrevistas / Depedro

“África es la fuente de todo”

Alan Queipo Bonet — 30-09-2016
Fotógrafo — Carlos Barros

Al margen de eslóganes cerveceros paridos de un brainstorming en una agencia de publicidad, sí que existen los ciudadanos de un lugar llamado mundo. Jairo Zavala como Depedro lo demuestra cada día: ahora, con ‘El pasajero’ (Warner, 2016), un nuevo manual apátrida que nos lleva de viaje por los folclores del Tercer Mundo y la canción costumbrista con tanta sensibilidad como universalidad.

Hay canciones que me parece que rompen con esa tónica folk-rock con el que se te asocia: hay aires afrobeat, otros rollo neoclásico, otras que pareces desde Chris Isaak a Chic… ¿Crees que es el disco en el que hay quizás más pluralidad de tratamientos?
Quizá sí que he sido más extremista a la hora de buscar otros colores musicales. No está intencionado: siempre me intento dejar llevar por la canción, y lo que piense en ese momento que la canción necesito trato de dárselo. Me hace gracia y me gusta que menciones a referentes como Chic o Chris Isaak; quizá incluso a mí me gusta pensar que hay algo de los primeros discos de Michael Jackson, porque crecí con esa música.

“Quizá Depedro no hubiera existido como es, sin Calexico porque me han abierto muchas puertas mentales”.

¿Crees que abres nuevas latas en Depedro que hasta el momento no habías abierto?
Posiblemente, sí. Quizá me he puesto menos límites estéticos. Hay discos en los que sí tenía claro que no quería cantar de tal o cual manera; y en este disco he hecho lo que hiciera falta. En cualquier caso, el peso de la producción ha estado completamente legado en Joey Burns, y hasta el momento nunca había sido así: siempre había producido o coproducido mis discos, y en este caso quería quitarme y dejarme al otro lado del telón para centrarme más en la interpretación y que otro decida cuándo estaba la toma definitiva y hasta dónde podíamos llegar.

No sé si este tipo de colores nuevos o de ser extremo, como dices, viene también ligado con intentar evitar ciertos sambenitos, que no se te vea como un músico hermético.
No lo sé. Yo soy un gran fan de las canciones; y pienso que el responsable de la conexión emocional son las canciones. Evidentemente, los colores con los que las vistas son muy importantes, pero no es lo más importante. Y en ese camino está mi lucha conmigo mismo, para intentar hacerlo mejor cada vez. Sí que es verdad que en este disco he tardado casi tres años, que es bastante tiempo; también debido a la gran cantidad de energía que empleo tocando, saliendo de gira o haciendo cosas, y al final no doy abasto a veces.

Como dices pasaron cerca de tres años. No sé si pasaste algún tipo de crisis creativa; o al menos en la búsqueda de un concepto para agrupar las canciones…
Me costó mucho, sí. Al menos me costó mucho terminar un bloque de canciones importante como para hacer un disco, y gracias a un proyecto que hicimos en mitad de todo este tiempo, que fue ir a África a hacer un documental sobre la música del África Occidental, en Senegal; allí encontrarme con música que escuchaba en mi niñez (mi madre vivió en África quince años y la música africana siempre ha estado presente en mi casa) hizo que se desbloqueen algunas puertas que me estaba costando abrir. Canciones como ‘Gigantes’ se nota mucho que apareció después de aquel viaje. Pero es interesante ver que no siempre eres infalible y que a veces no te sale o no estás a gusto con las cosas que haces; y poder pasar eso y superarlo también es importante.

No sé si aquel proyecto de África va a hacer que ya no se te asocie tanto al reciclaje de ritmos o folclores latinoamericanos, sino que cada vez se va a notar más la influencia africana (aunque haya conexiones entre América Latina y África)…
África es la fuente de todo. De hecho, el otro día, buceando en mis discos de música congoleña y de Zimbabwe, a lo que ellos llaman “rumba” es lo que conocemos como la “clave cubana”. Por ejemplo, la música senegalesa moderna y grupos como la Orquesta Baobab o Yeb Yeb (que es un grupo que descubrimos haciendo este documental) tocan música que es como salsa pero evolucionada: desde África se llevaron esos ritmos, los cubanos lo convirtieron en la salsa, y ya de vuelta ellos armaron algo que da un paso más allá. Es muy curioso y muy interesante, y me apetece mucho seguir explorando por ahí.

¿Crees que has encontrado en Joey Burns y John Convertino de Calexico los aliados definitivos que conecten con la idiosincrasia de Depedro?
Me ayudan mucho a no perder tiempo y a acumular vivencias en el estudio placenteras: a veces en el estudio no te sale nada, y no siempre es bonito; y en ese proceso de grabación es muy importante contar con gente en la que confiar musicalmente o gente con la que has desarrollado un lenguaje propio por los años que llevas tocando juntos. Por eso me es mucho más fácil hacerlo con ellos. Me pasa un poco como a los directores de cine, que da igual el tipo de película que hicieran que al final acaban contando con el mismo equipo, el mismo cámara, la misma gente de producción o para los castings. Y todo eso es por un motivo: se necesita gente que entienda tu trabajo, ya por una cuestión de comodidad, incluso.

