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El tercer disco de Cómo Vivir En El Campo comienza, como el anterior, con un tema con espíritu de trance repetitivo. Y no es sólo este detalle. “CVEEC 3” tiene bastante de continuista con respecto a “CVEEC 2” -¡bien!- porque muestra, de nuevo, la intención de sus miembros de no volver atrás.

“El grande” tiene guitarras sixties y unas voces superpuestas que le dan una singularidad muy especial a este arranque, y el trip sigue con un título inspirado por la ingesta de a saber qué sustancia (“Aléjate de mí, mandarina”), en el que en el que se pueden encontrar desde destellos del folk alternativo más colorista hasta ecos de doom británico. La breve “Sombrita” recuerda a unos Fleet Foxes desmadrados, y “Solo es para ti”, una de las canciones mejor cantadas en castellano de la última década, podría ser un hit de Lone Star que te verás escuchando una y otra vez. “Jud” también tiene alma pop, y aunque no esta a la altura de la anterior, sus arreglos de fantasía tropical la convierten en una transición perfecta para que no chirríe “Corazón y bolsillo”, donde el hippismo más tontorrón (puedo ver a Lennon colado entre los coristas) lo inunda todo. “Club de canciones” es otra anécdota original al estilo de “Sombrita”, y de repente el espectro de Los Planetas entra a saco con “Cricket o croquet”. Una ligera rotura de esquemas con forma de deja vu que se cura rápido con “Prometiste que no lo harías”, que también suena noventera pero sabe reconectar con la fabulosa atmósfera enteógena del inicio del disco. Aquí sí cuadra un giro como el de “Cachito de cielo”, una deliciosa piecita folkie de estribillo tarareado y tarareable que abre las puertas de “Pósters heavys” (sic) y de nuestra mismísima percepción, pues aquí es donde el disco activa definitivamente nuestros receptores de serotonina. Que te pone pedo, vaya. Pruébenla en bucle en su próxima ingesta… Todo podría terminar aquí de lo más divinamente, pero CVEEC nos descolocan una vez más con “La invasión silenciosa”, un caramelo ochentero que se ilumina hasta convertirse en ese sol cegador que da vida al campo.

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