¿Cuántas bandas saborean el hype en el panorama indie internacional? Muchas, pero apenas unas pocas saben crecerse con ello, hacerse fuertes y salir reforzados. Se es el caso de Two Door Cinema Club que mantienen sobradamente el tipo con “Beacon”, su segundo larga duración y uno de los discos más esperados de esta vuelta de vacaciones.

Que tu banda saboree el hype y que encima sea con tu primer disco tiene que ser algo fuerte, muy fuerte. Seguro que da que pensar: ¿lo estamos disfrutando o va a deglutirnos? Sin duda es algo que habrá pasado por la cabeza de estos jovencitos irlandeses, autores de un disco de debut que captó la atención de cientos de miles de seguidores de todo el mundo. A estos tres chavales se les ve todavía aturdidos cuando, sentados en un hotel de Madrid a unas horas de su actuación en el Día de la Música, se les pregunta directamente por esta cuestión. Literalmente, asienten uno detrás de otro con la mirada hacia el suelo, diciendo: “Sí, nos hemos sentido muy abrumados, muchas veces”. Kevin Baird (bajo) es el primero en explicarse. “Es realmente extraño esto de la fama. Créeme, puedes ver que las ventas van bien, que la gente va a verte a los conciertos, pero enseguida se te olvida lo de la fama. La idea de la gran cantidad de gente a la que le gusta tu música es muy fugaz, si tu preocupación real es hacer canciones. Entonces, cuando vuelves a encontrarte con un follón de cientos de fans esperando en la puerta de una sala para verte, o para que le firmes su disco, te vuelves a sentir abrumado. ¿Esto lo provoco yo? No puede ser… Recuerdo una vez en San Diego en que salí de la sala por accidente, y me encontré frente a frente con quinientos fans que llevaban todo el día esperando a que llegara la hora de nuestro show. Fue terrorífico, tuve que salir corriendo por la timidez”. Mal asunto eso de la timidez, pues con el lanzamiento de “Beacon” lo de girar va a llevarles por todo el planeta, y seguramente con más experiencias “fenómeno fan” que antes. “En Belfast, por ejemplo, todavía seguimos viendo las mismas caras de nuestros amigos y nuestros primeros seguidores, y dices ‘ok, todo va bien, esto va a ser divertido’. Pero ir a México o Brasil impone mucho. Allí la gente es tan entusiasta que puede tornarse impredecible”, dice Sam Halliway (guitarra). Ni el éxito ni el jet-lag, sin embargo, han podido romper el buen rollo alrededor del que la banda nació. “Seguimos siendo buenos amigos, gente que ha crecido junta, y puede que de una manera más rápida que otros. Y sobre todo, no nos hemos vuelto unos derrochadores, ahora no nos gastamos una pasta en instrumentos increíbles, como hacen otros”, bromea Baird. “Ni nos hemos ido a una multinacional por mucha pasta que nos ofrecieran”, señala Trimble. “La lealtad lo es todo para nosotros”, coinciden.

