Hay en “Eclíptica” (Satellite K, 2018), el cuarto trabajo discográfico de María Rodés, una notable y evidente implicación personal. El disco nace de su fascinación por la figura de Lluís Rodés, tio bisabuelo e ilustre astrónomo, en cuya biografía comenzó a ahondar en 2012. Tras hacerse con el diario personal que aquel escribiese en los años de la guerra civil, María empezó a preparar un disco que bascula entre conceptos como la guerra o la astronomía, generando a su vez un punto de conexión entre su autopasado y la autora de “María Canta Copla” (Chesapik, 2014), enfrentada aquí a un nuevo reto conceptual, con el que vuelve a desafiar estilos y audiencias.

Cuenta María en las notas promocionales del álbum que el término ‘eclíptica’ sirve para referirse al movimento del sol desde la tierra a lo largo de un año, una metáfora que resume bien el proceso compositivo de un disco que empezó a tomar forma en septiembre de 2016, y que culminaría doce meses más tarde con el disco que viene defendiendo en directo desde el pasado mes de mayo. Con producción de Juan Rodríguez Berbín, Jose Maria Baldomá y la propia Maria Rodés, en Eclíptica colaboran nombres ilustres como Ximena Sariñana, Ramón Rodríguez y Nico Roig. Hablamos con María sobre el camino que le ha llevado hasta aquí.

“Cada canción es un pequeño mundo en sí mismo, aunque sí que traté de investigar y promover determinadas acciones”.

“Eclíptica” es tu cuarto trabajo de estudio, y seguramente el más personal, por las conexiones familiares que deja a nivel conceptual. ¿Cómo surge la idea que arropa al disco?
El disco está inspirado en la obra de mi tío bisabuelo, Lluís Rodés. Fue astrónomo y jesuita, y dirigió el Observatorio del Ebro entre 1920 y 1939, así que le tocó vivir la guerra civil desde allí. Aunque mi padre ya me había hablado de él -de pequeña solía contarme que en la luna hay un cráter que llevaba su nombre-, en 2012 hice una residencia artística en Castelltallat, organizada por Gràcia Territori Sonor. La iniciativa consistía en que un artista iba allí unos quince días, y compartías espacio con un astrónomo, Toni Guntín. Él te enseñaba diferentes conceptos sobre astronomía y el firmamento, y tú componías encima, y al final se hacía un concierto. Durante mi estancia allí Toni me enseñó un libro de Lluís, “El Firmamento”, y me explicó su historia. Fue como si se me iluminase la bombilla, y actuó como punto de partida para el desarrollo del disco.

¿Qué pasó después?
Empecé a investigar sobre su figura, quería saber más allá de lo que me había llegado a través de la familia. Traté de empaparme de todo lo que vivió a su paso por el Observatorio, sobre todo durante los años de la Guerra. En aquellos años escribió un diario personal, y ahí pude ver que en su vocación personal hacia la astronomía encontró un refugio a los bombardeos.

¿Qué fue lo que más te inspiró de todo ese proceso?
Encontré muy interesante esa mezcla. El pasar por una guerra, sin renunciar a su vocación astrónoma ni a sus convicciones espirituales, porque también era jesuita. Así que fui trazando un paralelismo entre ambos universos, el terrenal y el espiritual, a partir de esos temas. Tiempo después obtuve una segunda residencia artística en Amposta, y me fui a componer el disco. Fue casi un acto simbólico, porque aquello me permitió estar más cerca del Observatorio. Por entonces no tenía muy clara la idea, pero sabía que era un punto de partida para empezar.

Dejaste madurar el proyecto… de 2012 ahora
Sí, entremedio hice el “María Canta Copla. Es cierto que la idea quedó un poco aparcada, pero en 2016 pude darle un último impulso, al ganar el concurso Puigporret.

¿Cómo crees que encaja el álbum con tu trayectoria? ¿Lo consideras el más rupturista a nivel conceptual?
Bueno, creo que en los últimos discos ha habido siempre un cierto componente conceptual. En ‘Sueño Triangular’, por ejemplo, todo rodaba alrededor de un elemento conceptual importante, lo que lo convirtió en un diario de sueños. Desde aquel trabajo me ha interesado buscar siempre ese componente más conceptual.

¿En qué crees que ha cambiado más tu música a nivel de letras?
Creo que ahora me baso más en historias, historias que me inspiran para hacer canciones nuevas. Antes hablaba más de mí, de mis relaciones o del amor, pero con el tiempo me he encontrado con otros intereses.

¿Y a nivel de sonido?
Partí de la base de que tenía que buscar un sonido etéreo, por aquello de ser un álbum astronómico. Después caí en la cuenta de que confiarlo todo a los sintetizadores y demás era demasiado obvió, así que busqué otro tipo de contrastes, alternando con momentos más rítmicos. Que haya canciones rítmicas ha sido algo que he ido a buscar expresamente, me interesaba relacionar el disco con la tierra y el firmamento.

“Con el disco anterior me quité muchos prejuicios de encima, que arrastraba sobre todo por venir de una corriente muy concreta”.