¿Crees que se puede entender hoy por hoy Depedro sin Calexico?
Lo he hecho, he grabado con otros baterías y otros músicos; o yo he tocado más instrumentos de los que me tocaba; y sí, por supuesto, puede existir sin John y Joey. Es un privilegio para mí tocar con ellos porque son unos músicos excelentes y muy curiosos, y cuando terminas una toma buena todo el mundo te da las gracias por haber hecho eso y hay ese momento de ilusión y curiosidad y frescura. Quizá Depedro no hubiera existido como es, sin Calexico porque me han abierto muchas puertas mentales; pero sí que tenía esas necesidades antes de conocerlos, y de algún momento ese fue uno de los motores por los que en su día puse en marcha Depedro.

Grabaste el disco en analógico, y ese grano del directo y de la toma especial suena en el disco. ¿Crees que haces un tipo de canción que no se puede construir de otra manera que no sea la del directo crudo, buscando ese momento mágico que no te da el recording?
Esto que dices es muy interesante, porque es verdad que la grabación en analógico suena muy bien y tiene un grano especial, pero me parece mucho más interesante lo que hace la música a nivel psicológico, que es algo que no te da la flexibilidad de la grabación en digital, repleta de corta-y-pegas: aquí la toma es la que es, la máquina empieza a dar vueltas, se enciende la luz roja y hay que tocar. La elección es un 90% esa búsqueda: que sea honesto, tocado en directo; pero sobre todo para reprimirte las ganas de ser otro músico, que sí que te da la grabación digital. Aquí tienes que ser tú mismo y hacerlo como tú puedas. Y lo que se quede, será pura verdad.

Otra de las cosas, en cuanto a sonido, que me parecieron importantes; son los arreglos con filarmónica en cerca de la mitad del disco…
Tenía muchas ganas de hacerlo de una manera más seria, importante, formal, definitiva. Había hecho arreglos de cuerdas en otros discos yo, pero desde un punto de vista más de guitarrista, con una mentalidad no tan cercana a la de alguien acostumbrado a trabajar con filarmónicas. Por eso llamé a Tom Hagerman, de Devotchka, y que trabaja con la Orquesta Sinfónica de Colorado y hace muchos arreglos para mucha gente, como M. Ward, etc. Me dijo que sí, le pasé unas ideas, vino a Tucson y las aplicó desde un punto de vista muy emocional a un par de canciones en concreto. Luego hay detalles en cerca de la mitad del disco que también aportan mucho a las canciones.

“Siempre me quedo con el viaje personal que tiene cada uno, como proceso vital, cómo tú te relacionas con la gente que quieres”.

Es cierto que hay un aire muy cinematográfico…
Siempre ha sido una referencia para mí: ese mundo onírico y esa capacidad de crear imágenes que tiene la orquestación con cuerdas me parece poderosísimo.

¿Hay una intención de empezar a hacer el sonido de Depedro más grande?
Más grande pero quizá el disco, a la vez, es más sencillo: a lo mejor en otros discos de Depedro he experimentado más, he puesto en el mismo tema música electrónica y eléctrica… Y aquí hay una idea de “colaboración” entre los instrumentos, como un featuring: quizá hay más cuerdas, pero acompañan una base concreta. He intentado no llenar de capas y pistas: hay canciones que tienen ocho o nueve, que es poquísimo. Hay un afán más bien por minimizar, por poner límites para alcanzar resultados más honestos.

¿Ves factible poder llevar al directo esta versión más sinfónica?
Me encantaría. Ojalá. Yo trabajé por medio de Calexico con las sinfónicas de Viena y Berlín y me han dicho que en cuanto salga la oportunidad lo hacemos. Incluso aquí, que tenemos la Orquesta de RTVE que son buenísimos, con los que me gustaría poder hacer algo en directo.

De alguna manera ‘El Pasajero’ sigue invitando a pensar en esa idea de trotamundos, de ciudadano apátrida. ¿Hacia dónde crees que viaja el oyente con este disco?

Siempre me quedo con el viaje personal que tiene cada uno, como proceso vital, cómo tú te relacionas con la gente que quieres. A veces en mi caso me doy cuenta de lo importante que es la gente que tengo cerca estando de viaje y conociendo otras culturas que, al final del día, tienen las mismas apetencias e intereses que tenemos todos. En “El pasajero” es importante no quedarte en la superficie, y ser un pasajero en tu propia vida pero no espectador, sino activo, viviendo.

Hay una frase muy dura contigo mismo que es la de “he estado tanto tiempo fuera que no recuerdo cómo era”. ¿Te has replanteado en algún momento si te gusta la vida que llevas, cómo la llevas y lo que conlleva?
Yo viajo mucho en muchos sentidos, experimentando y físicamente también; pero siempre el viaje más placentero y el que más te hace reflexionar es el viaje de vuelta a casa, cuando te das cuenta lo que has vivido, lo que traes de vuelta en la maleta y el que te permite compartir eso con la gente que quieres: si no compartes lo que tienes a nivel vital no tiene sentido. Y eso es lo que intento reflejar en el disco.

