Graz
Discos / Nils Frahm

Graz

8 / 10
Yeray S. Iborra — 02-04-2021
Empresa — Erased Tapes
Género — Vanguardia

Tradición sobre la tradición. Nils Frahm regala por segundo año consecutivo un disco en conmemoración del Día Mundial del Piano. Si en 2020 fue “Empty”, un retorno a las vías más calmas de su repertorio, hace unos pocos días, el alemán seguía la estela con “Graz”, una nueva demostración de sencillez, más parco inclusive: nada más que piano de cola y gusto por el sonido casi ausente.

“Graz” es, como pasara con “Empty”, un material que el autor de contemporánea tenía en un cajón desde hacía tiempo. Más de una década. De hecho llevaba grabado desde 2009 y fue producido por Thomas Geiger en Mumuth, teatro de música y artes en Graz, ciudad austriaca que da nombre al largo. Tanto “Graz” como “Empty” muestran a un Nils Frahm joven, más ligado a las bondades del acompañamiento bello (“Because this must be”, que ya fue ‘single’), de la BSO de calado emocional y de la destreza incontestable al piano.

Nada que ver con lo que vendría después de 2009: el ambiental “Felt” (11) o las novedades más recientes… “All encores” (19), también hecho a base de aguas termales pero con fogonazos como “Spells”. Y, claro, el definitivo “All melody” (18), su consagración como artista de guante electrónico. A sumar el reciente “Tripping with Nils Frahm” (21), un directo grabado con exquisitez en la icónica Funkhaus Berlín y que bebe precisamente de la gira y los vaivenes de “All melody”.

“Graz” vuelve a funcionar como obra de coleccionista: gustará a los muy afamados, pero dejará con ganas de nuevas incursiones en la experimentación a aquellos que quieran al Frahm riesgoso. La intuición dice que no anda lejos una nueva brecha vanguardista en su carrera. “Graz” es el tercer disco que el compositor publica este año, pero ninguno de ellos con novedades destacables en cuanto a sonido. Hasta que estas lleguen, el último largo sirve como homenaje al instrumento de su amores. Sirve para apaciguar la espera. Y también para entender algo más de su evolución: hacia la mitad del disco, Frahm descarga afán por la tormenta en “And Om” e incluye la ya conocida en directo “Hammers”, barroquismo junto a Peter Broderick.

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