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anima thom yorke

Hace tiempo que Thom Yorke rompió todos los puentes posibles con aquellos que esperasen que sus trabajos en solitario fueran una prolongación de su trayectoria al frente de Radiohead, reescribiendo desde el ensimismamiento su visión de la música electrónica. “Anima” no es una excepción. Todo lo contrario: más bien estamos ante la sublimación de lo que empezó sin previo aviso con “The Eraser” (06) y que continuó con “Tomorrow’s Modern Boxes” (14).

Si entonces sorprendió con su publicación a través de la plataforma BitTorrent, esta vez ha optado por un lanzamiento convencional, a través de su discográfica de siempre, aunque sin renunciar a las habituales dosis de misterio: un anuncio en el metro de Londres promocionaba una especie de cámara de sueño para atrapar nuestros pensamientos, incluyendo un número de teléfono tras el que estaba la noticia de que las autoridades habían ordenado el cese de las actividades de ANIMA Technologies, dando paso, por fin, a un fragmento de “Not The News”, primer adelanto de un trabajo que pivota sobre la ansiedad en un entorno distópico. No hay que esperar mucho para comprobarlo: “Traffic”, arrancando en clave de enfermiza IDM, presenta un recitado angustioso que desemboca en pesadilla (“I cant’ breathe/there’s no water […] A brick wall/you’re free”). Un tema de ritmos duros al que sigue la más envolvente “Last I Heard (…He Was Circling The Drain)” y una compleja “Twist” que se mueve entre la densidad, el ambient y la electrónica de baile, arrojándonos a una suerte de agujero negro en el que encontrarnos con el concepto de anima según Carl Gustav Jung: el arquetipo de lo eterno femenino en el inconsciente colectivo de los hombres.

La dualidad se reproduce a lo largo de este tercer disco de Thom Yorke (el cuarto si contamos su banda sonora para el remake de “Suspiria”, publicada el pasado año), con “Dawn Chorus” como uno de los momentos de mayor belleza: una melodía disonante acompañada de un spoken word que ejerce como elemento central de estos cuarenta y siete minutos. Después, el patrón casi pop de “I Am A Very Rude Person”. Paradójicamente, la canción más ‘amable’ del conjunto acaba siendo una anomalía que no estorba, pero que no termina de encajar en el desarrollo global de un álbum que vuelve a reencontrarse con su espíritu, sobre un suelo de cristales rotos, en “Not The News” y –de otra manera, reposando en un colchón de sintetizadores– en “The Axe”. La distopía continúa en “Impossible Knots” (“I’m heading in the wrong direction”), para terminar con el ritmo desencadenado de “Runwayaway”, cerrando desde la extrañeza un círculo en el que no faltan imperfecciones e incoherencias, como en todo sueño que se precie.

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