En una charla hace un tiempo con René de Calle 13 salió la idea de “la voz de los nadies”, que de algún modo me recordó a la temática de algunas de las canciones de este disco. ¿Tú te sientes con algún tipo de responsabilidad, como si fueras un portavoz de los invisibles del Tercer Mundo?
Yo no tengo la entidad ni el poder para hacerlo, pero soy permeable a lo que pasa a mi alrededor. Viajo mucho por el Primer Mundo, pero no es el más interesante. Recuerdo un viaje a Guatemala, que en la historia reciente ha tenido problemas enormes, ya no sólo políticos y sociales de violencia con las malas, sino también geográficos; y sin embargo en el pueblo guatemalteco no hay pesadumbre, sino alegría. Yo comparo eso con Europa y me parece que Europa ha muerto…

Sobre todo desde el Bréxit, ¿no?
(Risas) Incluso mucho tiempo antes de esto.

Hay una frase en ‘Panamericana’ que me parece muy visual y descriptiva: “tu dolor al otro lado del alambre”. Es fácil pensar en esa frase en el problema que hay con la crisis de los refugiados.

Si bien sé que no tengo la capacidad para expresar todo lo que pasa, pero también son cosas que veo y lo siento: he viajado con músicos cubanos por Europa y he visto cómo a mí me dejaban pasar y a ellos los tenían retenidos tres horas en la frontera; mis amigos mexicanos que son activistas por la información libre y están en situaciones súper peligrosas, y viven a 50 kilómetros de donde viven John y Joey de Calexico, y se ve cómo los coyotes hacen negocio con todo… Pero incluso no hay que irse hasta allí: este año en el Mediterráneo han muerto 10.000 personas en pateras; y es algo que está pasando. Si a uno no te importa eso y e quedas con el hedonismo de la música popular es que estás ciego, mudo y sordo. A mí se me escapa en las letras, no puedo evitarlo.

A mí de todos modos no me da la sensación de que seas un cantor protesta. Quizá eres más un compositor de retratos más costumbristas, que hablas de otro tipo de historias. ¿Te molesta que haya cierta parte de la crítica que hable de ti como un cantante protesta?
Me da un poco igual, la verdad. Había un cantautor uruguayo que se llamaba Santiago Chalar que habla mucho de costumbrismo y que me encantaba la manera que tenía de abordar sus historias. Yo hablo de lo que puedo y lo que me deja mi corta literatura.
Otra de las curiosidades del disco es la participación de Bunbury; además en ‘D.F.’, donde él es casi un semidiós…
Esto es algo que nació por culpa de Ángel Carmona [NdeR: presentador de Hoy empieza todo, en las mañanas de Radio 3], con quien tengo un proyecto para llevar guitarras a barrios deprimidos de Brasil y otros puntos en vías de desarrollo que se llama Leãozinho, como la canción de Caetano Veloso. Toqué esta canción hace dos años allí y él me dijo que llame a Bunbury, que le sonaba perfecta para él. Así que le mandé un mail con la canción y enseguida me contestó. Ha sido todo muy fácil. Me parece que ha hecho un trabajo súper elegante. Además él ha vivido allí y la letra la entiende perfectamente. Sobre todo en esa dicotomía que tienen las grandes ciudades, que te dan mucho pero que te quitan mucho, también. Lo único malo es que ahora mi canción es vintage, porque ya no se llama más Distrito Federal, sino Ciudad de México (risas).

No sé si será el efecto Bunbury, pero encuentro puntos comunes en el sonido de este disco y aquel ‘Pequeño’ (Parlophone, 1999) suyo, con un aire muy de cantinero y trotamundos. No sé si es un disco que tienes como referencia.
Yo he versionado a Bunbury regrabando ‘El extranjero’ en un álbum homenaje que hicieron para él. Y seguramente haya algo en el subconsciente. Al fin y al cabo, los músicos no hacemos más que robar. No sé quién dijo alguna vez que los buenos músicos copiaban y los genios robaban (risas).

Antes hablábamos de Guatemala y otra de las voces que aparecen muy presentes es Gaby Moreno. Pero aparece casi como un instrumento, no con tanto protagonismo sino aportando matices casi de instrumento…
He cometido el error de no hacerla cantar una canción. Y ella es tan humilde y tan buena músico que se tiró un día entero cantando todo lo que le dije. Y es algo que no me perdonaré nunca. Yo quería una voz femenina y ella consigue aportar un plus de calidad espectacular. Y se nota sobre todo en canciones como ‘Déjalo ir’ y le da una amplitud tremenda a mi voz, aporta unos matices maravillosos.

Si tuvieras en tu cabeza objetivos o cosas que te gustaría que pasasen con este disco, ¿cuál sería?
Mi objetivo es el de siempre: mantener mi estilo de vida, y poder hablar contigo en dos, tres o cuatro años cuando (espero) tenga nuevo disco. Ahora mientras tanto tengo plan: me meteré en, como la llamo yo, “la gira eterna”; y espero poder estrenar dentro de poco ‘Casamance: la banda sonora de un viaje’, el documental sobre música senegalesa del que hablé antes.

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