El peso del tiempo, el castigo físico y la alienación se manifiestan con una crudeza sin precedentes en “Decay”, décimo y penúltimo álbum de Godflesh y la antesala del cierre definitivo de una de las bandas pioneras del metal industrial. En una era saturada de reuniones nostálgicas, la disolución del grupo se percibe como algo dolorosamente necesario.
Justin Broadrick ha confesado que mantener el nivel le resulta ya "físicamente imposible". Tras someterse a una importante cirugía por una hernia abdominal provocada, según él mismo, por todos estos años de gritos delante de los micrófonos, el músico arrastra unas secuelas significativas que, sumadas a su convivencia con el autismo y el TEPT, dejan clara la decisión de uno de los músicos más prolíficos de los últimos treinta años, responsable o colaborador de proyectos como Fall Of Because (pre-Godflesh), Jesu, Napalm Death, God, Sunn O))), Ice o Techno Animal, entre muchísimos otros.
Justin Broadrick y su inseparable compañero y bajista Ben "G.C." Green entregan de la mano de Relapse Records una obra que trasciende la mera brutalidad sonora para convertirse en un testimonio médico y espiritual gestado entre 2020 y 2025 a través de canciones escritas durante el encierro pandémico. Aunque gran parte del disco se grabó antes de la intervención de la hernia, los agónicos pasajes de algunos temas se registraron con esta en su punto más álgido de molestia y dolor, y la mezcla se completó en el propio postoperatorio. "Decay" plasma de forma directa el dolor físico de un cuerpo humano al límite de sus capacidades con seis cortes claustrofóbicos que recorren la pérdida de identidad, el agotamiento o el parasitismo del entorno de Broadrick.
Entre la fangosa y primera “Master And Slave” y la final y contrafuerte “Consume Me”, Broadrick se arrastra en la fatiga y agonía dejando por medio un núcleo sólido de cuatro temas agresivos y llenos de odio de unos cinco minutos cada uno: la visceral “Living/Ending”, la cínica “Feral Colony”, la alienante “Fear Of Man”, y la crítica y atacante con el consumismo y la sociedad “Fodder”. Son seis temas que en algunos momentos se nota que compartieron espacio-tiempo con “Purge”, pero infinitamente más sucios, oscuros y ruidosos.
“Decay” se erige como un disco asfixiante hasta los topes y la víspera de un adiós que, aunque entierre a Godflesh, no impedirá a Broadrick explorar nuevos horizontes. Prometiendo una última y experimental declaración discográfica en los próximos meses con, aparentemente, algún guiño especial a "Streetcleaner" (aquel lejano álbum debut de los ingleses en 1989), "Decay" permanece como una celebración de una descomposición y extinción natural de una bestia sonora irrepetible que casi cuatro décadas después mantiene su vigencia y originalidad sin patinazos.
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