La apuesta de su debut “Tourist History” (10) funcionó con los ingredientes adecuados del momento: guitarras neo post-punk con ritmos discotequeros. Pura energía y épica juvenil del siglo XXI, vaya. Pero cuidado con el sucesor “Beacon”, que viene rebelde. “Nos han salido más canciones lentas que en el primer disco”, responde rápidamente Trimble, dejando entrever que le mosquean ciertas acusaciones de ser adictos al upbeat. “Espero que este disco cambie la imagen que la gente tiene de nosotros. No somos un ‘one trick pony’ (mago de un solo truco, o algo así), que es como algunos nos ven porque, en esencia, los temas de nuestro debut son muy parecidos, todos rápidos, energéticos y bailables. En nuestro nuevo trabajo hay temas como ‘Wake Up’ o ‘Next Year’ que son muy urgentes, pero ha sido un placer componer piezas lentas, porque el primer disco era todo el rato igual, siempre con mucha velocidad, y uno necesita probar cosas diferentes”. Su compañero Baird es más directo, asegurando que “en el proceso creativo, antes pensábamos constantemente en cómo levantar al público en los conciertos, pero ahora nos importan otras cosas”. Halliday se explica aún mejor. “El debut salió así porque éramos adolescentes, y en ese momento de tu vida tiendes a expresarte así, de una forma muy inmediata. Por eso creo que ‘Beacon’ es más que un álbum para nosotros. Significa un cambio estilístico y vital”. “Cierto, hay menos ansiedad, menos nerviosismo”, desarrolla Trimble. “Por eso el nuevo disco suena más relajado, más elegante, más cohesionado y más vivo, a mi parecer”, contesta Halliday. “En definitiva”, explica Trimble, “ha sido un disco con un proceso creativo muy catártico. Hemos estado dos años ocupadísimos, casi volviéndonos locos, en los que hemos contemplado muchas cosas sobre las que necesitábamos escribir. La reflexión ha hecho que el proceso haya sido completamente diferente al del primer disco”. “Por eso y por otras cosas”, dice Baird mirando a sus socios. “Acordaros de lo estresantes que eran los límites de tiempo que tuvimos para el primero”.

Un lugar para grabar apartado de los garitos irlandeses se antojaba un elemento fundamental para sublimar esta madurez, así que se fueron a Los Angeles, al “relajado y despreocupado” ambiente del estudio casero de su compatriota Jacknife Lee. “Está en medio de la nada, cerca de un bonito cañón… es plácido y sereno. Y podías escuchar a su familia haciéndose la cena en la habitación de al lado, todo muy natural y relajado, y eso se nota en las canciones”, dice Halliday. Lee, que se ha curtido trabajando durante más de una década con bandas como U2, Snow Patrol, The Cars, The Drums, R.E.M., Bloc Party o The Wombats, intuyó con claridad lo que necesitaban Two Door Cinema Club: “que se dejara respirar nuestro ideal, nuestro sueño de cómo debía ser el disco”, dice Trimble. “No se inmiscuyó en nuestra técnica instrumental, sólo hablo de atmósferas siguiendo nuestra visión de las cosas, y adivinó qué le faltaba a cada una de nuestras canciones. Las texturas que ha sacado a los instrumentos son pura vida, y eso es estupendo para el directo, que es lo importante”. El descubrimiento de este productor (“queremos repetir con él, sin duda alguna”, coinciden) y las nuevas aspiraciones creativas hacen sacar conclusiones acerca del nombre del disco, “Beacon” (“faro”). “Puede significar muchas cosas, pero efectivamente, hay mucho de eso en la elección del título”, confiesa Trimble. “Habla sobre encontrar el camino a seguir a partir de ahora. Sobre sentir la llamada de algo”. Y no es cosa sólo de Trimble, autor de las letras y del tema homónimo. “El título es un concepto que ha partido de Alex, pero los tres nos sentimos muy identificados con la idea de seguir una senda juntos, hacia un lugar que no sabemos exactamente cuál es, pero cuyo camino estamos disfrutando a tope. No podemos parar de hacer canciones, no podemos dejar de girar, es algo que necesitamos hacer, y juntos”, argumenta Baird.
Cuando les preguntamos si los tres sentían que estaban en la misma página cuando se decidió huir de la urgencia, Halliday insiste en su defensa de la espontaneidad. “Yo creo que ninguno de nosotros esperaba que el disco se desarrollase de una u otra manera. No hubo planteamientos previos en plan ‘chicos, vamos a bajar las revoluciones’. Todo fue creciendo de esta manera ante nuestros ojos. Nunca pensamos en hacer un disco, simplemente nos ponemos a componer canciones, preocupándonos por cada una de ellas de forma individual. Por eso la idea de los discos conceptuales nos resulta completamente ajena”.