Cry Sugar
Discos / Hudson Mohawke

Cry Sugar

8 / 10
Álex Jerez — 30-09-2022
Empresa — Warp
Género — Electrónica

El exceso regresa en lo nuevo de Ross Birchard como una especie de apocalipsis dispuesto a acabar con cualquier persona cuerda que quede en el mundo. “Cry Sugar” es un viajazo de locura y psicodelia. Pero, a su vez, un disparo al capitalismo con olor a basura y sabor a óxido. Un trance de lujo que refleja una psicosis colectiva y hasta tiene su puntito de glamour. El disfraz perfecto para vivir en tu propia piel lo que sentían en sus últimos días aquellas estrellas pop en los ‘00s devoradas por los medios que poco a poco iban en picado hacia la oscuridad. Con su primer disco en solitario en siete años, el productor escocés Hudson Mohawke firma así una de sus mejores obras con una colección electrónica tan frenética como interesante.

Tras un inicio pacífico con “Ingle Nook”, casi como un guiño a todas esas producciones que ha realizado a muchas grandes estrellas del mundo del rap y su habitual uso de coros góspel y samplers souleros. “Cry Sugar” empieza a desprenderse y crecer como una masa que avanza alimentándose de todas las referencias que han hecho que Hudson Mohawke tenga un nombre en la industria. “Intentions” empuja como una pieza cheesy de hyperpop que inserta además una electrónica que comienza a volverse caótica y destructiva poco a poco y que irá desplazando a cualquier sonido que pueda mostrarse de forma natural en la propuesta. Birchard es el rey del plástico y el artificio; construye texturas y paisajes imaginarios que mezclan una estética trash-pop, con un colapso tecnológico que arruina el presente, realiza una crítica social y añade necesarios puntos de humor. Una vez que cojes el coche, e inicias el viaje, si pasas por “Bicstan” ya no hay vuelta atras. Es ahí cuando esa masa que avanzaba lentamente acelera el paso entrelazando un acid-house con un hardcore bastante friendly para colarnos en una rave continua y bipolar que a partir de ahora se convertirá en nuestra forma de vida.

En “Stump” ya hay algo roto, la tensión es cada vez mayor, como una llamada al infierno en la Tierra. Una mezcla de entrega voluntaria y de darse por vencido para acabar bailando hasta la eternidad intentando tapar con las drogas un presente destrozado. Un agujero que potencia mucho más con una intensa y dramática “Lonely Days” certificando que el fin está cerca. No sin antes haber pasado por una “Bow” en la que sacar a la luz una vez más su vena más soul para protegerse junto a Clarence Coffee Jr. y colocarse en un terreno glitch-hop. Y es que da la sensación de que necesite tirar de todo esto para equilibrar un poco la balanza entre pasado, presente y futuro. Como si su alma más rnb fuera la que le salvara de caer en el mal y creyera que sus voces soul le protegen de las llamas. Pero eso sí, poco dura la calma cuando terminamos sumergidos en una frenética cadena upbeat como es “Rain Shadow” y que nos enseña los dientes. Una acumulación de tensión y energía que de nuevo palpita agonizante en “Kpipe” hasta que ya no hay forma de mantenerlo y estalla.

El lado más ochentero de Birchard aparece en “3 Sheets To the Wind” a modo experimental casi como una irremediable bienvenida a un futuro cada vez más superficial e inhumano. Al que además le reza en “Some Buzz” aspirando a unas gotitas la libertad. Finalmente, como todo en la vida, “Cry Sugar” también es una aventura completamente circular en la que todo vuelve y Birchard recurre al hyperpop en “Come A Little Closer” para meternos en una energía mucho más burbujeante, feliz y alejada de la carga dramática que llevábamos arrastrando en todo el álbum. Como cierre “Ingle Nook Slumber” corta de forma ambiental todo y recupera la serenidad y estabilidad que el propio productor tanto ansía finalizando en el silencio más absoluto.

Como decíamos al principio “Cry Sugar” es uno de los mejores trabajos que ha realizado Birchard y, además, certifica el poder del artista de forma individual más allá del ingenio para generar beats y paisajes que encumbren a grandes estrellas. Con este disco el productor ha consolidado un universo propio con un montón de aristas que explorar. Una bola de plastilina que se puede deformar a su antojo y que a la vez deja huella. Y, lo más interesante, sin ninguna necesidad de volverse loco para intentar construir el tema rompe pistas disco que le llene de streamings, aun teniendo la capacidad total para hacerlo. Más bien lo que ha logrado es un álbum conceptual que le aporta de prestigio y poder.

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