Volviendo al concepto del disco, no sé si lo consideras tu obra más emotiva, por los vínculos familiares que tienes con Lluís Rodés. ¿Qué es lo que más te llamó la atención de su figura?
Sí que hubo una atracción por el componente personal y familiar, sobre todo a la hora de investigar. Encontré muy interesante que viviese la guerra desde un observatorio, un enclave muy poético. Me llamó la atención de lo vivir una guerra desde un lugar en el que miras hacia arriba, a las estrellas. Y más a nivel personal, hay también una admiración, la del redescubrir a un miembro de tu familia por reconocido en su momento.

A nivel de colaboraciones destacan las de Nico Roig, The New Raemon y Ximena Sariñana. ¿Qué te han aportado?
Ha sido un placer poder trabajar con ellos. Muchas de las guitarras son de Nico, y Ramón ya habíamos colaborado en otros proyectos. Trabajar con Ximena ha sido muy bonito también.

Hablando del posible impacto del álbum, no sé si el disco con el que aspiras a abrir más mercado.
Bueno, el disco de la copla me ayudó mucho a la hora de salir fuera a tocar. En los primeros discos me moví sobre todo por un circuito muy local en Catalunya, y con las coplas salí a tocar a sitios donde no había tocado nunca. Con este disco espero poder hacerlo otra vez, claro. La idea es seguir trabajándose esa parcela, hacer promo fuera, y aprovechar que ahora vivo en Madrid para buscar nuevos sitios en los que tocar. Creo que salir a tocar fuera es muy sano, y la mayoría de propuestas musicales de Catalunya se pueden exportar, no creo que el idioma sea una barrera y hay propuestas que lo demuestran perfectamente.

¿Qué relación ves entre las canciones del disco?
Cada canción es un pequeño mundo en sí mismo, aunque sí que traté de investigar y promover determinadas acciones. Él, por ejemplo, se centró mucho en la relación entre el sol y la tierra, así que intenté encontrar un sonido más luminoso y alegre. Cerrar estribillos, explorar nuevos ritmos… las letras buscaban eso, así que intenté explorar la dualidad entre mi parte más lunática y la más luminosa. Me interesaba alejarme de la melancolía

Es curioso que lo digas porque en tu obra previa la melancolía o el desamor han sido elementos importantes
Con las coplas creo que cerré esa etapa más melancólica. La copla como género es casi la culminación del drama, lo que me permitió que fuese el lazo final a aquella etapa, un bonito broche. Pese a algunos de los temas que trata, “Eclíptica” tenía que ser más luminoso, y sobre esa idea planean todas las letras del disco.

¿Sentiste una necesidad de ruptura respecto a tu obra anterior?
Tal vez no de manera consciente, aunque al final sí que se ha dado. Con el disco anterior me quité muchos prejuicios de encima, que arrastraba sobre todo por venir de una corriente muy concreta, como es la indie. Aunque no quieras te autoimpones barreras, y cuando sales de ellas te abres a estéticas que antes no te atraían, lo que es muy sano. Creo que a nivel musical me he abierto mucho, lo que ha supuesto un gran avance en lo personal.

¿Crees que eso amplía o puede ampliar tu circuito de directo?
Con cada giro es inevitable, supongo. Con las coplas me abrí a un público más familiar del que podré tener ahora, pero en parte esa es una de las gracias de todo esto: que la gente que conectó entonces pueda volver a hacerlo, y viceversa. Cuantas más barreras se rompan, mejor.

Quería acabar hablando de ‘Chocará conmigo’. Es una de mis canciones favoritas
Está inspirada en una carta que recibió Lluís Rodes en 1928. Se la envío un obrero, J. J. Antonio Cabezo, y le escribió para hacerle algunos comentarios sobre dos artículos que había leído en dos periódicos de Barcelona, El Noticiero y La Noche. En ellos dos astrónomos especulaban sobre la desaparición del sol, lo que nos dejaría en las tinieblas, y sobre la caída de la luna, lo que provocaría la extinción de la humanidad. Es una carta muy bonita, escrita con un punto de ingenuidad, en la que Cabezo se quejaba de que bastantes problemas tenían todos ya como para preocuparse por aquellos menesteres. En la canción me pongo en su piel, y le pido a Dios a ritmo de cumbia que me proteja de las profecicias sobre el find el mundo. Y además colabora Ximena Sariñana, así que no puedo estar más contenta.

Aprovechando que Maria Rodés estará hoy 21 de noviembre en el Teatro Lara de Madrid actuando dentro del  ciclo SON Estrella Galicia, heos aprovechado para preguntarle por los conciertos que de una forma u otra le han marcado en su vida.

El primer concierto al que acudiste como público…
Pues no me acuerdo muy bien, la verdad, pero diría que fue el de Paul McCartney en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

El mejor concierto que he visto en mi vida…
El que tengo más presente es el de David Byrne en el Botánico de Madrid. Fue este verano y yo era su telonera. Nos dejó a mí y a mi banda muy impresionados.

El peor concierto al que he asistido nunca…
La verdad es que casi siempre que me compro una entrada para ver un concierto me aseguro de que me gusta lo que voy a ver y si no he pagado y no me gusta simplemente me voy… Mi memoria es muy selectiva y olvida los malos momentos. Ahora mismo no me acuerdo de ninguno en concreto.

El último concierto al que he ido…
Hace un par de semanas fui a ver a Víctor Herrero. Es un buen amigo y gran guitarrista. Tocaba en un lugar llamado Espacio B, en el barrio de Lavapiés ( Madrid).