El nuevo disco de Lizzo es una huida hacia adelante. Un claro retrato del complejo estatus que atraviesa como artista en el presente y la exhibición del proceso de regeneración de una figura cuyo corazón acabó hecho pedazos y fue vendido al mejor postor. “BITCH” es un disco honesto, sanador y realista con una figura a la que no le apetece estar sonriendo todo el tiempo. Algo que parece molestar demasiado a una crítica conservadora que ha decidido condenarla a cadena perpetua tras su cancelación hace ya más de tres años. El mismo tiempo invertido por la propia Lizzo en construir y firmar esta carta para dejar bien claro que no piensa seguir imposiciones o normas prestablecidas de ningún tipo.
“BITCH” se presenta así como una especie de ritual de perdón hacia ella misma. Una pieza para describir la crueldad con la que el mundo la mira últimamente. Es por ello que el disco comienza dejando de lado ese pop exuberantemente positivo al que nos tiene acostumbrados, para visibilizar un periodo de oscuridad y un estado depresivo que se tuvo que obligar a superar (“The thing about depression, you think your life is over. When I was all alone, you came and changed how I feel”). Recordarse que la vida sigue y que merece la pena avanzar. Y es que ese mismo recorrido es el que hacemos junto a ella de la mano en este nuevo álbum. Un viaje muy personal que da comienzo con “A Toast”, pieza cruda a piano que escribió para “Special” (21) y que no incorporó en su momento por el dolor que desprende, pero que, sin embargo, cuenta con un lugar privilegiado en “BITCH”, como un claro disparo a todos los que hablan sin saber y solo buscan generar pura destrucción (“I hope it makes you happy to hurt somebody else. And when you lose it all, I hope you find yourself”).
Tras este duro comienzo, Lizzo inicia su propio proceso de rehab a través de la música, recurriendo a ella como herramienta para sanar y mejorar. Dejando a un lado cualquier síntoma de venganza y tratando de encontrar respuestas a tantas heridas acumuladas. Mirándose esta vez en el mismo espejo que lo hicieron previamente todas esas personas que durante años pasados le repetían una y otra vez lo importantes que han sido sus canciones para poder encontrar un poquito de luz en sus vidas. Y es aquí donde llegamos a la ochentera “Don’t Make Me Love You” para hablar a lágrima viva de la dependencia emocional a una Lizzo del pasado que ya no existe (como muestra su propio videoclip) o la falta de transparencia en las relaciones personales en general. Para acabar, finalmente, hace frente al miedo y subiéndose un poco la moral con “Bitch”, tema que da nombre al disco, en el que samplea por un lado el “She’s a Bitch” de Missy Elliot y lo funde con el “Bitch” de 1997 de Meredith Brooks. Por si a alguien le quedaba alguna duda de la clara intención de apropiarse de la polémica palabra que tanto le han repetido desde sus acusaciones pasadas y que ahora pretende hacerla suya y darle la vuelta.
A pesar de las malas lenguas, lo cierto es que la lista de figuras tras la creación y producción de este nuevo disco de Lizzo es fantástica. Por un lado, tenemos como ejes centrales a Ricky Reed, fiel a la artista y con el que ha hecho algunos de sus mayores hits; o Blake Slatkin, uno de los nombres tras el “Unholy” de Sam Smith y Kim Petras o el “Stay” de The Kid Laroi y Justin Bieber. Pero es que a ellos se les suma personalidades como Sir Dylan (Rosalia) en “That GRRRL”; Carter Lang (uno de los principales nombres que dio vida al “Ctrl” de SZA) o Pop Wensel, productor de algunos de los mejores temas del “thank u, next” de Ariana Grande. Y es con este último con el que Lizzo firma uno de los temas más importantes del álbum. Ese “Sexy Ladies” que funde con la canción del mismo nombre de UCB y por el que también se deja ver en la producción Tay Keith (Drake, Travis Scott).
Conforme el disco va llegando a su final, Lizzo recupera la fe en sí misma y va pasando por fin página. Pero no antes sin hablar en “Too Nice” de la manipulación sufrida y la maldad de las amistades tóxicas. Tema en el que incluye además uno de sus míticos solos de flauta travesera. “You said ‘I love you and I miss you’ last time we talked. Now you playin' on the Internet like you forgot. You'd still be workin' at the mall if it wasn't for mе. Sorry if I'm soundin' broken, but you tried to break mе”, suelta sin filtros en la canción. Y es que para que el rencor no se termine enquistando y generando un agujero mucho más grande lo mejor es soltarlo todo y dejar que cada uno siga su camino. El viaje se completa mirando al futuro en “Goodmorning!” y viendo ya mucha más esperanza en él.
Es cierto que “BITCH” no es un álbum de demasiados temas pop facilones y pegadizos, como todo el mundo espera de cualquier lanzamiento de Lizzo. Pero sí es la mejor representación posible de una etapa nada fácil en la vida de la artista y que esta tenía que atravesar para poder volver más adelanto con algo más luminoso. Un disco para soltar una rabia con la que no iba a ninguna parte y priorizar el seguir creando música para no sentenciar y abandonar su carrera por las abusivas críticas hacia su persona. No se trata de ver quién tiene o no razón en toda esta batalla, se trata simplemente de dejar ir. ç
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