Tiene que haber algo más
Discos / Alizzz

Tiene que haber algo más

9 / 10
Joan S. Luna — 30-11-2021
Empresa — Whoa/Warner
Género — Pop
Fotógrafo — Archivo

Durante un tiempo, a C. Tangana se le asociaba irremediablemente con el colectivo del que formaba parte, Agorazein, hasta que quedó claro que sus inquietudes musicales iban a llevarle más lejos. Que vuele en solitario no significa que haya huido de los suyos, sino que el mundo es muy grande y en la vida hay que saber aprovechar las cartas que a uno le han tocado. Durante todo este tiempo, a Cristian Quirante, más conocido como Alizzz, se le asociaba obligatoriamente con C. Tangana, hasta que quedó claro que él también tenía inquietudes al margen de ser el secundario de lujo de fuera quien fuese. Años atrás había intentado labrarse una carrera en solitario que nunca acabó de cuajarle sin que eso le desanimase. Había dado varios pasos adelante, pero le quedaba dejar de mirar solamente hacia adelante y empezar a hacerlo hacia arriba. Por suerte, Alizzz jamás confundió el dedo y la luna al mirar al cielo y gracias a ello, casi por accidente, llegó su momento. Ese momento en el que el mundo se dio cuenta del talento que atesoraba. Y llegaron las grandes colaboraciones, los millones de reproducciones, los éxitos, los premios, la popularidad y, desgraciadamente, también el crack mental. Un crack mental que devino un requiebro del destino. To cut a long story short, que dicen los británicos. Y en ese requiebro se nos ha revelado el gran secreto oculto de Alizzz: que lo que se le iba a dar realmente bien en solitario iba a ser el pop de guitarras.

Incluso quienes habíamos seguido su trayectoria desde el inicio –¿o debería decir: sobre todo nosotros?– nos quedamos a cuadros al escuchar por primera vez “El encuentro” junto a Amaia. Lo obvio en aquel momento era pensar que quizás aquella química era fruto de la casualidad, y que Alizzz volvería a acomodarse en su lugar tras el telón, pero no. Meses después llegaron unas pocas canciones más con él como eje central y todas funcionaban maravillosamente bien. Y así, pieza a pieza, ha ido levantando un álbum de debut que le sitúa en una casilla nueva, inesperada y privilegiada, en la pole position de una nueva carrera en la que participar. Porque el tipo que un día se puso un nombre artístico inspirado por una banda de rock seattleliano, se ha sacado de la manga uno de los discos más redondos de pop en castellano de los últimos años. Sencillo, pero nada básico; sofisticado, pero ni mínimamente pretencioso; variado, pero en ningún momento disperso.

No hay relleno en “Tiene que haber algo más”. Todo magro. Treinta minutos justitos, diez canciones de las que ya habíamos escuchado cinco, pero que recogidas una tras otra dan forma a un álbum de pop de una efectividad fuera de toda duda. A medio camino entre el indie y lo que ahora definimos como nuevo pop –con algo de urban que la forma de entonar los fraseos en algunas estrofas–, “Tiene que haber algo más” es un álbum sin dobleces. En cada uno de sus temas, Alizzz habla de lo que parece que habla, simple, directa y francamente. En su modestia, las composiciones de Alizzz funcionan tanto en sus estrofas como en sus estribillos. Y nadie espera que sea otra voz la que añada florituras a sus letras, porque ni las canciones lo piden, ni se entendería tan bien de otra forma.

Por eso incluso los nuevos invitados se amoldan a esa modestia que transmite el Alizzz firmante de “Tiene que haber algo más”, desde Rigoberta Bandini en “Amanecer” a los mexicanos Little Jesus en “Fatal”, pasando por ese J de Los Planetas con cuya colaboración en “Luces de emergencia” el de Castelldefels hace su sueño realidad. Una colaboración que, sin proponérselo, subraya uno de los logros ocultos de “Tiene que haber algo más”. Y es su capacidad para llegar a generaciones diversas gracias a su principal virtud, ser un disco de pop en el que lo que importan son las canciones, su frescura y ese hablar de esas cosas que todos hemos vivido. Nada más. El rango de edad de los participantes –Amaia (22 años), Alizzz (37 años), Jota (52 años), Rigoberta Bandini (31 años)– ya evidencia que no hay prejuicios generacionales. A la hora de escuchar “Tiene que haber algo más” tanto da si creciste con Phoenix como si lo estás haciendo con trashi, por poner dos ejemplos lo bastante distantes. Puede que gracias a ello sea un disco que puede llegar –de hecho ya lo ha hecho– a públicos distintos y de edades diversas, echando por tierra de paso algunos de los tópicos más absurdos que, en ese sentido, se han ido perpetuando con el paso del tiempo. Y todo sin pretensiones, con sencillez, con buenas canciones y melodías, con sus guitarras, sus sintetizadores, su electrónica y ese sonido de banda que en breve veremos reproducido sobre los escenarios.

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