Regresaba el nido a la capital zamorana tras el éxito cosechado con su actuación en plenas fiestas de San Pedro, dentro de lo que está siendo el fin de gira de su disco “La constancia” (Altafonte, 25) que ellos mismos han denominado 'La última ronda de la constancia'. Un itinerario en el que a su vez presentan un repertorio que hace un amplio resumen a través de sus dos discos, acercándolos a recintos más especiales e intimistas para que el público disfrute, de este modo, con una propuesta más cercana.
El grupo comenzó con un vendaval basado en sus temas de corte más pop, sin dejar de lafo esa mezcla de folk moderno en el que “La bienvenida” hizo honor a su nombre, para dar comienzo a la velada para anticipar lo que sería un concierto frenético y en el que los burgaleses se dejarían la piel en la ejecución de cada tema. Resulta palpable que en Zamora se sienten como en casa y también que, en sentido contrario, el público les acompaña en cada giro de guion. Tras “Agudillo”, “LQNHG” o “Dejarse caer” de su último disco, recuperaban “Ícaros” y “Suéltame”, rememorando ese debut notable que es “Refugios a cielo abierto” (Auto, 22) y que supuso un soplo de aire fresco en el concepto del folk castellano actual.
Uno de los momentos más especiales para el público fue la fusión de la versión del “Romance de la Palmira” que encadenaron con la nana “Arrorró” con Nacho Prado (cantante del grupo) guitarra en mano, subido en un palco lateral con una luz cenital que derivó la canción hacia lo intimista y lo acogedor a partes iguales. Tras ese paréntesis, llegó el momento de que el público abandonará sus asientos, coincidiendo con presentación formal del grupo. Con “Somos castellanos” -versión del grupo burgalés Orégano- reivindicaron la identidad de la tierra y las tradiciones, animando a todas esas bandas que aún lo ponen en valor y dedicándoselo a todos los trabajadores de extinción de incendios forestales. A partir de ahí, el teatro se tornó en una fiesta en la que ya no hubo respiro y con los temas más reconocidos del grupo cayendo uno tras otro: “Ronda al canto”, “Aire” y “Nuestras voces” ganaron en potencia con la producción de luces que las acompañan, dotándolas de un interesante aire “Rave-Castellana” que probó que lo antiguo siempre es moderno... si sabes cómo enfocar el asunto.
Con músicos y público en total comunión llegó el momento de consumar esa unidad con la bajada a platea del combo al ritmo de “Los castañeros”, la cual despertó una ovación tan intensa que terminó con el regalo de una jota improvisada para gozo de los asistentes. Llegaba así el final del espectáculo, no sin antes tocar los que son ya sus hits más reconocidos, “Lo que siento” y “TUCUCU”, con el que el baile de unos y otros acompañaba hasta salir por la puerta. Se nota cuando un grupo disfruta y hace disfrutar. Ambas confluyeron en esta nueva visita de el nido a una ciudad que los adora.

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