Sea una bendición o un castigo, lo cierto es que la música, y por extensión cualquier disciplina artística, cuenta con la facultad de sustituir el diván psicológico por el proceso creativo. Una receta, si no curativa por lo menos calmante, a la que invoca el nuevo trabajo de Courtney Marie Andrews, integrado por canciones que asumen su naturaleza de refugios donde exorcizar pasajes biográficos dictados por el rumor de la muerte, el descalabro emocional y la titubeante reconstrucción de un horizonte romántico. Curvas existenciales que se despliegan entre los surcos de un álbum que supura congoja e incertidumbre.
Con ánimo de honrar el espíritu visceral con el que ha sido engendrado el álbum, la formulación sonora se adapta, en un ejercicio de respeto discursivo, a un terreno orgánico que no es tanto una renuncia al ornamento instrumental, que existe y a veces de manera prominente, como a la consecución de un relato sin imposturas ni exaltaciones innecesarias. Cualidades que, por otra parte, siempre han acompañado a la autora en ese evidente, que no estridente, viraje desde los campos clásicos de los sonidos de raíces –todavía habitados en, por ejemplo, “Everyone Wants To Feel Like You Do”– a escenarios más atmosféricos y, por momentos, casi espectrales. Espacios que dilata desde el talante pop de The Weather Station, visible en “Little Picture of A Butterfly”, a las recatadas maniobras experimentales esgrimidas por Phoebe Bridgers que agudizan el estremecimiento propuesto por “Hangman”. Lindes de un territorio sembrado por esa bucólica inquietud que también sobrevuela la obra de Laura Marling o Sarah Jarosz, depositada aquí en temas como “Cons And Clowns” u “Outsider”, en la que dialogan melancolía y luminosidad no como facetas contrapuestas, sino alineadas en un mismo plano.
“Valentine” es un disco dedicado al amor, pero no al que se deposita torpemente en forma de corazones rojos pintados sobre un cristal, ni tampoco al vertido en los pedazos de una fotografía rota por el desencanto; se trata de algo más metafísico, estamos ante una cartografía de la caída y de la reconstrucción. Un recorrido de deliciosas piezas musicales que tiembla tanto cuando atisba despejado el horizonte como cuando intuye demasiado cerca el infierno, y es que el ciclo vital del aprendizaje no debe de ser algo muy distinto a los planos de una demolición controlada.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.